Unidos Podemos: sin vuelta atrás.

En este año de andadura electoral he tenido la oportunidad de compartir mis comentarios y análisis sobre discurso y comunicación electoral con compañeros que tiene una larga trayectoria política en otras organizaciones y que han añadido a mi visión más discursiva, un análisis político que se ha ido haciendo  hábito y  costumbre, cuando no una tertulia salvavidas en tiempos de espacios angostos para los sueños y el idealismo. Con su permiso, comparto la última reflexión de uno de ellos. 

Se cierra un ciclo en el que hemos fracasado políticamente porque no hemos sabido desempatar y liderar el cambio político progresista que se inició en las plazas de nuestro país el 15 de mayo de 2011. La multicausalidad -contradictoria en muchos casos- tiene como raíz una hipótesis principal: no estábamos preparadas para gobernar. O esa era la imgen que inconscientemente se proyectaba. A la estrategia política retórica le ha faltado la autoridad que nos daba poder: nuestro programa propio.

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Si en Ciudadanos se sabía su “medida estrella” (el despido libre o su eufemismo en la neolengua: el contrato único), ¿cuál ha sido el nuestro? La demostrada incapacidad material de abarcar un “todo” en abstracto debería gestionarse con la alianza de personas -con diferentes ideologías- pero bajo un programa político conjunto para el país. Ese es el reto de la confluencia y esa es su contradicción a superar. Ha faltado concreción política en una campaña sucia donde Podemos era el enemigo común a destrozar. Con la confluencia hemos ganado y hemos perdido. Ganado al asumir una demanda histórica de nuestro electorado potencial a medio plazo y perdido porque no ha existido como tal y se ha convertido en la temida “sopa de siglas”.

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Sin embargo, la vuelta atrás no debería contemplarse. La confluencia ha venido para quedarse y sobretodo mejorarse. Resulta paradójico que el discurso transversalista y el hiperidentitarismo de la caspa de IU (Gaspar Llamazares) se NECESITEN: forma disputa por un relato que no transforma ni supera conflictos. Partiendo de la hipótesis de que son necesarias categorías que existan para poder ser capaces de explicar nuestro proyecto sin ser esclavas de las mismas. Es necesario seguir asumiendo contradicciones. Es necesario mirar al presente. Es necesario construir partido

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UNIDOS PODEMOS: EL SÍNDROME DE ANÁLISIS-PARÁLISIS

 

A veces hay que apostarlo todo al rojo,

aunque luego salga el negro

La Tregua, Mario Benedetti. 

No soy politóloga. No soy periodista. No soy socióloga. Aprendí en el instituto que  la licenciatura más útil de la vida es la mundología y por eso estudié Comunicación Audiovisual. La mundología es el arte sutil de intuir mediante el olfato lo que ocurre en el aire, es el saber que relaciona las causas aparentemente alejadas entre sí. Creo que hay que reivindicar la mundología  ante la proliferación aguda de analistas que con mucha erudición y grandes disertaciones intelectuales han venido diciendo que la causa del “no sorpasso” de Unidos Podemos se debían a  una cosa y la contraria  en distintos medios digitales, radiofónicos y televisivos desde el pasado domingo.

Me pregunto si esta proliferación no será  no tanto un síntoma del aumento del espíritu crítico de nuestra sociedad,  como un reflejo de la necesidad obsesiva por controlar la realidad. Pero la producción masiva de corrientes de opinión y la verdad no tienen porque ir de la mano. Ya advertía de esto Niestzche en Consideraciones Intempestivas. Para hallar la materia de la que está hecha el presente hay que distanciarse de él. El hombre intempestivo requiere de una observación extemporánea, de una lucha contra el fervor de lo actual, de un apartarse de la corriente del río y ver pasar los troncos. El diagnóstico de hoy tiene marcada a fuego su fecha de caducidad, mañana será pasto de lo inservible cuando otro acontecimiento que no esperábamos desborde nuestras expectativas y nos deje sin explicaciones.

 Los análisis que estamos leyendo se están haciendo en clave retrospectiva, al estilo del cenizo del pueblo que siempre tiene un “ya lo venía diciendo yo…” en la punta de la lengua y que no buscan profundizar en las causas del resultado electoral del 26 de Junio, sino confirmar posiciones de poder dentro de las organizaciones. Y esto ocurre justo en un momento de cristal, en el que está en juego la credibilidad del proyecto que nos hizo saltar de los sofás a las plazas, de las plazas a las calles y de ahí a las instituciones. Los que ayer transigían con la Unidad Popular, hoy dicen que la Unidad Popular es el problema y  los que ayer compartían emocionados los vídeos de la ingeniosa campaña electoral de Unidos Podemos, dicen que el mensaje de la campaña era “hueco” y “superficial”.

Demasiada argumentación interna, demasiado repliegue narcisista disfrazado de acrobacia intelectual, demasiado artificio ideológico ponen en evidencia a una izquierda que sigue sufriendo  la peor de sus enfermedades: el infantilismo. Si de verdad nos hemos hecho mayores tendremos que asumir que nadie puede asegurar cuál ha sido el factor determinante que ha desencadenado los resultados del 26J. Habrá que asumir que hicimos una apuesta electoral .Una apuesta política. Y que la hicimos todos los que apoyamos  el proyecto de Unidos Podemos.

Los que no veían clara la Unidad Popular y los que insistieron en ella. Los que preferían la polarización ideológica pero apostaron por la campaña transversal.  Los que no se identificaban con el tono moderado de las intervenciones de Pablo Iglesias  y aun así le votaron, los que veían en Pablo Iglesias a un líder poco sensato, descamisado y melenudo, y aun así, también le votaron. Los que asumieron desde una gran altura histórica  que la abstención activa era una práctica que podían guardarse para otra ocasión porque el momento merecía esa concesión de su parte. Todos.

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Según el principio de incertidumbre de Heisenberg el observador modifica lo observado: la intoxicación de análisis, tribunas, artículos y declaraciones contradictorias entre sí condicionan la propia situación de Unidos Podemos. Escriben un relato que se ha ido desmadejando desde el domingo como un rosario de derrotismo, martirio y autoflagelación. En este sentido, la convulsión urgente del presente puede hacernos confundir lo conquistado con lo perdido.

 La izquierda arrastra toda una tradición de culpa judeocristiana fruto de haber sustituido algunos de los atributos de la religión que exige de pugnas y vetos, de justificaciones y acusaciones, de tesis y antítesis. Ya sé que el paraíso de la liquidez y las postmodernidad no es un territorio más halagüeño. Pero habrá que buscar respuestas sin caer en el cainismo, habrá que ser generosos sin caer en la complacencia y  sobre todo habrá que hacer callo ahí donde todavía escuece con demasiada inocencia la herida del ego y el moratón del orgullo herido. Porcentajes objetivos y análisis demográficos y demoscópicos, que no supieron prever el resultado, buscan a la desesperada esquivar una de las cuestiones más dolorosas de la existencia: en todo fragmento de realidad hay una variable de indeterminación que puede afectar a la totalidad del conjunto.  

Quizás esa variable estaba en nuestra mirada. Quizás nunca existió  ese afuera con el que dialogábamos alegremente. Quizás el miedo nunca llegó a cambiar  de bando. O lo hizo  a medias, con un pie en cada orilla como corresponde a todos los períodos críticos. 

