Verónica de Paco Plaza y Cría Cuervos de Carlos Saura

Si Carlos Saura quiso hacer constar el mensaje oculto de Cría Cuervos en el tema central de la película “¿Por qué te vas?” de Jeannette, Paco Plaza, el director de Verónica ha hecho lo propio con el leit motive de su  película a través de la canción “Hechizo” de Héroes de Silencio. Las dos películas tienen mucho más en común que lo que Paco Plaza ha revelado sobre las referencias que ha querido de la que para él es la mejor película de Carlos Saura “Cría Cuervos”; las de unir el terror y el realismo, la búsqueda de la auténtica expresión de la infancia y la presencia de Ana Torrent, en Cría Cuervos como niña, aquí como madre. Más allá de las convergencias en la sinopsis y la atmósfera, ambas películas tienen común un uso el terror para hablar de aquello que se dibuja incomprensible en la pupila del inocente  hasta adquirir deformaciones quijotescas. Ese terror, sólo es el pretexto subjetivo para hablar de los terrores de la comunidad , para hacer un retrato sociológico de la cultura popular en nuestra historia reciente.

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“¿Por qué te vas?” funciona como una canción fúnebre, entona el réquiem por un régimen sin cuya tutela la sociedad parecía no saber explicarse a sí misma como las niñas huérfanas que protagonizan el filme de Saura . Con los padres ausentes, Saura dibuja un fino filo en el que se confrontan lo viejo y lo nuevo. Mientras lo viejo está representado por la abuela, una mujer senil, muda y desmemoriada, pero todavía viva, que contempla las fotografías de un pasado familiar y militar glorioso mientras escucha “Maricruz” una copla interpretada por Imperio Argentina. Y  lo nuevo está representado por el grito de abandono de las niñas en su pueril rebeldía : “¿Por qué te vas, Por qué te vas?” Cría cuervos es una película que mira hacia el pasado, pero las líneas entre el pasado y el presente están difuminadas por un velo onírico que es también el que separa la vida y la muerte. Los fantasmas de Ana representan sobre todo la incapacidad de una generación para sacudirse un tiempo de encima y la inevitable impronta de ese tiempo en las generaciones venideras.

Saura retoma claramente algunas de las grandes escenas del cine de Ingmar Bergman, especialmente de Gritos y Susurros, donde se suman la familia, la muerte y la feminidad, el dolor físico y el consuelo maternal de la criada o de Fanny y Alexander donde de nuevo pone cara a cara a la muerte con la infancia. Un padre, militar franquista, que muere en la cama, como el régimen, y unas niñas que juegan con las pertenencias legionarias del padre ausente sirve de imagen poética para expresar las dudas de Saura hacia la capacidad regeneradora del propio sistema y manifiesta una tendencia continuista cuya voluntad transgresora es un sainete, un vodevil, como el de las niñas pintándose la cara para hacer cruzar levemente la frontera de lo prohibido.

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“Vámonos de esta habitación al espacio exterior…” es el estribillo del tema Hechizo de Héroes de Silencio que aparece varias veces en la película Verónica de Paco Plaza, ambientada en el barrio de Vallecas en 1991, la canción tiene una función claramente simbólica en el relato de la película, tanto en lo individual, como en lo colectivo. En lo individual expresa una realidad que ya no es evanescente, al contrario, aquí ya no se les esconde a los niños las verdades a través de la hoja de luz de una habitación entreabierta.

 

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Aquí hay familias numerosas en pisos de escasos metros cuadrados, camas plegables, madres trabajadoras, edificios de ladrillo rojo, clase obrera, rutina y extrarradio. La escapatoria en el contexto de Verónica tiene que ver con soñar otro mundo, fantástico, encantado, esotérico que se extiende más allá de este.   “He oído que la noche es toda magia…”

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La película juega con la idea del terror como frontera que separa lo familiar de lo desconocido, lo repetitivo de lo insólito, la niñez de la adolescencia. A nivel simbólico la canción de Héroes nos habla de una sociedad que ha decidido deliberadamente no mirar más al pasado: ni con justicia, ni con nostalgia. “ No querer recordar, ni siquiera el pasado, que sientes que está ,completamente agotado. Vámonos de esta habitación ….”

Con inteligencia, Paco Plaza refleja ese mundo de bares de barrio, donde la puerta al más allá, la ventana a lo prohibido, se vende por fascículos en el quiosco de la salida del colegio y la sofisticación publicitaria se reduce  a hacer rimar palabras en canciones pegadizas para productos de limpieza diseñados para amas de casa,  y por supuesto la referencia a las leyendas de Bécquer que se sitúan también, al igual que la película y su protagonista, en un territorio ambiguo entre lo real y lo onírico, lo mágico y lo justo. Verónica busca distanciarse de una realidad que le disgusta y aislarse en una extrañeza que Paco Plaza asegura que es autobiográfica. No hay romanticismo sin outsiders y no hay outsiders sin romanticismo.

