Mitología subterránea de los EE.UU

“Atenas y Oraibi son lo mismo” (Aby Warburg)

Rojo y blanco. Árboles.Sangre sobre nieve. La furia del río Missouri. El silbido de las flechas. Chispas que brotan de una hoguera como gotas de lluvia incandescente

Una película extraña; excesiva en su virtuosismo, pretenciosa en su concepción y mágica en su significado .

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La historia está basada en un personaje legendario del folklore americano, ya se sabe que los yankis al no tener Grecia, Shakespeare, Revolución Francesa   tuvieron que construir su mitología alrededor de la conquista  y este no es un factor histórico casual ni dentro de su historia cultural, ni dentro de su historia política. El personaje en cuestión es Hugh Glass un trampero, pirata, busca vidas que al parecer participó en una expedición alrededor de 1820 en la que se solicitaba la ayuda de cien hombres para el comercio de pieles . La vida de Glass, adornada de múltiples hechos dudosos o dobles versiones le sirvió de base a Michael Punke para escribir la novela The Revenant que Iñárritu ha utilizado para este filme y que de alguna manera es un remake de ” El hombre de una tierra salvaje” (1971) interpretada por John Houston aunque  lejanamente también mantiene ciertos paralelismos  con “Un hombre llamado caballo” otro western justiciero de 1970; que confieso tampoco he visto.

En The Revenant se ha puesto de manifiesto lo que tímidamente ya veían asomando en el cine de González Iñárritu:  la megalomanía del director,  su fastuosidad al servicio del virtuosismo técnico y por encima de toda verosimilitud narrativa. Iñárritu coloca su rol como director  por encima de sus películas, y más allá de las necesidades narrativas de estas, al haber perdido la colaboración del gran Guillermo Arriaga, sus guiones se resienten, sus personajes pierden matices, profundidad psicológica y la historia queda llena de puntos flacos que el director consigue compensar con grandes momentos de genialidad cinematográfica; pero una buena melodía no se consigue siempre  con un solo de guitarra.

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The Revenant es una gran película a pesar de sí misma . Porque queriendo contar una historia termina contando otra. La historia de Glass habla de la otra Historia, la historia de la colonización.En la historia de la colonización norteamericana ha prevalecido un relato oficialista según el cuál la erradicación del indígena iba unida a la búsqueda de expandir los valores y costumbres de la civilización europea. Sin embargo, tal y como comprobamos en la película, las compañías que comerciaban con pieles, los exploradores y conquistadores no eran precisamente ilustrados, hijos de las luces, sino huidos de sus patrias, mercenarios, piratas, traficantes.

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Una revisión crítica de su obra demuestra  que Aby Warburg nunca estuvo en Oraibi, población indígena de la vieja Arizona. Pero su fascinación por las culturas originarias, que a mediados de 1800 ya estaban reducidas a pequeñas reservas en América del Norte, le llevó a emprender un viaje y un estudio de  los rituales indígenas norteamericanos que culminó en un texto  “El ritual de la serpiente” en el que aseguraba bajo un delirio lúcido “Oraibi y Atenas son lo mismo”. En el epicentro del paganismo el ser humano utiliza los símbolos de la misma manera: las danzas de la lluvia, el uso de máscaras como ritual de   lucha que Warburg documenta en culturas indígenas y en culturas ancestrales europeas le llevan a afirmar la existencia de una necesidad biológica del arte, del uso del símbolo a medio camino entre la devoción religiosa y la expresión del deseo colectivo.

” Los hombres de las cabezas artificiales les infunden con estas máscaras tanto o más terror que, el conocido a través de la terrorífica inmovilidad de las muñecas. ¿Quién podría decir con certeza que nuestras muñecas en origen no fueron demonios análogos?”

Lo genial en Warburg es que supera la clásica contraposición entre la visión hobbesiana que condena al hombre a ser víctima de su propia supervivencia, y la mistificación rousseauniana, profundamente etnocentrista, basada en el mito del buen salvaje, que vincula las culturas indígenas sólo por el mero hecho de serlo a un ideal de ingenuidad y benevolencia. La naturaleza voraz, la naturaleza sagrada. ¿Cómo reconciliar una polaridad imposible? Del texto de Warburg se desprende la existencia de un hilo silencioso que une a todos los pueblos sin distinciones entre escalas civilizatorias, que no diferencia  a los colonizadores de los colonizados donde todos formamos parte de un paganismo ancestral, de una mitología indestructible, no lógica, no racional, no traducible, en el que la fuerza emergente del paisaje desborda el significado acotado de los términos.