Decía Mario Benedetti : De dos cosas debe cuidarse el hombre, de la derecha cuando es diestra, de la izquierda cuando es siniestra. Y es que una diferencia fundamental entre un mundólogo y un analista es que un analista no es capaz de detener su producción descomunal  de  análisis, ni siquiera cuando se da cuenta de que  le esta perjudicando.

Este mal es muy conocido entre el mundo de los intelectuales, pensadores y  doctorandos;  se llama “síndrome del análisis-parálisis”  y se produce cuando una situación o proyecto  requiere el doble de tiempo de análisis que de acción,  se activa un cortocircuito en el sistema por exceso actividad analítica que exige de un sobresfuerzo mental. Es como si el cerebro hubiera decidido quedarse a vivir en el mundo de las ideas de Platón y se resistiera con todas sus fuerzas a poner un pie en la cotidianidad.

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El análisis-parálisis puede ser fatídico para un organismo político, no digamos para un organismo viviente, porque imagínate a esa persona teniendo que analizar cómo se ducha o qué estrategia es las más transversal para ir a la cocina. En esa coyuntura no hay manera de diferenciar la verdad del ruido. El individuo se tambalea. Tiene que reaccionar, pero como depende de  las conclusiones de su análisis es incapaz de hacerlo, y cuanto más incapaz se siente de reaccionar más inseguro es y más análisis genera su inseguridad en  un proceso infinito de retroalimentación que puede durar toda una vida.  O acabar con ella. 

No queremos que esto le pase a Unidos Podemos. Queremos salir de esta. No sabemos en qué nos equivocamos. Y tampoco podemos colocar el cartelito  de “to be continued“. La cuestión está en saber si desde Unidos Podemos pueden empezar a reconstituirse hacia adelante o si aceptan ser una versión postmoderna de la izquierda tradicional narrándose a si misma a través de flashbacks. Si hay ideas, empuje y análisis para lo que queda por luchar con 71 escaños. Ni uno más. Ni uno menos. Y si recuperamos el hilo de Ariadna que nos recuerda quiénes somos o si le permitimos que el enemigo nos haga luz de gas con sus propios miedos y se cuele hasta en lo más profundo de nuestras entrañas para confundir nuestra voz con la suya como ocurre en todas las relaciones de maltrato psicológico.

En esos casos uno de los miembros de la pareja confundida por la dialéctica del compañero  llega a dudar de si misma ¿Será mío el problema? ¿Me faltará un proyecto de país? ¿No habré sabido seducir al electorado adecuado? Pero siempre llega el día en que el enemigo se equivoca de estrategia. Alza el tono de voz más de la cuenta, utiliza un lenguaje menos sutil que de costumbre y se delata a si mismo. ¿Sabes cuál tu problema? Que crees que puedes llegar aquí y hacer lo que te de la gana. Quizás entonces miles de ojos se abran y quede al descubierto la mascarada, y quizás por primera vez en mucho tiempo todos los mundólogos del mundo respondan al unísono: 

-Exactamente, exactamente

Anatomía de un 26 de Junio

Nadie gana, 

un bando pierde más lentamente.

(The Wire)

Una vez hallado el muerto. Sólo queda disecionar el cadáver . Arañar la corteza: las causas de la muerte . En el caso del resultado electoral de esta noche los análisis son variopintos y casi todos contradictorios. Y aún a riesgo de jugármela por impulsiva y precipitada he decidido exponerlos un poco  porque necesito ordenar y compartir estas ideas:

¿Qué ha pasado?

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Las encuestas daban a Unidos Podemos un sorpaso en votos y en escaños que superaba en cuatro puntos al PSOE y se situaba en las últimas encuestas sólo a 3 puntos del PP. Las encuestas a pie de urna aún acrecentaban más el avance de la candidatura, confirmando una debacle histórica del PSOE. Pero a la hora de llegar el escrutinio real, las encuestas nos situan con 69 escaños y al PSOE con 83. La realidad es que con 72 escaños Podemos ha perdido más de un millón de votos respecto al 20D y ha frenado la tendencia ascendente que venía afianzando desde las elecciones europeas, manteniendo un claro hilo de continuidad con el proceso transformador que abrió el 15M.

  • Una de las hipótesis  va a ser sin duda, que la unión con Izquierda Unida no ha jugado a favor de la formación morada. No estoy de acuerdo. La unión de los dos partidos ha posibilitado que Podemos con la candidatura mantuviera al menos el mismo resultado electoral en escaños que el 20D, el efecto ha sido ilusionante para la gente menor de 30 años y para muchos votantes de IU de toda la vida. Más que plantearse qué habría ganado Podemos sin IU, habría que preguntarse  qué habría perdido, a los resultados de Ciudadanos basta remitirse.
  • Política de pactos: El desgaste de la legislatura fallida ha pasado factura a todos los partidos que se vieron inmersos en la negociación y ha beneficiado al PP. Podemos creyó salir indemne de esa lucha con la polarización estratégica de la campaña y por no haber entrado en el pacto Sánchez-Rivera pero salió mal. Las bases le dieron su apoyo, pero el relato mediático del oponente se encargó de situarlo en el epicentro de  la culpa de la repetición de elecciones. El voto ha sido de castigo para todos los partidos que no supieron manejar los pactos tras el 20D.  Las nuevas formaciones, como Ciudadanos y Podemos son más endebles que los grandes partidos con una estructura fuerte, pues la sensación de falta de solidez aleja al electorado volátil que ante el mínimo titubeo rectifica volviendo a “lo malo conocido”. La cuestión es saber si además del voto volátil, parte del electorado de Izquierda Unida ha penalizado la Unidad Popular o la política de pactos, absteniéndose o votando al PSOE. Por las redes circulan esas hipótesis. Podemos debería considerarlas, yo no creo que ese porcentaje de voto sea tan relevante, sinceramente.
  • Campaña del miedo: Los poderes fácticos han jugado una guerra sucia contra Podemos en todos los terrenos, utilizando aparatos estatales e incentivando la búsqueda de información que vinculara a la formación de Pablo Iglesias con Grecia, Venezuela, regímenes totalitarios, comunistas etc. Pero también es cierto que esto no es nuevo. Es la misma campaña de desgaste a la que se vio sometido el partido en anteriores ocasiones y no sirve para desarticular un voto masivo. Cuánto dpermeable es la población a este discurso es algo que hay que medir, investigar y analizar con los medios sociológicos necesarios. Mi impresión intuitiva es que esta campaña del terror no moviliza tanto voto.

