Una patria tan pequeña

La semana pasada dejé unas horas el estudio de la España contemporánea que me estaba aburriendo soberanamente, para grabar un programa sobre los exilios y la poesía con la voz de Silvia Pérez Cruz como hilo conductor. En ese momento sentía que los datos acumulados sobre bienios negros, partidos políticos y discursos caducos estaban completamente alejados de mí. Estudiaba una realidad que me resultaba, he de decirlo, un coñazo al que conseguía restar bastante indiferente.

La idea que me llevó a grabar el programa fue comprobar que estamos reflexionando poco sobre el exilio económico o que hemos creado una categoría soft, blanca y más amable para designar a los 2,1 millones de españoles que han abandonado España desde que empezó la crisis económica. Cifra que se acerca al número de emigrantes que se marcharon de Irlanda entre 1850 y 188o en la conocida hambruna de la patata.

1442128982_568169_1442129131_noticia_normal

 

psoe-pide-ayuda-embajadas-espana-exiliados-economicos_1_1725114

De pronto me encontré con la versión de Corrandes d’exili de Silvia Pérez Cruz y todo cambió. Investigando sobre la canción descubro que  el poema pertenece a un autor catalán sobre el que jamás había leído nada ; Joan Oliver, apodado Pere Quart,  autor de obras de teatro como La Fam sobre la lucha entre republicanos y anarquistas en la Barcelona de la guerra civil. Descubro también que su actitud poco complaciente con las autoridades de nuestra recién estrenada democracia, a la que Joan Oliver regresa tras un largo exilio,  lo relegan a un ostracismo intelectual. Y que la canción de Cruz responde a una primera versión musicada del poema que elaboró Lluis LLach. Y lo que dice Llach al respecto de Joan Oliver me hace darme cuenta de lo mema y absurda que soy al no comprender que la historia no son las cifras, no son los hechos, no son las siglas, no es una crónica ni un suceder de circunstancias. Son los sentimientos subterráneos que nos unen al tiempo que vivimos, ese tiempo que está conectado con hilos de alientos invisibles al tiempo que vivieron otros y que nos hace repetir dolores similares con otros nombres y otras siglas y otras fechas. 

Y hoy la Silvia Perez Cruz que se retuerce cantando les Corrandes d’exili tiene quizás motivos para gritar los exilios que  nos niegan. Porque la patria no sólo es añorada  por los que se van,  son los que se van  los que se la llevan. Es tan pequeña la patria que cabe en el cuerpo de una sola persona, en unos ojos o en la forma particular de pronunciar una palabra .En cuántas personas vivimos divididos cuando queda la identidad atravesada de distancia. 

Captura de pantalla 2016-05-10 a las 1.04.15

Captura de pantalla 2016-05-10 a las 1.04.21

Captura de pantalla 2016-05-12 a las 21.31.15

“Yo un dia estaba en un café de la Travesera de les Corts delante de un hombre increíble. Yo estaba delante de él como quien contempla a uno de esos dioses antiguos que son unas imágenes fantásticas de irascibilidad y de ternura, de genio, de sensibilidad. Era el Joan Oliver, el Pere Quart, lo encontré viejo, bastante viejo, con el pelo blanco y largo. Una voz profunda, que cuando decía lo que tenía, a quien se lo tenía que decir, sobre todo a la gente pública parecían cuchillos que cortaban. Por eso quizás es un poeta no suficientemente valorado por la cantidad de obra  que nos ha dejado no sólo a nivel poético, sino también a nivel de teatro, literatura y traducciones y muchas cosas. Por eso yo le pedí musicar uno de los poemas que yo pienso que es uno de los documentos, aunque es una palabra un poco extraña al hablar de poesía, pero el Joan Oliver fue uno de esos viejos republicanos, en su tiempo jóvenes, que habían atravesado la absurda ralla de la frontera perseguidos por el fascismo.

Sabiendo que iban hacia un campo de concentración a Francia y sabiendo que a eso le seguirían aún más campos de concentración, como para muchos fue. Sabiendo y teniendo el sentimiento, injusto seguramente, de que no habían defendido bien su tierra, su país . Sabiendo que habían perdido la libertad y todo aquello por lo que habían luchado siempre. Y el Pere Quart, el Joan Oliver, escribió aquel mismo día este poema y nos ha dejado un documento extraordinario . Pienso que durante tantos años, tantos siglos, millones y millones de personas hubieran dicho quizás sus mismas  palabras si   las hubiesen encontrado.” 

Corrandes d’Exili de Joan Oliver, Pere Quart

Una nit de lluna plena
tramuntàrem la carena
lentament, sense dir re.
Si la lluna feia el ple
també el féu la nostra pena.

