El sacrificio de los inocentes: La invitación y El año más violento

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CONTIENE SPOILERS 

En dos películas recientes que me han gustado mucho: La invitación (Karyn Kusama) y El año más violento (James Gray) tiene lugar la misma escena, los dos protagonistas de sendas películas se encuentran conduciendo y discutiendo algún asunto que tiene que ver con la trama principal de la película cuando en ese justo momento el conductor atropella a un animal salvaje que cruza la carretera . Un coyote en el caso de La Invitación, un ciervo en el caso de El año más violento. En ambos casos el suceso, lo que puede parecer un accidente fortuito, tiene efectos inmediatos en el desarrollo del argumento y en la relación de los protagonistas. La manera en que el suceso se desarrolla nos dice mucho de lo que va a ocurrir en el resto del filme y al mismo tiempo, al resolverse de distinta manera pone de manifiesto como un mismo elemento narrativo puede ser tratado de maneras completamente distintas generando sensaciones antagónicas.Una vez más este es un ejemplo de que  cuando hablamos de  cine del mismo modo que hablamos de literatura o de arte en general, no hablamos tanto de el qué nos sino del cómo.

Lo que ambas películas tienen en común es que el atropello del animal interrumpe bruscamente la conversación de los protagonistas, el juego verbal desaparece ante la urgencia de la acción. En ambos casos el animal ha quedado gravemente herido, pero aún no ha muerto. Lo que plantea la cuestión moral de evitar el sufrimiento del animal indefenso y a la vez la cuestión moral de su ejecución a sangre fía. Hay algo aquí de resonancias bíblicas, de cordero de Dios, de sacrificio de los inocentes que aparece en el Evangelio según Mateo. En ambos casos es el hombre al que se le encarga la cuestión de la matanza del animal y la resolución definitiva de la vida malherida. Sin embargo las perspectivas y el tratamiento son diferentes.

En el caso de La Invitación, el espectador sabe muy poco de los personajes ya que el suceso tiene lugar a penas acaba de empezar la película, lo cuál sirve para introducir la atmósfera enrarecida que se desarrollará a lo largo de todo el filme. La cámara nos muestra claramente y con detalles al animal herido, es decir: el animal, la herida y su indefensión tienen cierta importancia y como luego comprenderemos al acabar el filme es un símbolo anticipatorio de uno de los personajes del mismo, de la ex mujer del protagonista, Edén. La cámara nos muestra la perplejidad, temor y angustia de la acompañante de Will dentro del coche, y observamos como Will acaba con la vida del animal con una llave inglesa desde la perspectiva de su compañera, es decir la cámara se sitúa   dentro del coche. Esta ubicación no es casual, ya que desde esta perspectiva no podemos observar la cara de Will ni adivinar sus sentimientos en la matanza del animal lo que no deja de ser una imagen perturbadora. Sin duda la imagen desde la posición de copiloto de la novia es algo terrorífica, Will repite el gesto y una otra vez  alzando el brazo contra el coyote con la llave inglesa. Desde esta perspectiva el espectador consigue que observemos a este personaje con una prudencia emocional, con cierta suspicacia, una sombre se proyecta ente nosotros y el protagonista y esta sombra es fundamental para mantener la ambivalencia : paranoia/persecución  sobre la que se mantiene en un precario equilibrio toda la composición temática de la película

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En el caso de El año más violento, el suceso ocurre prácticamente a mitad del filme, por lo que ya conocemos buena parte de la trama y características de los protagonistas. Ambos, un matrimonio rico del Nueva York de los años ochenta tienen un negocio de transporte de gasolina que se ve acosado por problemas con el fisco y por una serie de asaltadores que agreden a sus conductores y les roban la mercancía. La forma de entender el negocio y la defensa es diferente en ambos casos, para él no cabe más defensa que la rectitud y la negociación, en cambio ella, hija de un famoso mafioso está a favor de incorporar las leyes del hampa en la defensa de su territorio. En mitad de la discusión nocturna se produce el atropello, el coche patina entre la nieve y logra evitar salirse de la carretera. 

Aquí, a diferencia de La Invitación, la cámara se centra en el camino que el protagonista hace hasta el lugar donde está herido el animal pero el animal, su herida, o su sufrimiento tienen una importancia secundaria, a penas aparece en pantalla en un sólo plano y tamizado por la oscuridad de la noche. Al regresar al coche, su mujer, a diferencia de La Invitación ha salido también del vehículo y le recuerda que debe acabar con la vida del animal para evitar su sufrimiento, es decir, aquí la protagonista toma un rol activo. El marido toma una llave inglesa se dirige hasta donde yace tumbado el ciervo y la cámara se detiene en esos segundos de indecisión. La mirada de él clavada en el animal moribundo y sujetando la llave inglesa, el director quiere mostrarnos su reticencia a la hora de terminar con la vida del animal de una manera tan violenta, es decir, su rechazo a la violencia como medio de resolución

 Justo en ese momento dos disparos sobresaltan los pensamientos del protagonista, la cámara se mueve unos metros a la derecha y encontramos a la joven esposa empuñando una pistola pequeña, de esas pistolas de cine noir que caben en el bolso. Aquí el disparo es toda una declaración de intenciones ¿respecto al ciervo? Si, pero no sólo, respecto a los distintos modos que ambos tienen de enfrentar los problemas empresariales. La violencia frente a la duda, la frialdad frente a la indecisión. El atropello del ciervo no tiene un sentido admonitorio o simbólico, como en el caso anterior sino que sirve para hacer visible la diferencia de posturas entre los personajes, el incidente nos ayuda a penetrar psicológicamente en sus diferencias. Así cuando ambos entran dentro del coche de nuevo no hay lugar para la palabra, no por el impacto de la matanza del ciervo, sino porque como en una jugada de cartas el juego del contrario ha quedado al descubierto. Un muro de desconfianza más helado que la noche y más grande que el ciervo sacrificado se ha impuesto entre ambos protagonistas. 

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