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  • Brexit:  El Brexit ha jugado un papel trascendental. Ha sido nuestro 11M. Ha acelerado el mecanismo ancestral y intrínseco al ser humano que tiende a conservar lo que tiene cuando lo siente en una abstracta y difusa sensación de peligro. O como diría alguna amiga mía “ en tiempos de tormenta, no hagas mudanzas“. ¿Pero qué es el Brexit en realidad ? ¿Y por qué nos ha jugado en contra? Primero por la sensación de desorden general y por la  incertidumbre económica y política,  segundo por la idea  de que la ciudadanía puede tomar con su voto decisiones irrevocables que van en su propia contra, lo cual genera un sentimiento ambivalente incluso peligroso hacia la propia concepción de democracia y en consecuencia hacia el cambio. En tercer lugar por el tratamiento mediático que se ha hecho del mismo por  prensa, radio, y televisión, identificando el discurso populista xenófobo que ha llevado a Inglaterra a salir de la Unión Europea con el populismo de Podemos, y por ende, con el miedo a las mismas consecuencias
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  • Encuestas: Que se nos ha ido la olla con las encuestas un hecho que hay que analizar en profundidad. Vivíamos hace una semana en el país del CIS y hemos amanecido en el país  de Cospedal. ¿Cómo es posible que el margen de error fuera tan amplio? Aquí caben dos lecturas, que la cocina de las encuestas estuviera hecha con premeditada intención, es decir, condicionar las expectativas de voto de Unidos Podemos y movilizar el voto de los oponentes o como decía Ivan Redondo “activar el código rojo” o bien porque haya un voto oculto, pero un voto oculto de dimensiones considerables.  Nolle Neuman ya explicó en los años cincuenta cómo se consolidan las corrientes de opinión   a través de la teoría de la espiral de silencio. Tras  varios experimentos la politóloga observó que los sujetos que mantenían  posiciones menos dominantes tendían a silenciarlas . Por lo tanto su grado de distribución de opiniones favorables a una idea política o de adscripción a un partido será proporcionar al grado de aceptación social que esa idea tenga en la sociedad.  La polarización PP-UP de la campaña, en términos de UP-PSOE, ha podido crear espirales de silencio respecto al voto socialista, un voto que se ha presentado durante toda la campaña como perdedor mientras que las expresiones de UP han sido más visibles precisamente por su percepción mediática de ganadores. Mirad cómo pintaba el CIS. 1465458002_412746_1465469091_miniatura_normal
  • Campaña: UP ha hecho una de las mejores campañas electorales de la historia de la democracia y desde luego, su mejor campaña. Ahora, cabría preguntarse si era el mejor relato dadas las circunstancias. Porque hasta aquí habríamos analizado factores externos del 26 J que dependían de la coyuntura. Pero también hay que reflexionar sobre los factores internos. Por ejemplo: un error considerable ha sido poner la campaña en función de las encuestas. Las encuestas daban sorpaso y la campaña se centró en el sorpaso.

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  • Pero eran encuestas burbuja y por lo tanto a mi entender, la campaña se centró en un objetivo burbuja: movilizar a un electorado “indeciso” “transversal” que quizás ya tenía silenciosamente decidido su voto. ¿En qué se aprecia esto? En el perfil bajo y conservador de las intervenciones o en el tono moderado de Pablo: su intervención en el debate a cuatro fue poco memorable, como si se quisiera transformar a Pablo en una suerte de Pablo Iglesias  light que no acaba de contentar a unos ni a otros. Daba impresión de que la polarización con el PP situaba a la formación en un punto de comodidad y sobriedad, de constante contención,  como si no tuviéramos “hambre de terreno de juego”, o peor como si no supiéramos reconvertir el pasado de fierecillas o caballos salvajes en un discurso emancipador, contagioso, fuerte
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Se ha apreciado un discurso dubitativo, demasiado focalizado en ganar en lo externo,en ese voto indeciso que podría haber dado el sorpaso. Era una estrategia correcta, pero las cartas con las que jugábamos no eran reales, y al descuidar el discurso interno quizás se hayan perdido votos o el efecto multiplicador necesario e nuestras propias filas. La doble línea discursiva ha generado   confusión en el cambio constante de slogans: sonrisa, patria, gente. Todo en los spots y en el relato derrochaba  creatividad, ingenio, talento, pero ¿se puede hacer patria sin la patria? ¿se puede hacer pueblo sin el pueblo? ¿se puede convertir un proyecto transformador en un anuncio de Ikea?

Y todo esto ¿para qué? Para lo que yo creo debe ser uno de los puntos más importantes de reflexión dentro de Podemos. 

  • ¿Se ha cerrado un proceso que empezó en el 15 M? ¿Se abre otro? ¿Ha llegado Podemos a su techo electoral? ¿Qué organización queremos construir? ¿Se ha agotado la estratégica nacional popular? Son preguntas que lanzo al aire. Por ejemplo, si Podemos quiere resistir con más fuerza el embate mediático, si quiere ser menos débil en la disputa de significantes importantes como: patria, democracia y libertad, quizás debe dejar de concebirse a si mismo como “una máquina de guerra electoral” y empezar a plantearse en serio, no como un mero adorno,  que la vía electoral tendrá que conjugarse con la lucha social, comunitaria y asociativa. Que al pueblo se le conquista siendo pueblo. Y que es imprescindible que las reivindicaciones que nacieron en las plazas de mayo de 2011 arraiguen y se hagan realidad en proyectos, cultura, tejido social, barrios, asociaciones de vecinos, movimientos ecologistas, feministas, pensionistas, desahuciados, sectores laborales aquejados por la crisis, autónomos, precariado, inmigrantes etc. Otro asunto clave es que tiene que descentralizarse y apostar por una organización local fuerte y no dependiente de la cúpula madrileña, porque allí donde lo ha hecho es donde mejor le ha ido. Es una estrategia lenta y desde luego no es una máquina de conseguir votos, pero  es la manera de crear un cuerpo sólido detrás de un slogan bonito, una militancia comprometida con un proyecto de mundo, de vida, de país.

Un proyecto que se preocupe menos por Juego de Tronos y más por The Wire. 

Ahora bien, no es momento de victimismo ni de derrotismo, no es el momento de abrir una brecha interna por la que se cuele el enemigo, no es el momento de aparecer como caballos apaleados ante los medios, ni de conceder una victoria discursiva a los que nos ignoraron en las plazas, nos apalearon en las calles y luego nos ningunearon en las instituciones. Seguimos llamando a las puertas del cielo. Como se dice a sí mismo Homero en un momento de la Odisea “Aguanta corazón, que ya viviste peores sufrimientos” 

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Una patria tan pequeña

La semana pasada dejé unas horas el estudio de la España contemporánea que me estaba aburriendo soberanamente, para grabar un programa sobre los exilios y la poesía con la voz de Silvia Pérez Cruz como hilo conductor. En ese momento sentía que los datos acumulados sobre bienios negros, partidos políticos y discursos caducos estaban completamente alejados de mí. Estudiaba una realidad que me resultaba, he de decirlo, un coñazo al que conseguía restar bastante indiferente.

La idea que me llevó a grabar el programa fue comprobar que estamos reflexionando poco sobre el exilio económico o que hemos creado una categoría soft, blanca y más amable para designar a los 2,1 millones de españoles que han abandonado España desde que empezó la crisis económica. Cifra que se acerca al número de emigrantes que se marcharon de Irlanda entre 1850 y 188o en la conocida hambruna de la patata.

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De pronto me encontré con la versión de Corrandes d’exili de Silvia Pérez Cruz y todo cambió. Investigando sobre la canción descubro que  el poema pertenece a un autor catalán sobre el que jamás había leído nada ; Joan Oliver, apodado Pere Quart,  autor de obras de teatro como La Fam sobre la lucha entre republicanos y anarquistas en la Barcelona de la guerra civil. Descubro también que su actitud poco complaciente con las autoridades de nuestra recién estrenada democracia, a la que Joan Oliver regresa tras un largo exilio,  lo relegan a un ostracismo intelectual. Y que la canción de Cruz responde a una primera versión musicada del poema que elaboró Lluis LLach. Y lo que dice Llach al respecto de Joan Oliver me hace darme cuenta de lo mema y absurda que soy al no comprender que la historia no son las cifras, no son los hechos, no son las siglas, no es una crónica ni un suceder de circunstancias. Son los sentimientos subterráneos que nos unen al tiempo que vivimos, ese tiempo que está conectado con hilos de alientos invisibles al tiempo que vivieron otros y que nos hace repetir dolores similares con otros nombres y otras siglas y otras fechas. 

