Nosotras, las justicieras o cómo sobrevivir a una agresión sexual.

Lo peor de ser víctima de una agresión sexual, además de la impotencia de luchar contra un sistema judicial que coloca a la víctima en el punto de mira, es que cuando no puedes luchar contra el otro, luchas contra ti misma. Te dicen que no lo hagas pero lo haces. Te sientes rara pero vives como si no hubiera pasado nada. Crecemos a menudo con la idea de que es malo sentir rabia, pero la rabia está allí para que hagas algo con ella.

“Déjalo pasar” “no hagas de esto una montaña”. Bien. Esto es lo peor que puedes hacer. La montaña tarde o temprano se transformará en volcán. Pasarás muchos días diciendo que todo está bien. Y un día te encontrarás con un cuchillo en la mano deseando que el dolor tenga una forma física ¿Qué te queda entonces? Mejor, siempre mejor , que el cuchillo sea contra los demás, preferiblemente si se lo merecen. Pero si no se lo merecen no importa. Hay que sobrevivir. No lo sabes todo. Aunque te creas una intelectual. Aunque seas feminista. Aunque seas filóloga. Aunque lo hayas visto en series, en películas. No sabes nada sobre esto, así que empieza desde cero y escucha.

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Denuncia siempre. Yo no lo hice. No pude. No sólo existe la denuncia policial, hay otras formas. Lisbeth Salander abrió la imaginación de muchas. Si puedes identificar a tu agresor, denuncia. No entres en la habitación de las disquisiciones: si yo le dije que si al principio pero no después, si no grité con suficiente fuerza, si no opuse resistencia claramente. Todo de esto es parte del proceso de culpa de la víctima. Si te sientes mal hasta la nausea es una agresión. No lo minimices. No te lo quedes para ti misma.

Cuéntaselo a quien quieras, las veces que quieras. Te sorprenderás con muchas de las respuestas. El casi 100% de mis amigas heterosexuales con las que viví la experiencia habían pasado, sobrevivido o resistido a historias semejantes. Historias que pondrían a Pérez Reverte con todo su rostro de académico a llorar como un bebé de seis meses, y que ellas resuelven con una dignidad silenciosa y silenciada. Vas a tener miedo. Miedo a muchas cosas, pero fundamentalmente miedo a follar. Esto también pasará. Afortunadamente quedan amantes amigos o amigos amantes que son un santoremedio para esa extrañeza. Y los demás, cágate en su puta madre a la mínima que te sientas rara, vomita tu mierda sobre el mundo; hiérelos, acósalos, destrózalos, pero que no salgan indemnes. Hay algunos hombres buenos en el mundo y luego un estercolero patriarcal por exterminar, lo haces por ti y por todas tus compañeras.

Buscarás explicaciones, que no son explicaciones sino tu manera de culparte; incluso aparecerá una letanía cristiana del karma, “ a las emparejadas no les pasa” “ a las castas no les pasa” “ si yo hubiera estado así o asá esto no hubiera pasado” “si no hubiera dejado a X esto no hubiera pasado”, “si no hubiera dado a entender…” “si yo me hiciera respetar…” BLA BLA BLA. Mentira.  Has decidido ser libre. Has decidido acostarte con muchísimas personas. La gran mayoría han sido buenas experiencias, algunas han sido rancias y luego esta esto No es una cuestión de causa. Es una cuestión de estadística. Lo que pasó me zarandeó, pero no me destrozó, es raro pero aprendes a distanciarte un poco de lo que ocurre en el cuerpo. Sabes que puede haber momentos en que tu cuerpo no sea libre pero que por dentro siempre lo serás y quizás siempre lo fuiste.

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No quiero vivir eternamente resentida porque entonces me convertiría en alguien que no soy y que no quiero ser, que es lo que en el fondo, estos hombres que no aman a las mujeres, quieren. No es culpa tuya. No es culpa nuestra. No es culpa de todas las compañeras a las que he visto maltratadas, insultadas, sacadas de la cama, perseguidas, acosadas , por todo estos fantásticos tipejos del activismo con su chapita feminista y con la lengua de Torquemada. Pero tampoco quiero ser una ingenua; están ahí, existen, algunos se sentarán en vuestras oficinas, en vuestras cenas de Nochebuena , en vuestras asambleas y colectivos. Están ahí. No nos quieren libres y por eso actúan a la desesperada. Porque la violación es el acto desesperado de una dominación en vías de extinción.

Se quien eres, ama lo que amas y abraza todas las formas que puedas la venganza. Eres una justiciera, no una víctima. Las víctimas lloran, las justicieras se hacen dueñas de sus lágrimas.

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Pongo mi correo a disposición de quien lo necesite para este tema:

bovarista87@gmail.com 

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