Cultura y aplicaciones para móviles

“Herramientas perfectas y propósitos vanos son los signos de nuestro tiempo” (Einstein)

 

¿Por qué te cierras a la realidad? – dijo- ¿No te das cuenta, de que es más fácil intentar adaptarte al mundo que ya existe que insistir en cambiarlo?

Mi hermano está tratando de convencerme de que le ayude a crear una aplicación para móviles que sirva para que la gente pueda hacerse un selfie en el el lugar donde se ha rodado una escena emblemática de la historia del cine. Os juro que es así. Por supuesto, él no ha visto ninguna de las películas que me ha propuesto capturar para hacer esta compleja guía turística para iphones. Ni piensa hacerlo. Los futuros usuarios de la aplicación tampoco. Tendrán derecho a la contemplación de veinte segundos  que condensen un fragmento mágico de la cultura universal, fugaz, instantáneo y a un módico precio. Pose aquí junto a los campos Eliseos donde Jean Paul Belmondo y Jean Seberg se cruzan diciendo “New York Herald Tribune” ¿sabe usted el título de la película? ¿sabe usted quién es Jean Luc Godard? ¿Sabe que Jean Luc Godard se descolgó del telón del Festival de Cannes para impedir la celebración  del festival de Cannes en 1968 en solidaridad con los estudiantes y obreros franceses que se estaban manifestando en París? No, usted sólo conoce la foto de Jean Seberg y Jean Paul Belmondo y nosotros, que queremos ahorrarle todo este vía crucis cultural innecesario, vamos a proporcionarle la información indispensable para que pose igual que sus iconos preferidos en un instante que le catapultará a la eternidad del buen gusto. 

Las películas envejecen. Es cierto. Negarse a los avances de la técnica es un absurdo. Pero someterse a los caprichos del snobismo, de las tendencias, y de la modernidad líquida es además de una tiranía una gilipollez. ¿Puede el cine cambiar el mundo? No. ¿Puede el arte cambiar el mundo? No, pero todavía puede cambiarnos a nosotros. Creo que es importante reivindicar lo importante frente a lo superficial. Y hablamos de películas importantes, de directores que pensaron el mundo antes de rodarlo; porque el compromiso del artista más que la defensa de una bandera o una causa concreta tiene que ver con la convicción de que el arte debe ser antes que una forma, un pensamiento. 

Ninguna aplicación puede capturar ese pensamiento. Por mucha rapidez que queramos imprimirle, para penetrar lo que hay detrás de las cosas nos hace falta el tiempo. 

Qué tipo de cultura queremos construir, crear y consumir tiene en parte que ver con si estamos dispuestos a aceptar que el simulacro suceda a lo real,  que veinte segundos sustituyan la experiencia de ir al cine y que las aplicaciones para móviles decidan lo que debemos saber, ver, leer y sentir. 

 

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