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¿Qué tiene que ver esto con la película de Iñárritu, con esa otra historia subyacente que circula río abajo como una corriente constante bajo el fluir de la historia principal?  Parece que en toda la composición pictórica Iñárritu haya rendido tributo a esa mitología telúrica que los propios colonos desarrollan en contacto con la tierra, con su orografía, su climatología adversa. La imagen se despliega allí donde lo verbal no puede. Las imágenes oníricas de Glass; el caballo, los árboles, las raíces, las garras de una osa, el sol meciéndose salvajemente en el horizonte ¿Con qué tienen que ver? ¿Son Oraibi? ¿Son Atenas? La cosmovisión indígena, a pesar del antagonismo existente entre los tramperos y los aikara acaba penetrando en el subconsciente de los colonos porque se trata del lenguaje simbólico  de la propia tierra:  antílopes, los ojos de un buey, briznas de hierba que resisten el último rayo de sol.

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Muchas veces reparamos en lo que la colonización subvirtió en las costumbres y culturas indígenas, hasta reducirlas a su casi total desaparición, pero pocas veces incidimos en el impacto cultural que el contacto con las tribus indias tuvo para los colonizadores. Creo que este es uno de los puntos fuertes implícitos en las película de Iñárritu.

“El viento no puede vencer a un árbol con fuertes raíces.” Así empieza la película : con una frase de la india pawnee que interpreta a la madre de Hawk y el desarrollo de esa frase a lo largo de toda la película es el leiv motive de la supervivencia de Glass, la película culmina con la frase que le dice otro indígena en un momento del filme y que el propio Glass repetirá: ” La venganza está en manos de los Dioses…no en las mías”. Pero el Glass que mira a cámara ya no es el mismo del principio. El título de El renacido hace también referencia al hombre que muere, que deja morir una identidad, una cultura, para emerger, para renacer en mitad de otra. Esa otra no es la pawne, ni la indígena y al mismo tiempo sí lo es. Es una cultura cuyos símbolos y obsesiones proceden de la expresión directa de la naturaleza. Una naturaleza voraz pero también bondadosa. Ni Rousseau ni Hobbes ganan tampoco en la película de Iñárritu. La plasticidad del filme aboga por mostrarnos hasta la laringe,  una naturaleza poderosa, hermosa hasta en su poder devastador.

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El signo espiral gravado por Hawk en la cantimplora, acaba en manos colonas y luego en manos indígenas para ser devuelto al fuerte colonizador original.

La mitología  de EE.UU tiene que ver con un sincretismo extraño. Al igual que Warburg, la película de Iñárritu nos indica que el mito fundacional de América se asienta muy lejos del Mayflower, es una mezcla de la violencia de los colonizadores apátridas, poseedores sólo de su propia supervivencia y las tradiciones ancestrales indígenas que hunden sus raíces en  una comprensión simbólica de la naturaleza. 

Observa al antílope, que es puro correr y corre tanto mejor que el hombre, u observa al oso, que es la fuerza pura. Los hombres sólo hacen en parte lo que el animal es enteramente.

(Aby Warburg)

El ritual de la serpiente del que hablaba Warburg se completa. Culto al rey sol. Paganismo griego. Iglesias paleocristianas. Todo encuentro cultural es un viaje de ida y vuelta.

http://cmxcix-distopicas.blogspot.com.es/2010/03/aby-warburg-el-ritual-de-la-serpiente.html

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La disculpa de una activista

-¿Recuerda usted que se dijera en aquella acción frases como “el papa no nos deja comernos las almejas”?