Y hoy la Silvia Perez Cruz que se retuerce cantando les Corrandes d’exili tiene quizás motivos para gritar los exilios que  nos niegan. Porque la patria no sólo es añorada  por los que se van,  son los que se van  los que se la llevan. Es tan pequeña la patria que cabe en el cuerpo de una sola persona, en unos ojos o en la forma particular de pronunciar una palabra .En cuántas personas vivimos divididos cuando queda la identidad atravesada de distancia. 

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“Yo un dia estaba en un café de la Travesera de les Corts delante de un hombre increíble. Yo estaba delante de él como quien contempla a uno de esos dioses antiguos que son unas imágenes fantásticas de irascibilidad y de ternura, de genio, de sensibilidad. Era el Joan Oliver, el Pere Quart, lo encontré viejo, bastante viejo, con el pelo blanco y largo. Una voz profunda, que cuando decía lo que tenía, a quien se lo tenía que decir, sobre todo a la gente pública parecían cuchillos que cortaban. Por eso quizás es un poeta no suficientemente valorado por la cantidad de obra  que nos ha dejado no sólo a nivel poético, sino también a nivel de teatro, literatura y traducciones y muchas cosas. Por eso yo le pedí musicar uno de los poemas que yo pienso que es uno de los documentos, aunque es una palabra un poco extraña al hablar de poesía, pero el Joan Oliver fue uno de esos viejos republicanos, en su tiempo jóvenes, que habían atravesado la absurda ralla de la frontera perseguidos por el fascismo.

Sabiendo que iban hacia un campo de concentración a Francia y sabiendo que a eso le seguirían aún más campos de concentración, como para muchos fue. Sabiendo y teniendo el sentimiento, injusto seguramente, de que no habían defendido bien su tierra, su país . Sabiendo que habían perdido la libertad y todo aquello por lo que habían luchado siempre. Y el Pere Quart, el Joan Oliver, escribió aquel mismo día este poema y nos ha dejado un documento extraordinario . Pienso que durante tantos años, tantos siglos, millones y millones de personas hubieran dicho quizás sus mismas  palabras si   las hubiesen encontrado.” 

Corrandes d’Exili de Joan Oliver, Pere Quart

Una nit de lluna plena
tramuntàrem la carena
lentament, sense dir re.
Si la lluna feia el ple
també el féu la nostra pena.

L’estimada m’acompanya
de pell bruna i aire greu
(com una marededeu
que han trobat a la muntanya).

Perquè ens perdoni la guerra,
que l’ensagna, que l’esguerra,
abans de passar la ratlla,
m’ajec i beso la terra
i l’acarono amb l’espatlla.

A Catalunya deixí
el dia de ma partida
mitja vida condormida;
l’altra meitat vingué amb mi
per no deixar-me sens vida.

Avui en terres de França
i demà més lluny potser,
no em moriré d’enyorança
ans d’enyorança viuré.

En ma terra del Vallès
tres turons fan una serra,
quatre pins un bosc espès,
cinc quarteres massa terra.
“Com el Vallès no hi ha res”.

Que els pins cenyeixin la cala,
l’ermita dalt del pujol;
i a la platja un tenderol
que bategui com una ala.

Una esperança desfeta,
una recança infinita.
I una pàtria tan petita
que la somio completa.

Programa Cartas desde la Antártida: Exilios poéticos, Silvia Pérez Cruz.
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La Novia, Lorca y Podemos.

Todo amor que no sea una pasión furiosa y trágica debe ser erradicado del teatro;ha llegado la hora de reformar la tragedia y de purgarla de amoríos insípidos . (Voltaire) 

Decía Paula Ortiz, directora de La Novia, que las tragedias nos sitúan ante las grandes fracturas individuales y colectivas: “Estamos en un momento de derrumbe y reconstrucción en el que es necesario retomar esos relatos. Lorca nos cuenta esas tragedias y nos obliga a hacernos preguntas de nuestra identidad cultural de manera muy esencial.”

La Novia, no sólo es un elogio de la belleza, no sólo es una encarnación física, táctil, telúrica de cada verso  de Bodas de Sangre, es una  obra que permite reconstruir los puentes entre Lorca y las nuevas generaciones a través del  lenguaje  atemporal de todas las tragedias: las grandes pasiones. 

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En su crítica de la película La Script dijo que La Novia, estrenada poco antes de las elecciones, nos mostraba la fractura de una España (la novia) dividida entre dos jóvenes pretendientes: el novio, el yerno que toda madre querría para sus hijas (para garantizar la perpetuidad del status quo, Albert Rivera) y Leonardo, el amor-pasión, el amante temido por las madres pero deseado por las hijas, imprevisible, romántico y soñador (que vendría a representar a Pablo Iglesias)

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En aquel entonces la cosa parecía que se dilucidaba entre los dos jóvenes partidos emergentes, pero la situación actual requiere de una reinterpretación del argumento de la película. Además de los dos jóvenes pretendientes, uno inocuo y aburrido, y otro pasional e imprevisible, tenemos al novio de toda la vida que no ceja en su empeño de dejar a la novia soltera aunque sea a través de intentos de matrimonio fallidos y escenas teatrales de toda índole. Es el novio-celoso, el PSOE; la novia ya no es suya y escenifica en la tragedia toda serie de nerviosismos y alianzas torpes propias de quien ha perdido el control de la situación y la atención de la amada. 

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Frente a el, tenemos al padre de La Novia: el PP, su única baza en la tragedia es la experiencia política pero ambas las hace valer para anular  la elección de La Novia a la que atormenta con miedos infundados y teorías conspiranoicas con tal de  mantenerla secuestrada en su casa. Y ya de paso que planche y friegue los platos. La Novia así, confundida entre tanta información interna y externa, cegada por tantas contradicciones no sabe qué hacer. Ella querría dejarse llevar por la pasión, pero la fama que precede a Leonardo la atemoriza. No sabe si llegado el momento cuando Leonardo tenga que adquirir un compromiso matrimonial  serio y formal, estará a la altura de las circunstancias. 

¿Qué debería hacer Leonardo para evitar un desenlace trágico en nuestra historia?

-Apostar por su mejor baza: la pasión “Callar y quemarse es el castigo más grande que nos podemos echar encima” … no intentarlo, no ponerle a esto toda la pasión, culpar al destino, no parir con todas nuestras fuerzas un nuevo proyecto de país es definitivamente el castigo más grande que nos podemos echar encima. 

-Minimizar sus debilidades ante el resto de opositores: la juventud, la inmadurez, la falta de compromiso… “Y te sigo por el aire como una brizna de hierba”. Dejarle claro a la novia que Leonardo está dispuesto a casarse con ella, a hacer concesiones por ese matrimonio y a que por su parte no va a haber ninguna reticencia a que haya boda, por la iglesia, si es necesario. Pero que en ningún caso va a secuestrarla ni a “abrazarla cuarenta años seguidos”.

