Before the Rain: Podemos, estrategia electoral.

¿Cómo va a rentabilizar Podemos la nueva oportunidad que tiene delante? Por un lado, el último milagro de Compromís ha terminado de desenmascarar el bloqueo del PSOE al gobierno de coalición.  Parece poco probable que Pedro Sánchez pueda insistir en echarle la culpa de la falta de gobierno a la formación morada. Puede insistir, claro, pero sin efecto alguno. Por otro lado, las conversaciones abiertas con IU abren un horizonte de esperanza que,como bien señala Iván Redondo, puede ejercer un efecto multiplicador en el voto de izquierdas que termine de dar el sorpresón el 26 de Junio. 

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Pero también puede que este efecto provoque todo lo contrario. La cuestión es más random que nunca porque el voto es volátil, y tan peligroso es apostar por la transversalidad como por el cambio de relato. Hasta ahora Podemos ha construido su relato y su estrategia sobre la base de la “no connotación ideológica”, esto le ha permitido ampliar su base electoral a sectores de procedencia ideológica muy diversa. Cambiar el relato por el de izquierda-derecha a estas alturas puede tener muchos riesgos de cara a ese electorado transversal, incluso podría poner en entredicho la propia la coherencia del proyecto que podría tambalearse sobre la excesiva volubilidad. En un sentido o en el otro, la estrategia electoral de Podemos tendrá que decidir entre transversalidad o polarización ideológica y asumir la decisión. La simultaneidad de ambas estrategias puede ser letal, generar confusión e incluso proyectar la imagen de que existen distintos proyectos políticos dentro de la formación desplegándose a la vez. Tras cuatro meses de inestabilidad política marcados por los gestos balbucientes,  el electorado valorará las apuestas en firme y claras, no tolerará respuestas elusivas ni la liquidez programática.

Sin duda, Podemos ha sufrido, menos que las formaciones del pacto de investidura, parte del desgaste de las negociaciones y el desencanto de su  electorado, especialmente de sus votantes más polarizados.  El electorado socialista que apostó por la formación morada en las pasadas elecciones se sentirá defraudado por la dureza con la que Pablo Iglesias se ha dirigido al PSOE, por ejemplo en la sesión de investidura. Al mismo tiempo, el electorado ultraizquierdista: movimientos sociales, sectores ácratas etc se sentirá defraudado de que Podemos haya entrado al trapo de las cesiones y las negociaciones con el PSOE. Ninguna de estas dos opciones son evitables. ¿Pero cómo va a recuperar Podemos la ilusión de este electorado?  

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Una de las primeras cuestiones que debe resolver la formación es dirimir la disyuntiva entre lo urgente y lo importante, lo institucional y lo social. Podemos tiene que escenificar que sus horizontes van más allá de haber llegado a las instituciones y que sus raíces se extienden en los movimientos ciudadanos que le vieron nacer. No puede ser únicamente una cuestión de denunciar, explicar y apoyar verbalmente. Debe estar allí. Debemos ver a caras visibles de Podemos allí donde estalla el conflicto social. En las protestas antidesahucios, en la Nuit Debout, en las protestas que se han dado en Sol, por supuesto en las celebraciones del quinto aniversario del 15 M y  en los campos de Idomeni. Si la formación pasa de puntillas por lo que sucede fuera de la guerra electoral, la campaña  será retórica, no será real. No hay que menospreciar la capacidad de la gente para detectar la diferencia entre el discurso auténtico y la mascarada.

Es un equilibrio precario. Pues al mismo tiempo debe presentarse como una apuesta estable, sólida, presidenciable que cuente con el apoyo de sectores desencantados del PSOE y estar preparado para la guerra de trincheras que puede desencadenarse desde el momento en que  exista un peligro real de que su resultado electoral sea positivo. En este sentido, la formación debe aprender de la larga trayectoria de campaña difamatoria que lleva a sus espaldas y evitar algunos errores comunes: 

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  1. Si la campaña electoral gira entorno a la culpa de los pactos de investidura provocará el cansancio y el hastío de parte de ese electorado volátil. Hablar sobre el PSOE no beneficia a PODEMOS porque el PSOE ya se ha desenmascarado con sus propias alianzas. Si insiste en esa brecha, la impresión generalizada será de división, sadismo o sectarismo. 
  2. Podemos no puede tardar tanto tiempo en dar una respuesta eficaz y contundente a los ataques mediáticos que giren entorno a su propia formación. El silencio Monedero y el silencio Errejón han hecho más daño a la formación por la sospecha generada por la ausencia de ambos, que por las acusaciones en sí mismas. 
  3. Podemos debe evitar a toda costa la estrategia del repliegue. Los medios y los poderes económicos van a intentar que las entrevistas y el foco estén puestos en las fallas de la formación lo que provoca una tendencia de los miembros de Podemos a la autojustificación constante, a la exhibición repetitiva de buenas prácticas etc. En lugar de eso, Podemos debe evitar que se alarguen esos relatos sobre sí mismo. Zanjarlos cuando sea posible y poner en evidencia las contradicciones de quien los enuncia. Pasar al ataque social, en lugar de enquistarse en la defensa de la dignidad herida. 

 

 Frente filopodemita popular. (Facultad de Filosofía, Valencia). 

 

 

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