-No recuerdo la literalidad de las frases que se dijeron

Voy a intentar hablar de lo que ha pasado esta semana sin caer en los tópicos que ya han comentado el resto de tertulianos: que llevar ante los tribunales a un cargo electo por un delito perteneciente a un código pre constitucional como “el delito por ofensa de los sentimientos religiosos” es una atrocidad digna de un país predemocrático y casi pre-moderno (son delitos comodín, como el “delito por ofensas y ultraje a la bandera” que en la vaguedad de su tipicidad se convierten en una carta blanca para etiquetar todos los comportamientos contrarios a los intereses del establishment, como ocurre con el delito de “enaltecimiento del terrorismo”) ¿Nadie se ha preguntado por qué no existe un delito por “enaltecimiento del fascismo”? Para que un delito esté bien tipificado debe ser concreto en su tipo, o eso aprendí en clases de penal, todo lo contrario de lo que ocurre con los tres ejemplos que acabo de mencionar.

Pero esto ya lo sabemos. Que la causa contra Maestre obedece a una operación de la derecha mediática por intentar equiparar el juicio contra Maestre, Zapata y los tiriteros con los escándalos de corrupción que amenazan con convertir a la cúpula directiva del partido popular en una gestora, también lo sabemos. Que España sigue siendo un país pacato, laico en su confesionalidad y profundamente puritano en sus costumbres, lleno de señoras que se abrochan la rebeca y se santiguan porque una joven enseñe el torso en una manifestación y de chicas muy progres que prefieren la seguridad de tener un hombre al lado, aunque las maltrate, que probar el vértigo de la libertad también lo sabemos.

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Lo que yo no sabía es que todo esto merecía una disculpa. Me sorprende profundamente el tono pusilánime de la izquierda del cambio al escuchar a Maestre declarando ante la Santa Inquisición modernizada, que “pide disculpas ante quien se haya podido sentir ofendido” . Me sorprende que haya que achacar las acciones políticas a los delirios de la juventud. Me sorprende que la estrategia ante el caso Maestre sea la evasiva defensiva, y el ya no me acuerdo en lugar de la defensa explícita de las razones de la protesta. Me sorprende que ahora haya que disimular, o decir que no se recuerdan, los cánticos que han sido norma en todas las manifestaciones feministas a las que he ido desde que tenía 16 años:” Sacad vuestros rosarios de nuestros ovarios…” “Vamos a quemar la conferencia episcopal” Y no lo digo en tono de ultraizquierdista purista resentida que conste, lo sigo porque me parece un error político.

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Lo que hace que el gobierno de Ahora Madrid sea diferente a los demás es precisamente el pasado de sus miembros como parte activa de movimientos sociales, son sus precedentes como activistas lo que les ha dado legitimidad para representar a  una mayoría social olvidada y abandonada por la casta. Si ahora esos representantes políticos se disculpan por su pasado menoscaban las acciones que les han llevado a donde están. Si se arrepienten públicamente de acciones concretas en el momento en el que la protesta social está más penalizada y perseguida en la historia de la democracia de nuestro país, lo que están poniendo en duda es la legitimidad misma de la lucha y la protesta como herramienta política.

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Es de valientes sostener el pasado de los torsos desnudos, de las causas justas, aunque sean pequeñas, aunque sean simbólicas como la de eliminar las iglesias de las universidades públicas, con más razón si se es una representante electa. Porque eso da fuerzas a otras luchas que siguen abiertas mientras escribo esto, como las de las mujeres a las que se les negó la asistencia sanitaria durante su aborto por razones ideológicas en los hospitales públicos gallegos, siendo obligadas a parir de pie fetos sin vida, sin anestesia, en el servicio de los hospitales de Ferrol, Santiago y A Coruña.Info Noticia Aborto. Por ellas, Rita Maestre tenía el derecho y el deber de reivindicar lo que hizo y de explicar por qué se grita “Sacad vuestros rosarios de nuestros ovarios”. No con la esperanza de que este país beato lo entienda, sino con el convencimiento de que está abriendo un camino que muchas mujeres detrás de ella recorrerán. El martiriologismo no le está sirviendo al gobierno de Carmena, todo lo contrario, está debilitando la carta más potente que tenían los gobiernos del cambio, que representaban a la gente que luchaba en la calle, la herencia del 15M.

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Secret State: El mundo tras el TTIP

Ruido. Cristales rotos. Un guante que envuelve una mano amputada. Y una voz en un galés impecable que increpa al personaje protagonista: “Tu trajiste a esos cowboys”. Así empieza la mini-serie británica de cuatro capítulos, Secret State, emitida por Channel Four en 2012 basada en la novela “A very british coup” de Chris Mulin que ya fue adaptada a tv por el mismo canal en 1991 y cuyas semejanzas con esta segunda adaptación, según se deriva de la sinopsis, son anecdóticas. 

