UNIDOS PODEMOS: EL SÍNDROME DE ANÁLISIS-PARÁLISIS

 

A veces hay que apostarlo todo al rojo,

aunque luego salga el negro

La Tregua, Mario Benedetti. 

No soy politóloga. No soy periodista. No soy socióloga. Aprendí en el instituto que  la licenciatura más útil de la vida es la mundología y por eso estudié Comunicación Audiovisual. La mundología es el arte sutil de intuir mediante el olfato lo que ocurre en el aire, es el saber que relaciona las causas aparentemente alejadas entre sí. Creo que hay que reivindicar la mundología  ante la proliferación aguda de analistas que con mucha erudición y grandes disertaciones intelectuales han venido diciendo que la causa del “no sorpasso” de Unidos Podemos se debían a  una cosa y la contraria  en distintos medios digitales, radiofónicos y televisivos desde el pasado domingo.

Me pregunto si esta proliferación no será  no tanto un síntoma del aumento del espíritu crítico de nuestra sociedad,  como un reflejo de la necesidad obsesiva por controlar la realidad. Pero la producción masiva de corrientes de opinión y la verdad no tienen porque ir de la mano. Ya advertía de esto Niestzche en Consideraciones Intempestivas. Para hallar la materia de la que está hecha el presente hay que distanciarse de él. El hombre intempestivo requiere de una observación extemporánea, de una lucha contra el fervor de lo actual, de un apartarse de la corriente del río y ver pasar los troncos. El diagnóstico de hoy tiene marcada a fuego su fecha de caducidad, mañana será pasto de lo inservible cuando otro acontecimiento que no esperábamos desborde nuestras expectativas y nos deje sin explicaciones.

 Los análisis que estamos leyendo se están haciendo en clave retrospectiva, al estilo del cenizo del pueblo que siempre tiene un “ya lo venía diciendo yo…” en la punta de la lengua y que no buscan profundizar en las causas del resultado electoral del 26 de Junio, sino confirmar posiciones de poder dentro de las organizaciones. Y esto ocurre justo en un momento de cristal, en el que está en juego la credibilidad del proyecto que nos hizo saltar de los sofás a las plazas, de las plazas a las calles y de ahí a las instituciones. Los que ayer transigían con la Unidad Popular, hoy dicen que la Unidad Popular es el problema y  los que ayer compartían emocionados los vídeos de la ingeniosa campaña electoral de Unidos Podemos, dicen que el mensaje de la campaña era “hueco” y “superficial”.

Demasiada argumentación interna, demasiado repliegue narcisista disfrazado de acrobacia intelectual, demasiado artificio ideológico ponen en evidencia a una izquierda que sigue sufriendo  la peor de sus enfermedades: el infantilismo. Si de verdad nos hemos hecho mayores tendremos que asumir que nadie puede asegurar cuál ha sido el factor determinante que ha desencadenado los resultados del 26J. Habrá que asumir que hicimos una apuesta electoral .Una apuesta política. Y que la hicimos todos los que apoyamos  el proyecto de Unidos Podemos.

Los que no veían clara la Unidad Popular y los que insistieron en ella. Los que preferían la polarización ideológica pero apostaron por la campaña transversal.  Los que no se identificaban con el tono moderado de las intervenciones de Pablo Iglesias  y aun así le votaron, los que veían en Pablo Iglesias a un líder poco sensato, descamisado y melenudo, y aun así, también le votaron. Los que asumieron desde una gran altura histórica  que la abstención activa era una práctica que podían guardarse para otra ocasión porque el momento merecía esa concesión de su parte. Todos.

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Según el principio de incertidumbre de Heisenberg el observador modifica lo observado: la intoxicación de análisis, tribunas, artículos y declaraciones contradictorias entre sí condicionan la propia situación de Unidos Podemos. Escriben un relato que se ha ido desmadejando desde el domingo como un rosario de derrotismo, martirio y autoflagelación. En este sentido, la convulsión urgente del presente puede hacernos confundir lo conquistado con lo perdido.

 La izquierda arrastra toda una tradición de culpa judeocristiana fruto de haber sustituido algunos de los atributos de la religión que exige de pugnas y vetos, de justificaciones y acusaciones, de tesis y antítesis. Ya sé que el paraíso de la liquidez y las postmodernidad no es un territorio más halagüeño. Pero habrá que buscar respuestas sin caer en el cainismo, habrá que ser generosos sin caer en la complacencia y  sobre todo habrá que hacer callo ahí donde todavía escuece con demasiada inocencia la herida del ego y el moratón del orgullo herido. Porcentajes objetivos y análisis demográficos y demoscópicos, que no supieron prever el resultado, buscan a la desesperada esquivar una de las cuestiones más dolorosas de la existencia: en todo fragmento de realidad hay una variable de indeterminación que puede afectar a la totalidad del conjunto.  

