¿Qué hace una campaña como yo en una coyuntura como esta?

Pero, ¿Qué es el aura? El entretejerse siempre extraño del espacio y el tiempo; la aparición irrepetible de una lejanía, por más cerca que ésta pueda hallarse.

Walter  Benjamin

Cuando todos los discursos circulan en una misma dirección puede resultar tentador seguir su curso. Especialmente si esa dirección se corresponde con la de una gran parte de la ciudadanía. Sin embargo, la audacia de los tiempos exige algo más: cambiar el rumbo de la dirección para convencer a la ciudadanía.

Ya sé  que estarás pensando: hay que ilusionar, hay que conectar, hay que convencer, ahora explícame cómo se hace eso en un espacio comunicativo en el que se ha extendido la idea de que ir a nuevas elecciones es una especie de trauma colectivo, una tragedia lorquiana de la que no hemos sido capaces de escapar, un drama del que hay que hacer culpable a alguien. El resto de partidos arrastrarán su cara de luto, de corderos dellogados insidiosos, pedirán perdón y  lanzarán el fracaso de  las próximas urnas sobre los oponente . Se impone el barroco, la culpa y la alerta roja más que nunca: Teléfono rojo, volamos hacia Caracas.

¿Cómo deshacernos de ese San Benito? En primer lugar, creemos que  Podemos no debería decir “volver a votar” o “segundas elecciones”, palabras todas ellas que arrastran la connotación de “inexpugnable fracaso”, sino como muy bien están haciendo debería referirse a las elecciones del mes de Junio como una “segunda vuelta”. Este concepto introduce otro matiz: es la segunda parte del partido, es la segunda parte del relato, no implica deshacer lo andado ni poner el contador a cero.

No es un fracaso que la ciudadanía vote. Fracaso es la LOMCE, la ley mordaza, la precariedad laboral, el paro, la desafección institucional, la corrupción . El voto no es un fracaso. Cada voto es una conquista, una afirmación, una oportunidad. Cada voto es una respuesta, una posibilidad, una decisión. Las elecciones sólo son un fracaso para quien no cree en democracia, para quien no cree en la gente y en su capacidad de inclinar la balanza, de pensar, reflexionar y decidir sobre su futuro.

Podemos es el único partido que puede mirar al horizonte sin contagiarse de esa melancolía institucional, es la formación política que ha patrimonializado la ilusión frente al derrotismo, la acción frente al inmovilismo y tras el pacto Rivera-Sánchez es el único que tiene algo nuevo que proponer, que ofrecer y que decir. Además, hablar de segunda vuelta, o de segunda parte implica decir: “nos faltó tiempo” “nos faltó muy poco”. Esta vez, sí. Y mientras otros se entreguen al catastrofismo vital, el reproche, el culebrón, la culpa, el rencor o el miedo. Podemos debe entregarse a la conquista del futuro: “ Ahora sí . El futuro es nuestro”. 

Y aquí va una propuesta musical.

Todo va a cambiar.

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