La explosión de una planta petrolífera en el pueblo obrero de Teasside, remueve los fantasmas de la guerra de Bosnia del viceprimerminestro británico Tom Dawkins, interpretado por un contenido Gabriel Bryne. A partir de aquí asistimos a una narración frenética donde se nos desvela por una parte la fragilidad de la soberanía nacional ante los intereses de la multinacional PetroFex y por otra, el riesgo de fuga de capitales y los complejos vínculos entre el sector financiero y el empresarial desbordando por completo la capacidad del Estado para gestionar la crisis de la explosión.

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Secret State cuenta con algunos fallos y con grandes aciertos. Entre los fallos podemos anotar la dificultar de condensar en cuatro episodios una trama de cierta complejidad político-económica y muchos sucesos narrativos que se solapan en un mismo episodio cruzando la barrera de lo verosímil. El buenismo atribuido al personaje principal y un retrato psicológico mediano, ni  fascinante  en sus sombras, ni rico en matices le resta fuerza a una historia que de lo contrario podría ser un gran relato de la geopolítica actual.

El gran acierto de la serie es el tema. A día de hoy somos muchos los que nos manifestamos contra el TTIP, el TISA y el CETA pero la opacidad entorno a lo que implican realmente estos tratados sigue reinando para la mayor parte de nosotros. Los analistas se basan en las consecuencias legales que trajeron  tratados similares como el que se firmó entre México, EE.UU y Canadá y los informes que están circulando por parte de los europarlamentarios que están pudiendo acceder a la lectura de partes del mismo con enormes irregularidades, segmentos censurados o la imposibilidad de tomar notas durante la lectura,  como denunciaba en europarlamentario de Iniciativa Ernest Urtasun en la La Cafetera.

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Secretísimo, opacidad, textos que se mueven en la sombra y que dirigen las sinergias entre las corporaciones privadas y los estados, remiten a una época predemocrática, anterior a la existencia de las relaciones internacionales, donde las grandes cuestiones se decidían en oscuras habitaciones repletas de humo a espaldas de quien sufría las consecuencias. La Sociedad de Naciones inspirada por el derecho británico y por los catorce puntos de Wilson quiso acabar con esta diplomacia secreta, y hoy precisamente desde  uno de sus hijos legítimos, la Unión Europea, se resucita al viejo monstruo de los tratados secretos para crear una nueva forma de gobierno; el gobierno de las corporaciones, donde las leyes estatales no puedan oponer resistencia a la omnipotencia transnacional. 

Secret State nos dibuja el mundo que sucede a la firma del TTIP. Un mundo donde la banca puede modificar leyes estatales y los tratados internacionales pueden hacer añicos los convenios colectivos.Por eso la imagen que abre y cierra la serie es tan importante. Es quizás más que una cuestión narrativa una reflexión simbólica: la que une la explosión de gas con la guerra de los Balcanes, el presente del TTIP con el pasado bélico atlantista: “Tu trajiste a esos cowboys”.

Cultura y aplicaciones para móviles

“Herramientas perfectas y propósitos vanos son los signos de nuestro tiempo” (Einstein)

 

¿Por qué te cierras a la realidad? – dijo- ¿No te das cuenta, de que es más fácil intentar adaptarte al mundo que ya existe que insistir en cambiarlo?

Mi hermano está tratando de convencerme de que le ayude a crear una aplicación para móviles que sirva para que la gente pueda hacerse un selfie en el el lugar donde se ha rodado una escena emblemática de la historia del cine. Os juro que es así. Por supuesto, él no ha visto ninguna de las películas que me ha propuesto capturar para hacer esta compleja guía turística para iphones. Ni piensa hacerlo. Los futuros usuarios de la aplicación tampoco. Tendrán derecho a la contemplación de veinte segundos  que condensen un fragmento mágico de la cultura universal, fugaz, instantáneo y a un módico precio. Pose aquí junto a los campos Eliseos donde Jean Paul Belmondo y Jean Seberg se cruzan diciendo “New York Herald Tribune” ¿sabe usted el título de la película? ¿sabe usted quién es Jean Luc Godard? ¿Sabe que Jean Luc Godard se descolgó del telón del Festival de Cannes para impedir la celebración  del festival de Cannes en 1968 en solidaridad con los estudiantes y obreros franceses que se estaban manifestando en París? No, usted sólo conoce la foto de Jean Seberg y Jean Paul Belmondo y nosotros, que queremos ahorrarle todo este vía crucis cultural innecesario, vamos a proporcionarle la información indispensable para que pose igual que sus iconos preferidos en un instante que le catapultará a la eternidad del buen gusto. 