Quizás esa variable estaba en nuestra mirada. Quizás nunca existió  ese afuera con el que dialogábamos alegremente. Quizás el miedo nunca llegó a cambiar  de bando. O lo hizo  a medias, con un pie en cada orilla como corresponde a todos los períodos críticos. 

Decía Mario Benedetti : De dos cosas debe cuidarse el hombre, de la derecha cuando es diestra, de la izquierda cuando es siniestra. Y es que una diferencia fundamental entre un mundólogo y un analista es que un analista no es capaz de detener su producción descomunal  de  análisis, ni siquiera cuando se da cuenta de que  le esta perjudicando.

Este mal es muy conocido entre el mundo de los intelectuales, pensadores y  doctorandos;  se llama “síndrome del análisis-parálisis”  y se produce cuando una situación o proyecto  requiere el doble de tiempo de análisis que de acción,  se activa un cortocircuito en el sistema por exceso actividad analítica que exige de un sobresfuerzo mental. Es como si el cerebro hubiera decidido quedarse a vivir en el mundo de las ideas de Platón y se resistiera con todas sus fuerzas a poner un pie en la cotidianidad.

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El análisis-parálisis puede ser fatídico para un organismo político, no digamos para un organismo viviente, porque imagínate a esa persona teniendo que analizar cómo se ducha o qué estrategia es las más transversal para ir a la cocina. En esa coyuntura no hay manera de diferenciar la verdad del ruido. El individuo se tambalea. Tiene que reaccionar, pero como depende de  las conclusiones de su análisis es incapaz de hacerlo, y cuanto más incapaz se siente de reaccionar más inseguro es y más análisis genera su inseguridad en  un proceso infinito de retroalimentación que puede durar toda una vida.  O acabar con ella. 

No queremos que esto le pase a Unidos Podemos. Queremos salir de esta. No sabemos en qué nos equivocamos. Y tampoco podemos colocar el cartelito  de “to be continued“. La cuestión está en saber si desde Unidos Podemos pueden empezar a reconstituirse hacia adelante o si aceptan ser una versión postmoderna de la izquierda tradicional narrándose a si misma a través de flashbacks. Si hay ideas, empuje y análisis para lo que queda por luchar con 71 escaños. Ni uno más. Ni uno menos. Y si recuperamos el hilo de Ariadna que nos recuerda quiénes somos o si le permitimos que el enemigo nos haga luz de gas con sus propios miedos y se cuele hasta en lo más profundo de nuestras entrañas para confundir nuestra voz con la suya como ocurre en todas las relaciones de maltrato psicológico.

En esos casos uno de los miembros de la pareja confundida por la dialéctica del compañero  llega a dudar de si misma ¿Será mío el problema? ¿Me faltará un proyecto de país? ¿No habré sabido seducir al electorado adecuado? Pero siempre llega el día en que el enemigo se equivoca de estrategia. Alza el tono de voz más de la cuenta, utiliza un lenguaje menos sutil que de costumbre y se delata a si mismo. ¿Sabes cuál tu problema? Que crees que puedes llegar aquí y hacer lo que te de la gana. Quizás entonces miles de ojos se abran y quede al descubierto la mascarada, y quizás por primera vez en mucho tiempo todos los mundólogos del mundo respondan al unísono: 

-Exactamente, exactamente

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Un comentario sobre “UNIDOS PODEMOS: EL SÍNDROME DE ANÁLISIS-PARÁLISIS

  1. No te creas que la politología es una cosa muy seria lo sé por experiencia. Yo soy muy de lo que decía Frank Zappa, si quieres aprender, abandona la universidad y dirigete a la biblioteca. La universidad, hasta ahora, servía de ascensor social sobre todo. Ahora ni eso. Planes de estudio dirigidos a una clase de técnicos especialistas y desaparición del pensamiento crítico.
    Podemos se enfrenta al reto de dotarse de una estructura que sea eficaz, de unos cuadros medios que sepan comunicar y ser enlace entre la calle y la cúpula, y no fosilizarse, acomodarse, hacerse rígido, hacerse aparato y conjunto de familias (pienso en la IU que he conocido).
    Es muy difícil ser gaseoso y sólido a un tiempo.

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