Leonardo tiene que emocionarnos. Tiene que conmovernos. Tiene que moverse como un funambulista en un equilibrio precario:  despertar los sueños eróticos  de las hijas sin dejar de ser un galán para las madres, tiene que conseguir suficientes avales para parecer un pretendiente plausible y además tiene que convencernos de que habrá boda. De que será una boda a la que valdrá la pena ir incluso para las detractoras del amor romántico. Y es el único que puede hacerlo. Algunos dirán de él mentiras, otros dirán que estadísticamente  el amor no existe, que la pasión está pasada de moda, incluso que la pasión es populista. No importa. Al final, la balanza tiene que inclinarse del lado de la pasión, porque La Novia y yo sabemos que pasiones tan intensas sólo pueden ser recíprocas. 

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¿Qué hace una campaña como yo en una coyuntura como esta?

Pero, ¿Qué es el aura? El entretejerse siempre extraño del espacio y el tiempo; la aparición irrepetible de una lejanía, por más cerca que ésta pueda hallarse.

Walter  Benjamin

Cuando todos los discursos circulan en una misma dirección puede resultar tentador seguir su curso. Especialmente si esa dirección se corresponde con la de una gran parte de la ciudadanía. Sin embargo, la audacia de los tiempos exige algo más: cambiar el rumbo de la dirección para convencer a la ciudadanía.

Ya sé  que estarás pensando: hay que ilusionar, hay que conectar, hay que convencer, ahora explícame cómo se hace eso en un espacio comunicativo en el que se ha extendido la idea de que ir a nuevas elecciones es una especie de trauma colectivo, una tragedia lorquiana de la que no hemos sido capaces de escapar, un drama del que hay que hacer culpable a alguien. El resto de partidos arrastrarán su cara de luto, de corderos dellogados insidiosos, pedirán perdón y  lanzarán el fracaso de  las próximas urnas sobre los oponente . Se impone el barroco, la culpa y la alerta roja más que nunca: Teléfono rojo, volamos hacia Caracas.

¿Cómo deshacernos de ese San Benito? En primer lugar, creemos que  Podemos no debería decir “volver a votar” o “segundas elecciones”, palabras todas ellas que arrastran la connotación de “inexpugnable fracaso”, sino como muy bien están haciendo debería referirse a las elecciones del mes de Junio como una “segunda vuelta”. Este concepto introduce otro matiz: es la segunda parte del partido, es la segunda parte del relato, no implica deshacer lo andado ni poner el contador a cero.

No es un fracaso que la ciudadanía vote. Fracaso es la LOMCE, la ley mordaza, la precariedad laboral, el paro, la desafección institucional, la corrupción . El voto no es un fracaso. Cada voto es una conquista, una afirmación, una oportunidad. Cada voto es una respuesta, una posibilidad, una decisión. Las elecciones sólo son un fracaso para quien no cree en democracia, para quien no cree en la gente y en su capacidad de inclinar la balanza, de pensar, reflexionar y decidir sobre su futuro.

Podemos es el único partido que puede mirar al horizonte sin contagiarse de esa melancolía institucional, es la formación política que ha patrimonializado la ilusión frente al derrotismo, la acción frente al inmovilismo y tras el pacto Rivera-Sánchez es el único que tiene algo nuevo que proponer, que ofrecer y que decir. Además, hablar de segunda vuelta, o de segunda parte implica decir: “nos faltó tiempo” “nos faltó muy poco”. Esta vez, sí. Y mientras otros se entreguen al catastrofismo vital, el reproche, el culebrón, la culpa, el rencor o el miedo. Podemos debe entregarse a la conquista del futuro: “ Ahora sí . El futuro es nuestro”. 

Y aquí va una propuesta musical.

Todo va a cambiar.

Podemos; campaña electoral y cine Dogma.

En los 90 se llevaba ser grunge, escuchar Nirvana, romperse los pantalones, la ambivalencia, Trainspotting, la delgadez extrema, la anomalía como norma, Kate Moss y el cine Dogma. Me consta que Pablo Iglesias es un gran admirador de Lars Von Trier, el mítico cineasta danés que alrededor de 1995 inició este movimiento de renovación cinematográfica que consistía en devolver el cine a sus orígenes: ficción sin artificios: cámara al hombro, ausencia de decorados y banda sonora: el imperio de la austeridad fotográfica mucho más allá de los límites del cinema verité de Ken Loach.

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Pues bien, estamos jodidos. Porque ya no estamos en los 90. Iniciar una campaña con la austeridad como propósito en un mundo eminentemente visual y esteticista es deslizarse por un terreno resbaladizo. En los 90 muchos críticos cinematográficos acusaron al cine Dogma de desprestigiar la imagen cinematográfica. Recuerdo un titular concretamente que se despachaba así: “Dogma95 o la cutrez en el cine”. Por supuesto quien lo escribía ignoraba que el cine de Trier y sus hermanos (Vinterbeg, Bier etc) era un ejercicio de estilo autoconsciente. Del mismo modo que los videos-selfie que hemos visto en los dirigentes de Podemos lo son. Son una manera de acercarse a la gente, de decirle: nosotros no utilizamos operadores de cámara, utilizamos las mismas herramientas que tu, nosotros no tenemos grandes grupos de comunicación a nuestras espaldas, sólo con la ayuda de un teléfono móvil somos capaces de comunicar mucho mejor que los viejos partidos con sus grandes estrategias mediáticas.

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Pero siendo honestos, la mayoría de la gente no quiere ver en la tele, o en su ordenador, cosas grabadas con un teléfono móvil, mal encuadradas, con una perspectiva contrapicada, que denotan su estética amateur, además todos estos rasgos suelen asociarse a la falta de seriedad y a la iconografía quincemayista. En ese momento lo que se ve pasa a un primer plano y lo que se escucha a un segundo y una frase tan ingeniosa como “sorpassar alPP” queda solapada por el propio medio utilizado ( si, la maldición de McLuhan)

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La austeridad no tiene por qué ser incompatible con la estética. Las campañas de Podemos ya son austeras comparadas con las del resto de formaciones, a las cifras gastadas basta remitirse, y no por ello han dejado de ser atractivas, magnéticas, pegadizas,poderosas, fascinantes:#SonrieQueSiSePuede, #MalditaCastaBenditaGente, #SuOdioNuestraSonrisa, #DarthVeider,la fuerza del cambio.

En el vídeo de la campaña de las pasadas elecciones Podemos hacía un ejercicio estético y narrativo épico en el que mezclaba la historia de los movimientos sociales con la historia de la formación política: cortes extraídos de medios de comunicación se oponían a la lucha fuera de las calles con una canción de fondo que animaba a la gente a pasar a la acción, al movimiento, a sentirse “parte de” y que concluía con una potentísima frase en pantalla: “Ha llegado el momento para el que nacimos”.

Todas las formaciones están de acuerdo en que la campaña tiene que ser más austera. Entre otras cosas esto significa que tendrá también que parecerlo. De acuerdo.

  1. ¿Cómo conseguir hacer una campaña más austera sin hipotecar la creatividad, la sugerencia, la capacidad de sorprender, la magia y el empoderamiento?
  2. A esto hay que añadirle que en  las últimas campañas electorales se distinguen dos discursos entre las fuerzas del cambio : 1, el que invita a la gente que sufre las políticas de este país a formar parte de un cambio político que le engrandece y 2, el que agradece a determinados sectores que han sufrido las políticas de este país que se sientan dignos de lo que han hecho o de lo que les ha ocurrido.

El primero es un discurso transversal y vencedor. El segundo es un discurso lastimero y derrotista.