Las películas envejecen. Es cierto. Negarse a los avances de la técnica es un absurdo. Pero someterse a los caprichos del snobismo, de las tendencias, y de la modernidad líquida es además de una tiranía una gilipollez. ¿Puede el cine cambiar el mundo? No. ¿Puede el arte cambiar el mundo? No, pero todavía puede cambiarnos a nosotros. Creo que es importante reivindicar lo importante frente a lo superficial. Y hablamos de películas importantes, de directores que pensaron el mundo antes de rodarlo; porque el compromiso del artista más que la defensa de una bandera o una causa concreta tiene que ver con la convicción de que el arte debe ser antes que una forma, un pensamiento. 

Ninguna aplicación puede capturar ese pensamiento. Por mucha rapidez que queramos imprimirle, para penetrar lo que hay detrás de las cosas nos hace falta el tiempo. 

Qué tipo de cultura queremos construir, crear y consumir tiene en parte que ver con si estamos dispuestos a aceptar que el simulacro suceda a lo real,  que veinte segundos sustituyan la experiencia de ir al cine y que las aplicaciones para móviles decidan lo que debemos saber, ver, leer y sentir. 

 

Homeland: ¿qué vemos?

En el último programa de Redrum, hicimos un exhaustivo análisis semiótico de las cinco temporadas de Homeland, en él incluimos referencias a lo que consideramos que han sido los tiempos la de la paranoia antiterrorista y a cómo la ficción se ha hecho eco de estos tiempos desde la crítica más abierta  hasta la propaganda más burda. Para mí cada programa es una pequeña investigación, pues parte de una intuición de la que en un principio no sé nada y que me lleva de un sitio en busca de respuestas e información en una era donde todo se ha vuelto difuso y líquido, donde un marine puede ser un terrorista y viceversa.

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Los datos que utilizo en el programa están ahí, son vuestros, os pertenecen, algunos como ya sabéis parten de vuestros propios comentarios y sugerencias y para mí son la prueba más evidente de que la tecnología puede utilizarse como una herramienta para socializar conocimiento y construir comunidad. Al final de este articulo adjuntaré los títulos, enlaces y referencias que mencioné en el último podcast para los que tengáis ganas de continuar.

Una de las etapas más fascinantes de la Historia del Arte empieza con un espejo. Es el espejo de “Las Meninas” de Velázquez. Aunque a decir verdad, Velázquez le copió la idea a Van Eyck que ya la había utilizado en El matrimonio Arnolfini, sin embargo, si Van Eyck la utiliza para una mera cuestión formal: conseguir la sensación de perspectiva, Velázquez la convierte en un elemento que hace que el espectador se incluya dentro de la escena. El extrañamiento misterioso de “Las Meninas” reside en ese juego equívoco en el que no sabemos qué lugar ocupan los objetos en la representación y qué lugar ocupamos nosotros dentro de la misma. Las miradas de los personajes del cuadros nos desafían como si quisieran decirnos a través de los siglos: que lo que miramos nos mira.

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En resumidas cuentas, Velázquez logra algo que luego el cine explotará en su ansia por representar lo inquietante, incluir dentro de la pantalla al propio espectador, hacerle partícipe de la representación de la representación y desafiarle entregándole el derecho a la subjetividad:  la película se desarrolla en el interior de la mirada . Nadie mejor que Hitchcock supo hacer esto a través de su cine en películas como Los Pájaros, Marnie la Ladrona, La Ventana Indiscreta, Psicosis y sobre todo Vértigo donde la pregunta : ¿qué vemos? ¿a quién vemos? condensa toda la narrativa del filme tensando al máximo el triple juego Espectador- Espectador-Observado, (el espectador que observa a James Stewart que es a su vez un observador de Madeleine)  Para hacer énfasis en esta idea Hitchcock abre la película con uno de los títulos de crédito más comentados de la historia del cine.

