La reina del desierto de Werner Herzog

“Se apoderó de mí una visión: la imagen de un enorme barco de vapor en una montaña”. Entre febriles arranques poéticos Werner Herzog narraba así el turbulento viaje al Amazonas que le llevó a rodar una de sus películas más inclasificables: Fizcarraldo con Klaus Kinski en La conquista de lo inútil. El autor de Aguirre o la cólera de Dios (1972) se había consagrado como uno de los renovadores estéticos del nuevo cine alemán. En su apuesta narrativa se hallaba la fuerza existencial del paisaje y su diálogo con un hombre. Por eso no es de extrañar que la vida de Gertrude Bell haya interesado a Herzog. Exploradora historiadora y espía británica que dedicó su vida a investigar  los confines ignotos del desierto en el momento del reparto colonial de Oriente Próximo entre Francia e Inglaterra coincidiendo con la caída del Imperio Otomano. El personaje resulta desde luego una premisa apasionante a la par que inexplorada con suficiente resonancia histórica y poética. Sin embargo, la película de Herzog está lejos de situarnos al personaje de Bell a la altura de sus predecesores. 

0,,18668291_303,00

Una cámara que capta la inmensidad del desierto como un concepto mental no es suficiente para lograr implicar al espectador en un biopic plano que parece más bien una  excusa para rodar un documental del canal Odisea sobre territorios exóticos sobre los que quizás sólo caminaremos en sueños. A pesar de incluir los diarios de la viajera británica, que incluyen fragmentos de auténtico lirismo como aquel en los que compara el ruido de las piedras de sal con el de los fragmentos de cerámica rota, el retrato que hace Herzog de Bell se aleja bastante de la mujer melancólica y obstinada que se negó a someterse  a los valores victorianos de la Inglaterra de principios de siglo para emprender un camino propio lleno de tragos amargos y soledades tan abruptas como las rocosas montañas que se atrevió a atravesar para alejarse de un mundo al que no pertenecía o al que había decidido no pertenecer. El destino del autoexilio o la decisión que llevan  una mujer a emanciparse de su tribu original para investigar las ajenas podían haber llevado a una interesante reflexión acerca del hombre y el medio.

421f8a10-fad8-11e3-a641-7933d6e79970_Gertrude-Bell

Muy al contrario, Nicole Kidman pone piel a una Gertrude Bell cursi, afectada y relamida cuya vida se limita a la exploración del desierto más a modo de autoterapia que como un modo de aplicar su curiosidad científica o intelectual, parece difícil imaginar que el tratamiento hubiera sido el mismo si el personaje hubiera sido masculino. Por otro lado, el contexto histórico que rodeó al personaje aparece desdibujado hasta la incomprensión más burda, el rol de Bell como espía del imperio británico, así como la trascendencia histórica del trato con las tribus beduinas en el trazado de fronteras de lo que luego sería Oriente Medio, el actual Irak, no sólo no se trata con suficiente profundidad, sino que prácticamente ni se entiende en una película para olvidar que aleja a Herzog de sus grandes obras. 

164_opinions_fitzgerald-2

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s