Las concesiones sentimentales sólo sirven para contentar a la izquierda identitaria. La gente no quiere ver en su tele o en su ordenador un reflejo de sí misma, con sus desgracias y tragedias, sino una imagen de lo que le gustaría ser y una posibilidad real de serlo. Recomendaría a los encargados de comunicación y campaña de Podemos para entender esta disyuntiva ver la película “No” de Pablo Larraín, aunque estoy segura que muchos de ellos ya la habrán visto. Para cambiar Chile el publicista Renee Saavedra diseña una campaña electoral basada en un país que no se parecía en nada al que votaba el plebiscito a favor o en contra de la continuidad de Pinochet en 1988. No se  parecía, pero quería  parecerse.

Before the Rain: Podemos, estrategia electoral.

¿Cómo va a rentabilizar Podemos la nueva oportunidad que tiene delante? Por un lado, el último milagro de Compromís ha terminado de desenmascarar el bloqueo del PSOE al gobierno de coalición.  Parece poco probable que Pedro Sánchez pueda insistir en echarle la culpa de la falta de gobierno a la formación morada. Puede insistir, claro, pero sin efecto alguno. Por otro lado, las conversaciones abiertas con IU abren un horizonte de esperanza que,como bien señala Iván Redondo, puede ejercer un efecto multiplicador en el voto de izquierdas que termine de dar el sorpresón el 26 de Junio. 

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Pero también puede que este efecto provoque todo lo contrario. La cuestión es más random que nunca porque el voto es volátil, y tan peligroso es apostar por la transversalidad como por el cambio de relato. Hasta ahora Podemos ha construido su relato y su estrategia sobre la base de la “no connotación ideológica”, esto le ha permitido ampliar su base electoral a sectores de procedencia ideológica muy diversa. Cambiar el relato por el de izquierda-derecha a estas alturas puede tener muchos riesgos de cara a ese electorado transversal, incluso podría poner en entredicho la propia la coherencia del proyecto que podría tambalearse sobre la excesiva volubilidad. En un sentido o en el otro, la estrategia electoral de Podemos tendrá que decidir entre transversalidad o polarización ideológica y asumir la decisión. La simultaneidad de ambas estrategias puede ser letal, generar confusión e incluso proyectar la imagen de que existen distintos proyectos políticos dentro de la formación desplegándose a la vez. Tras cuatro meses de inestabilidad política marcados por los gestos balbucientes,  el electorado valorará las apuestas en firme y claras, no tolerará respuestas elusivas ni la liquidez programática.

Sin duda, Podemos ha sufrido, menos que las formaciones del pacto de investidura, parte del desgaste de las negociaciones y el desencanto de su  electorado, especialmente de sus votantes más polarizados.  El electorado socialista que apostó por la formación morada en las pasadas elecciones se sentirá defraudado por la dureza con la que Pablo Iglesias se ha dirigido al PSOE, por ejemplo en la sesión de investidura. Al mismo tiempo, el electorado ultraizquierdista: movimientos sociales, sectores ácratas etc se sentirá defraudado de que Podemos haya entrado al trapo de las cesiones y las negociaciones con el PSOE. Ninguna de estas dos opciones son evitables. ¿Pero cómo va a recuperar Podemos la ilusión de este electorado?  

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Una de las primeras cuestiones que debe resolver la formación es dirimir la disyuntiva entre lo urgente y lo importante, lo institucional y lo social. Podemos tiene que escenificar que sus horizontes van más allá de haber llegado a las instituciones y que sus raíces se extienden en los movimientos ciudadanos que le vieron nacer. No puede ser únicamente una cuestión de denunciar, explicar y apoyar verbalmente. Debe estar allí. Debemos ver a caras visibles de Podemos allí donde estalla el conflicto social. En las protestas antidesahucios, en la Nuit Debout, en las protestas que se han dado en Sol, por supuesto en las celebraciones del quinto aniversario del 15 M y  en los campos de Idomeni. Si la formación pasa de puntillas por lo que sucede fuera de la guerra electoral, la campaña  será retórica, no será real. No hay que menospreciar la capacidad de la gente para detectar la diferencia entre el discurso auténtico y la mascarada.

Es un equilibrio precario. Pues al mismo tiempo debe presentarse como una apuesta estable, sólida, presidenciable que cuente con el apoyo de sectores desencantados del PSOE y estar preparado para la guerra de trincheras que puede desencadenarse desde el momento en que  exista un peligro real de que su resultado electoral sea positivo. En este sentido, la formación debe aprender de la larga trayectoria de campaña difamatoria que lleva a sus espaldas y evitar algunos errores comunes: 

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  1. Si la campaña electoral gira entorno a la culpa de los pactos de investidura provocará el cansancio y el hastío de parte de ese electorado volátil. Hablar sobre el PSOE no beneficia a PODEMOS porque el PSOE ya se ha desenmascarado con sus propias alianzas. Si insiste en esa brecha, la impresión generalizada será de división, sadismo o sectarismo. 
  2. Podemos no puede tardar tanto tiempo en dar una respuesta eficaz y contundente a los ataques mediáticos que giren entorno a su propia formación. El silencio Monedero y el silencio Errejón han hecho más daño a la formación por la sospecha generada por la ausencia de ambos, que por las acusaciones en sí mismas. 
  3. Podemos debe evitar a toda costa la estrategia del repliegue. Los medios y los poderes económicos van a intentar que las entrevistas y el foco estén puestos en las fallas de la formación lo que provoca una tendencia de los miembros de Podemos a la autojustificación constante, a la exhibición repetitiva de buenas prácticas etc. En lugar de eso, Podemos debe evitar que se alarguen esos relatos sobre sí mismo. Zanjarlos cuando sea posible y poner en evidencia las contradicciones de quien los enuncia. Pasar al ataque social, en lugar de enquistarse en la defensa de la dignidad herida. 

 

 Frente filopodemita popular. (Facultad de Filosofía, Valencia). 

 

 

Cal Viva; películas para desenterrar el Terrorismo de Estado.

Se empieza por el olvido y se termina en la indiferencia 

Jose Saramago

La memoria es un gesto que obliga a iluminar habitaciones. El pasado mal enterrado, como un cadáver, volverá a reaparecer en forma de destino si se convierte en un tabú. Una de las consecuencias más liberadoras que tuvo el 15M es que permitió abrir esa habitación y dejar que penetrara la luz, el caos, el ruido necesario para interrogar  las telarañas de la historia. Casas Viejas, la guerra civil, el debate sobre la lucha armada y desde luego el terrorismo de estado y los Gal circularon por las conversaciones de las plazas, asambleas y colectivos. Se abrió un diálogo interminable con el pasado en el que no había prórroga o hipótesis que fuera censurable de antemano.

No soy tan ingenua como para creer que aquellas plazas y esta sociedad son un espejo, pero me sorprende mucho la opinión tan generalizada, incluso entre gente ideológicamente cercana, acerca de que Pablo Iglesias “perdió las formas” o “tuvo una salida de tono” “nada conveniente” en el  pasado debate de investidura,  pese a que la frase en cuestión pudiera ser cierta. El otro argumento muy escuchado es que ese caso está cerrado porque los ministros implicados ya cumplieron condena. Una condena irrisoria donde la opacidad y las medias verdades reinaron en una investigación llena de presiones a la Audiencia Nacional y donde nunca se llegó a dilucidar la responsabilidad directa de Felipe González ni la identidad del misterioso señor X. Tampoco se revisó tal implicación cuando el mismo ex presidente dijo en un medio masivo de tirada nacional, con total  impunidad, que tuvo en sus manos la posibilidad de volar a toda la cúpula de ETA. Dice Noam Chomsky que si la doctrina jurídica que se aplicó en los juicios de Nuremberg tuviera que aplicarse a las democracias contemporáneas casi todos nuestros presidentes serían ejecutados.