Unos labios femeninos unidos a un rostro que no conocemos ocupan la imagen. La imagen se centra en un uno de sus ojos. Pero ¿Quién es? ¿A quién vemos? Sin duda, no se trata de la protagonista de la película, ni de ninguna de las actrices que aparecen en ella, entonces ¿quién es es? ¿a quién pertenece este ojo? Es nuestro ojo, el ojo de la espectadora que está a punto de ver la película, en un afán por ir más allá, la cámara penetra los límites de la pupila desorbitada que se confunden con elipsis y espirales psicodélicas. ¿Qué es Vértigo? ¿Dónde ocurre Vértigo? En el mundo interno, abstracto, abyecto de quien la mira.

Lo interno y lo externo se mezclan en los títulos de crédito  de una película que ya de por si va a destacar por mezclar el pasado y el futuro, lo bello y lo siniestro, la vida y la muerte, el original y la copia. En un terreno mucho más líquido, como si las fronteras entre todos estos conceptos ya se hubieran diseminado fruto de un terreno abonado por la  postmodernidad y la sobrexposición mediática  se ubican los créditos de Homeland. Y sin embargo las imágenes-collage que encontramos en los títulos de crédito nos remiten a la misma pregunta:  ¿Qué estamos viendo? La desconexión espacio-temporal vuelve a introducir la mirada del espectador dentro de la ecuación.

Una niña duerme placidamente mientras escuchamos una voz en off procedente de un medio de comunicación impreciso  que informa de el ataque de fuerzas aéreas de los Estados Unidos, la niña va creciendo frente al televisor mientras imágenes de presentadores de noticias y presidentes se suceden informando sobre catástrofes, las imágenes se mezclan con las de un laberinto, y con las de la misma niña tocando la trompeta, a la vez que la voz sigue informándonos compasivamente de nuevos ataques y amenazas, un trompetista negro ocupa la imagen, el presidente Reegan, y de nuevo vemos el laberinto, pero esta vez en su interior vemos a la niña disfrazada con una máscara de león.

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La niña se hace mayor y posa junto a un piano,  siguen informando voces procedentes de telenoticias; ahora vemos al presidente Bill Clinton hablando de un nuevo acto de terrorismo, la niña ya es un poco más mayor, la vemos vestida como una adolescente agarrándose a una de las paredes del laberinto, un ojo que duerme, una pupila inquieta que duerme, que sueña ¿quizás? Volvemos a ver la imagen del trompetista negro dando las gracias al público, la imagen se funde con un grupo de mujeres ataviadas con burka y con las declaraciones de Colin Powell, un bombardero en Irak, las imágenes del 11 de Septiembre en Nueva York, el puente de Brooklyn, la voz en off de las noticias sobre los ataques terroristas se entrecruzan, presidente Obama en tres planos: del derecho, del revés, del derecho.

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La entrada al edificio de la CIA en Langley en tres planos: del derecho del revés, del derecho, sombras, pasos que cruzan la entrada al edificio, la familia de Brody al derecho, imagen de Brody con su mujer al revés. Brody y la protagonista que ya identificamos como Carrie en el mismo laberinto que hemos visto al principio, la voz en off se sustituye por la de los protagonistas: son voces inconexas “me aseguro de que no vuelvan a atacarnos” “todo el mundo se equivoca alguna vez”, la pupila se abre, las imágenes se interconectan entre sí, Carrie vigilando a Brody, Brody mirando la Casa Blanca. Seguir leyendo “Homeland: ¿qué vemos?”

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Las mejores películas de 2015

Este año llego tarde a todo. Hasta a uno de mis rituales más sagrados, que es aquel que sólo tengo conmigo misma y he regado con cerveza barata por una razón que un día pareció muy importante, casi una esencia y hoy es imposible recordar: la lista de las mejores películas del año, redactada con esfuerzo, lápiz y goma el día 30 o 31 en un bar a solas, celebrando ese bien nunca suficientemente valorado en este mundo de dictaduras conyugales: el de reservarse tiempo para una, para mirar el ir y venir de los autómatas, de los grandes almacenes, de los gestos neuróticos…las luces psicóticas de la Navidad bajo cielos estupefacientes.