L’estimada m’acompanya
de pell bruna i aire greu
(com una marededeu
que han trobat a la muntanya).

Perquè ens perdoni la guerra,
que l’ensagna, que l’esguerra,
abans de passar la ratlla,
m’ajec i beso la terra
i l’acarono amb l’espatlla.

A Catalunya deixí
el dia de ma partida
mitja vida condormida;
l’altra meitat vingué amb mi
per no deixar-me sens vida.

Avui en terres de França
i demà més lluny potser,
no em moriré d’enyorança
ans d’enyorança viuré.

En ma terra del Vallès
tres turons fan una serra,
quatre pins un bosc espès,
cinc quarteres massa terra.
“Com el Vallès no hi ha res”.

Que els pins cenyeixin la cala,
l’ermita dalt del pujol;
i a la platja un tenderol
que bategui com una ala.

Una esperança desfeta,
una recança infinita.
I una pàtria tan petita
que la somio completa.

Programa Cartas desde la Antártida: Exilios poéticos, Silvia Pérez Cruz.
Ir a descargar

Secret State: El mundo tras el TTIP

Ruido. Cristales rotos. Un guante que envuelve una mano amputada. Y una voz en un galés impecable que increpa al personaje protagonista: “Tu trajiste a esos cowboys”. Así empieza la mini-serie británica de cuatro capítulos, Secret State, emitida por Channel Four en 2012 basada en la novela “A very british coup” de Chris Mulin que ya fue adaptada a tv por el mismo canal en 1991 y cuyas semejanzas con esta segunda adaptación, según se deriva de la sinopsis, son anecdóticas. 

La explosión de una planta petrolífera en el pueblo obrero de Teasside, remueve los fantasmas de la guerra de Bosnia del viceprimerminestro británico Tom Dawkins, interpretado por un contenido Gabriel Bryne. A partir de aquí asistimos a una narración frenética donde se nos desvela por una parte la fragilidad de la soberanía nacional ante los intereses de la multinacional PetroFex y por otra, el riesgo de fuga de capitales y los complejos vínculos entre el sector financiero y el empresarial desbordando por completo la capacidad del Estado para gestionar la crisis de la explosión.

article-1352307316231-15cca736000005dc-626782_636x300

Secret State cuenta con algunos fallos y con grandes aciertos. Entre los fallos podemos anotar la dificultar de condensar en cuatro episodios una trama de cierta complejidad político-económica y muchos sucesos narrativos que se solapan en un mismo episodio cruzando la barrera de lo verosímil. El buenismo atribuido al personaje principal y un retrato psicológico mediano, ni  fascinante  en sus sombras, ni rico en matices le resta fuerza a una historia que de lo contrario podría ser un gran relato de la geopolítica actual.

El gran acierto de la serie es el tema. A día de hoy somos muchos los que nos manifestamos contra el TTIP, el TISA y el CETA pero la opacidad entorno a lo que implican realmente estos tratados sigue reinando para la mayor parte de nosotros. Los analistas se basan en las consecuencias legales que trajeron  tratados similares como el que se firmó entre México, EE.UU y Canadá y los informes que están circulando por parte de los europarlamentarios que están pudiendo acceder a la lectura de partes del mismo con enormes irregularidades, segmentos censurados o la imposibilidad de tomar notas durante la lectura,  como denunciaba en europarlamentario de Iniciativa Ernest Urtasun en la La Cafetera.

Secret_State_Channel_4_01

Secretísimo, opacidad, textos que se mueven en la sombra y que dirigen las sinergias entre las corporaciones privadas y los estados, remiten a una época predemocrática, anterior a la existencia de las relaciones internacionales, donde las grandes cuestiones se decidían en oscuras habitaciones repletas de humo a espaldas de quien sufría las consecuencias. La Sociedad de Naciones inspirada por el derecho británico y por los catorce puntos de Wilson quiso acabar con esta diplomacia secreta, y hoy precisamente desde  uno de sus hijos legítimos, la Unión Europea, se resucita al viejo monstruo de los tratados secretos para crear una nueva forma de gobierno; el gobierno de las corporaciones, donde las leyes estatales no puedan oponer resistencia a la omnipotencia transnacional. 

Secret State nos dibuja el mundo que sucede a la firma del TTIP. Un mundo donde la banca puede modificar leyes estatales y los tratados internacionales pueden hacer añicos los convenios colectivos.Por eso la imagen que abre y cierra la serie es tan importante. Es quizás más que una cuestión narrativa una reflexión simbólica: la que une la explosión de gas con la guerra de los Balcanes, el presente del TTIP con el pasado bélico atlantista: “Tu trajiste a esos cowboys”.