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La entrada de los movimientos sociales en las instituciones tiene que servir para reabrir cuestiones que no siempre van a ser toleradas por los actores políticos ni por los poderes fácticos que los encubrieron.  Ladran, luego Cabalgamos, pues  sólo así habrá valido la pena este viaje, que no consiste en una quema de puentes sino en una quema de diques, los que separan a la sociedad de sus instituciones, también estas deben dejar de ser templos oscuros con un código de etiqueta, un lenguaje de etiqueta y un pasado etiquetado. Que el status quo se resienta y mueva toda su maquinaria contra quienes pretenden desmontar las viejas consignas no sorprende, el peligro es que la sociedad civil , incluso esa parte de la sociedad civil que acaba de llegar a la instituciones, acabe comprando el discurso de “lo que se puede y no se puede decir” “de lo pragmático y lo conveniente” “de la política como arte de lo retórico” en lugar de la “política como arte de lo posible”. Toda época de transformaciones es una época convulsa. Pretender que todos los actores políticos salgan indemnes de esa convulsión es una pretensión naïf. Algunas de nuestras vidas ya no volverán a ser las mismas. Los protocolos  del ayer señores tertulianos ya no sirven.

Aquí un buen puñado de razones para temblar y esperanzarnos:

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-Lasa y Zabala, Pablo Malo. “Hay que poner el dolor a la misma altura” con esta frase se inicia una cinta que tiene más valor por su carácter testimonial que por su valor cinematográfico. La película se centra enteramente en el secuestro de los jóvenes Joxean Lasa y Joxi Zabala y sobre todo en la posterior investigación judicial llevada a cabo por el abogado abertzale, Inigo Iruin (Unax Ugalde). En su estreno en San Sebastián fue criticada por no mostrar la violencia de los atentados de ETA durante los años en que fueron secuestrados Lasa y Zabala, así como por presentar al abogado defensor de presos etarras como un héroe. Todas estas acusaciones están fuera de lugar ya que en la misma frase inicial lleva el propósito la película, entender el dolor de Euskadi es entender el dolor de un conflicto político con dos bandos. Vale la pena verla en versión original en euskera. El relato de Malo completa “la otra cara del dolor de Euskadi” el que sufrió el terrorismo perpetrado por el “batallón vasco español” y “los Gal”.

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El ejercicio del poder, Pierre Schöler. El ejercicio del poder es una película que gustará a todos los  amantes Maquiavelo y House of Cards, sólo que el personaje principal, el ministro de transportes francés, parece más bien traído a colación de La banalidad del mal de Hannah Arendt. Una mujer desnuda que se introduce dentro de la boca de un caimán, la imagen onírica con la que se abre este viaje trepidante al mundo de la política francesa, simboliza la venta del Estado a poderes oscuros que ya nada tienen que ver con la “función pública”. “400 contactos y ni un amigo”: el aislamiento, el delirio, la corrupción moral, el desarraigo ideológico y la venta del Estado a los poderes financieros y a los gabinetes de comunicación atraviesan esta disección de la película contemporánea. Muy recomendable.

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-Presidente Mitterrand (el paseante del Campo de Marte)  Robert Guediguian.- “La única forma de contrarrestar el sentimentalismo (y por ende el sufrimiento) es despreciar el acontecimiento, ser apasionadamente indiferente.” Grandes diálogos acompañan esta entrevista dramatizada entre el presidente Mitterrand, diagnosticado de un cáncer terminal  y el joven historiador a quien ha encargado sus memorias. La investigación del joven, sin embargo, no quiere avanzar hacia la elucubración crepuscular del presidente sino hacia su pasado, precisamente hacia su incierta participación en la resistencia francesa contra la invasión alemana. ¿Fue Mitterand un colaboracionista? ¿Era Mitterand antisemita, un patriota o simplemente tuvo miedo? ¿Importa? Una película magníficamente escrita e interpretada que adolece de cierta condescendencia histórica y psicológica con el personaje.

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-Il Divo, Paolo Sorrentino: El cine de Sorrentino ha insuflado al cine italiano una vida que había perdido desde la muerte de los mejores directores del neorrealismo. Aunque no se puede negar la influencia excesiva y barroca del cine de Fellini con su afán carnavalesco, también se deja entrever el influjo de Tarantino y Coppola. Sorrentino ha construido un estilo propio, delirante y realista, penetrante, sociopolítico, onírico y psicológico para hacer una reconstrucción casi vampírica del hombre que ha controlado la política italiana desde el final de la II Guerra Mundial; Giulio Andreotti. Y digo vampírica porque a pocos se les escaparan las similitudes entre el personaje y la figura de Nosferatu, Sorrentino acierta en apostar por la deformación esperpéntica para hablar de  los monstruoso: la política italiana en manos de la mafia, el asesinato político convertido en política de Estado, la complicidad de los altos cargos eclesiásticos, las redes de nepotismo y clientelismo. Y las muertes de Aldo Moro, el juez Giovanni Falcone, el fiscal Paolo Borsalino. Sorrentino dibuja a una sociedad que se ha acostumbrado a vivir bajo las órdenes de un tirano: Mussolini- Andreotti-Berlusconi donde el estado es el caos, la denuncia es castigada con la muerte y el ciudadano de a pie camina a bandazos entre la pequeña corruptela y la resignación escéptica. Para ver dos veces.

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No , Pablo Larraín. Esta es una de mis películas favoritas de los últimos años. Aunque reconozco que puede leerse simultáneamente en clave amarga y esperanzadora. Me resulta fascinante la manera en que el director chileno utiliza un elemento del pasado,el referéndum del No a Pinochet de 1988 para dialogar con el presente histórico; los nuevos movimientos sociales, esa “internacional de la democracia” que se contagió a lo largo del mundo en 2011, con n  las posibilidades y peligros de romper con un pasado instalado y aferrado al poder a través de los medios que el mismo sistema utiliza; la publicidad. Rene Saavedra encarna al publicista que diseña la campaña del “No” en el plebiscito que los sectores afines al régimen creen ganado de antemano. Saavedra diseña una campaña seductora que pondrá de manifiesto todas las contradicciones políticas inherentes a los movimientos que buscan la transformación del sistema. Es imposible no encontrar un paralelismo entre el espíritu que Rene Saavedra encarna y el asalto a las instituciones que “la nueva política” ha desempeñado en nuestro país queriéndose distanciar de la izquierda identitaria buscando un nuevo espacio político transformador pero mayoritario que ocupe la famosa “centralidad del tablero”, tremenda la escena en que las madres de la plaza de Mayo son vetadas del spot . La escena final dará pie a muchas interpretaciones sobre el resultado del proceso. 