No llegué a esa cita este año porque me quedaban películas importantes por ver… “Langosta” “El club” “La novia”. Como iban pasando los días y no había manera…grabé el programa sin verlas todas. Y “La Novia” por desgracia, no se encuentra en la lista de las 10 mejores películas que grabé. Ahora que la he visto y he sucumbido a ese espectáculo de belleza poética creo que se merece estar en la lista. En cualquier caso, lo de la lista es un pretexto, una excusa cualquiera para hacer balance de lo que uno ha mirado, entender los cómo y los por qué de las imágenes que se han quedado esculpidas en la retina, una manera de pensar en el arte para no pensar en la vida.

La película que más ha dado que pensar fue Langosta. Aunque a favor de Paula Ortiz y de Assayas he de decir que sus dos obras dieron para varias horas de debate. En el caso de La Novia casi convertimos a Lorca en un psicoanalista en el que pudimos ver reflejadas todas nuestras pasiones, pero es que cuando vas al cine con alguien que se sabe de memoria todo tu historial, es lo que pasa. Para hablar de The Lobster me desplacé hasta el Videoclub Stromboli, uno de los enclaves o refugios que todavía conservo en Valencia y que continúan siendo un buen lugar donde dejarse caer cuando la vida te abruma, cuando buscas algo que no sabes nombrar o cuando quieres hablar de amores perdidos. Allí hablé con Dani Gascó , crítico de la revista Turia, un entusiasta de Langosta que accedió a discutir con los micros, de esta nuestra casa, sobre sus distintos significados. ¿Película romántica o antiromántica? ¿Toda relación es una mutilación? ¿Qué es preferible la ceguera compartida o la fuga solitaria?
En esas disyuntivas nos pone el director griego en un terreno distópico donde ninguna interpretación posible parece ofrecer solución a salida ante un universo asfixiante que niega cualquier ejercicio de libertad: ni la libertad del individuo es una libertad verdadera, ni la libertad de amar resuena con la autenticidad del amor sino con el lenguaje simétrico de los cuerpos. Esto en terreno navideño nos recuerda la estupidez de los rituales: las parejas, las bodas, las familias, las navidades estupefacientes…

En concreto me recuerda a la frase que me dijo una chica que conocí en el Norte estas Navidades ya a altas horas de la madrugada hablando de la soledad: ” Tengo la sensación de que hay parejas que se conforman con que haya feeling, cualquier cosa en común, para estar juntas ….Yo creo que el amor tiene que ser algo más que eso…tiene que ser algo más…”

Tiene que ser algo más. Que me atropelle un camión de Ikea si no lo es.

10. White God (Kornel Mundruzko)

9. Birdman (Alejandro González Iñárritu)

8. Selma (Ava Duvernay)

7. La Verdad (James Vanderblit)

6. Nadie quiere la noche (Isabel Coixet)

5. La desaparición de Eleanor Rigby ( Ned Benson)

4. Del Revés (Pixar) Peter Docter, Michael Arndt,

3. La Novia ( Paula Ortiz)

2. Las nubes de Sils María ( Olivier Assayas)

1. Langosta (Yorgos Lanthimos)

El Club de Larraín

Me había sorprendido mucho su anterior película “No”, un filme que según el director estaba inspirado por los movimientos sociales del 15M  y Occuppied Wall Street, y que retomaba un tema del pasado, los entresijos de la campaña electoral del referéndum del No al Pinochet, para hablarnos de cómo construir el presente; qué posibilidades teníamos ahora que ya nos habíamos hecho dueños y señores de la rabia y si esas posibilidades eran un trayecto que merecía la pena transitar o un puente aéreo al suicidio de los cambios gatopardianos.

“No” era una película difícil, que no dejaba a nadie indiferente porque obligaba a decidir entre lo viejo y lo nuevo, el fondo y la forma, lo masivo y lo minoritario. Era la película que nos obligaba a hacernos las preguntas indicadas a los que nos creímos alguna vez, agentes del cambio político. En “El Club” Larraín quiere insistir en su postura de artista transformador e inconformista, poniendo en escena el reverso siniestro de la iglesia católica.

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