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Díaz; No limipieis esta sangre de Daniele Vicari. Aunque no se trata de una película especialmente convincente  por el maniqueísmo de ciertos arquetipos o la falta de profundidad de los personajes, si lo es por  relatar uno de los hechos  más escalofriantes de la historia política europea de los últimos años: la represión contra el movimiento antiglobalización cuya cumbre en Génova sembró un precedente trágico en la historia de los movimientos sociales que tardarían una década (hasta 2011) en recuperarse, según me han confesado alguna de las personas que asistieron. Génova supuso un antes y un después en el propio movimiento que no llegó a recuperarse de la represión sufrida. La película no se centra en las demandas y las dinámicas intrínsecas al movimiento, sino en la violencia que empleó la policía italiana contra los activistas atrincherados  en el Colegio Mayor Díaz  tras el asesinato de Carlo Giuliani. La policía asaltó Díaz donde se hallaban activistas de todas las edades y periodistas de diversos medios internacionales, Vicari convence en la acción narrativa y en la recreación de la brutalidad policial contra la ingenuidad de los pacifistas que reciben a los caribinieri con las manos en alto. Años después la resistencia pacífica dejaría imágenes similares en el desalojo de Plaza Cataluña durante las acampada del 15M. Al valor de tratar un hecho histórico del que prácticamente ningún país europeo se hizo eco, Vicari añade material documental e imágenes reales y se enfrenta al dudoso sistema jurídico italiano que no ha condenado a ninguno de los policías que participaron en el asalto, pese a que organizaciones como Amnistía Internacional hayan calificado los hechos de la terrible noche del asalto como una de las vulneraciones de derechos humanos más graves ocurridas en Europa desde la II Guerra Mundial. Entrenar el estómago antes de proceder al visionado. 

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-Alemania en Otoño Alf Brustellin, Rainer Werner Fassbinder, Alexander Kluge, Maximiliane Mainka, Edgar Reitz, Katja Rupé / Hans Peter Cloos, Volker Schlöndorff y Bernhard Sinkel. ¿Qué será de nuestros sueños en este país desgarrado? Alemania en Otoño responde quizás al ejercicio cinematográfico colectivo de denuncia más formidable de la Historia del Cine. Al volverla a ver recientemente todavía me estremece su resonancia poética, su sustrato político humanista que va más allá de una adscripción ideológica o de una simpatía con la causa de la Baader-Meinhoff. En esta obra cumbre del Nuevo Cine Alemán, tras la muerte de los principales cabecillas de la banda en la prisión de alta seguridad de Strammheim, surge un clima de inquietud. Una parte de la sociedad sospecha que la esencia represiva de la democracia alemana se ha revelado en el “falso suicidio” de Andreas Baader y los demás,  y que la sociedad que se construya sobre los cadáveres de los terroristas sólo demuestra que no se han superado las raíces culturales del fascismo. Fassbinder hablaba de un “nazismo inextripable” en la caza del terrorista, una película que refleja una atmósfera  profundamente  melancólica  y desesperanzada, en la que es especialmente reseñable el hundimiento de proyecto de la izquierda, el grado de afectación del propio Fassbinder, quien nunca se llegó a recuperar del asesinato de la cúpula terrorista y el nivel de compromiso de los intelectuales con la sociedad de su tiempo. Hoy sería imposible pensarla, grabarla, proyectarla, pues los reptiles nos vigilan y la ley ha confundido la reflexión con el enaltecimiento. 

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La disculpa de una activista

-¿Recuerda usted que se dijera en aquella acción frases como “el papa no nos deja comernos las almejas”?

-No recuerdo la literalidad de las frases que se dijeron

Voy a intentar hablar de lo que ha pasado esta semana sin caer en los tópicos que ya han comentado el resto de tertulianos: que llevar ante los tribunales a un cargo electo por un delito perteneciente a un código pre constitucional como “el delito por ofensa de los sentimientos religiosos” es una atrocidad digna de un país predemocrático y casi pre-moderno (son delitos comodín, como el “delito por ofensas y ultraje a la bandera” que en la vaguedad de su tipicidad se convierten en una carta blanca para etiquetar todos los comportamientos contrarios a los intereses del establishment, como ocurre con el delito de “enaltecimiento del terrorismo”) ¿Nadie se ha preguntado por qué no existe un delito por “enaltecimiento del fascismo”? Para que un delito esté bien tipificado debe ser concreto en su tipo, o eso aprendí en clases de penal, todo lo contrario de lo que ocurre con los tres ejemplos que acabo de mencionar.

Pero esto ya lo sabemos. Que la causa contra Maestre obedece a una operación de la derecha mediática por intentar equiparar el juicio contra Maestre, Zapata y los tiriteros con los escándalos de corrupción que amenazan con convertir a la cúpula directiva del partido popular en una gestora, también lo sabemos. Que España sigue siendo un país pacato, laico en su confesionalidad y profundamente puritano en sus costumbres, lleno de señoras que se abrochan la rebeca y se santiguan porque una joven enseñe el torso en una manifestación y de chicas muy progres que prefieren la seguridad de tener un hombre al lado, aunque las maltrate, que probar el vértigo de la libertad también lo sabemos.

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Lo que yo no sabía es que todo esto merecía una disculpa. Me sorprende profundamente el tono pusilánime de la izquierda del cambio al escuchar a Maestre declarando ante la Santa Inquisición modernizada, que “pide disculpas ante quien se haya podido sentir ofendido” . Me sorprende que haya que achacar las acciones políticas a los delirios de la juventud. Me sorprende que la estrategia ante el caso Maestre sea la evasiva defensiva, y el ya no me acuerdo en lugar de la defensa explícita de las razones de la protesta. Me sorprende que ahora haya que disimular, o decir que no se recuerdan, los cánticos que han sido norma en todas las manifestaciones feministas a las que he ido desde que tenía 16 años:” Sacad vuestros rosarios de nuestros ovarios…” “Vamos a quemar la conferencia episcopal” Y no lo digo en tono de ultraizquierdista purista resentida que conste, lo sigo porque me parece un error político.

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Lo que hace que el gobierno de Ahora Madrid sea diferente a los demás es precisamente el pasado de sus miembros como parte activa de movimientos sociales, son sus precedentes como activistas lo que les ha dado legitimidad para representar a  una mayoría social olvidada y abandonada por la casta. Si ahora esos representantes políticos se disculpan por su pasado menoscaban las acciones que les han llevado a donde están. Si se arrepienten públicamente de acciones concretas en el momento en el que la protesta social está más penalizada y perseguida en la historia de la democracia de nuestro país, lo que están poniendo en duda es la legitimidad misma de la lucha y la protesta como herramienta política.

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Es de valientes sostener el pasado de los torsos desnudos, de las causas justas, aunque sean pequeñas, aunque sean simbólicas como la de eliminar las iglesias de las universidades públicas, con más razón si se es una representante electa. Porque eso da fuerzas a otras luchas que siguen abiertas mientras escribo esto, como las de las mujeres a las que se les negó la asistencia sanitaria durante su aborto por razones ideológicas en los hospitales públicos gallegos, siendo obligadas a parir de pie fetos sin vida, sin anestesia, en el servicio de los hospitales de Ferrol, Santiago y A Coruña.Info Noticia Aborto. Por ellas, Rita Maestre tenía el derecho y el deber de reivindicar lo que hizo y de explicar por qué se grita “Sacad vuestros rosarios de nuestros ovarios”. No con la esperanza de que este país beato lo entienda, sino con el convencimiento de que está abriendo un camino que muchas mujeres detrás de ella recorrerán. El martiriologismo no le está sirviendo al gobierno de Carmena, todo lo contrario, está debilitando la carta más potente que tenían los gobiernos del cambio, que representaban a la gente que luchaba en la calle, la herencia del 15M.

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