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No por casualidad la película se ubica en un año clave y también fronterizo, 1991, con una España que desde luego ya ha dejado atrás las zarpas de los cuervos franquistas, pero al mismo tiempo acusa los signos de su presencia en un gran atraso social, cultural y democrático. La educación religiosa sustituye la ciencia por el oscurantismo, la religión por la filosofía. Verónica, como asegura la canción de Héroes, quiere trascender esa realidad y desplazarse hacia el futuro, lanzarse hacia una modernidad no conquistada. El espacio exterior tardaría poco tiempo en venir: las Olimpiadas del 92, la Expo de Sevilla, los fondos Feder y el Ave. Pero eso Verónica no lo sabe porque  es un ser fronterizo a medio camino entre dos edades que también son dos épocas, o como dirían los propios Héroes del Silencio: “Entre dos tierras”.

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Último capítulo: Goodbye Nicaragua

-No sé si soy traidor a una causa o no

-Yo esa pregunta me la tuve que hacer también. Y  no creo más en la fidelidad a las causas, yo creo en la fidelidad a los hombres,creo en la fidelidad a la verdad, creo en la fidelidad  al bienestar de la gente. ¿Qué es la causa?

(Último Capítulo: Goodbye Nicaragua)

En 1984 un grupo de periodistas internacionales se adentró en la selva de Costa Rica y cruzó la frontera con Nicaragua para entrevistar al líder guerrillero conocido como Pastora, quien decía estar combatiendo el sandinismo sin ayuda de la contra nicaragüense, por aquel entonces concentrada en el FDN (Fuerza Democrática de Nicaragua) y financiada fundamentalmente por la CIA con el consentimiento del gobierno de Ronald Reegan. La amenaza de una invasión americana en el país sobrevolaba de murmullo en murmullo, el país estaba sumido en una guerra de guerrillas entre los partidarios del sandinismo y los grupos de paramilitares que luchaban para impedir una nueva victoria del socialismo en América Latina.

Diez minutos después de que se iniciara la clandestina conferencia de prensa estalló una bomba que mató a 7 personas y dejó una veintena de heridos graves, casi todos periodistas jóvenes que simpatizaban abiertamente con la causa sandinista. El suceso se conoció como el Atentado de la Penca. Peter Torbiönson estaba allí. No murió. Como muchos jóvenes de aquella época había viajado a América Latina  alentado por las esperanzas que las revoluciones de los años setenta habían levantado en América Latina, una mezcla de ideología izquierdista y de hambre periodística le habían llevado a instalarse entre diversos países, entrevistarse con Castro, trasladar a guerrilleros sandinistas: ser la historia y contar la historia. Al cabo de poco tiempo, Peter se había ganado el favor de los guerrilleros que cruzaban a finales de los 70 y principios de los 80 por América Central. En 1984 el líder del cayuco que conducía a sus compañeros de la prensa por la selva ya no era sólo periodista, sino un espía del Frente Sandinista (FSLN), la comandancia del Frente le había pedido que llevara a una persona en el cayuco, un cámara que decía ser de procedencia danesa pero al que Peter siempre consideró un miembro de la inteligencia sandinista que quería conocer los movimientos de Pastora. Peter introdujo al danés dentro del cayuco pensando que hacía gala, que participaba de esta forma con la revolución que estaba aconteciendo ante sus ojos. Pero el estallido de la bomba lo cambió todo.

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Tras la explosión de la bomba,  las primeras investigaciones apuntaron a  la CIA y a la contra de la responsabilidad intelectual del atentado. Peter permaneció en silencio, había en él un sentimiento difícil, una mezcla de sospecha y de culpa que al cabo de los años se convirtió en una certeza . El resto de supervivientes del atentado vieron en Peter una responsabilidad encubierta del mismo. Peter había traído al danés al cayuco y por lo tanto no podía ser inocente. Condenado a un ostracismo impuesto por sus propias dudas, el propio Peter sabe que tuvo alguna responsabilidad en el atentado pero no hasta donde llega. Pese a que él mismo llevó al danés al cayuco, la complejidad política de aquellos días, la diversidad de enemigos que tenía Edén Pastora hizo que Peter tardara muchos años en  comprender que habían sido sus amigos, los sandinistas, los que habían puesto la bomba.

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Este documental ÚltimoCapítulo:GoodbyeNicaragua, disponible en Filmin, es la historia de Peter cuando decide volver a Nicaragua treinta años después para encontrar a los responsables del atentado de La Penca, y para esclarecer qué responsabilidad concreta tuvo en el atentado. La narración de Peter no sólo es la narración crepuscular de un hombre que al final de su vida debe enfrentarse a sí mismo, a quien ha sido y a lo que ha hecho, sino la narración colectiva de una generación y de un sentimiento : la del fracaso de la izquierda como ideal político. La fidelidad a las causas es responsable de las más ingenuas cegueras, su despertar es violento, anticlimático y sumamente amargo como el tono que se desprende de este magnífico documental: un escepticismo vital, una antimitología, una búsqueda de los valores personales por encima de los idearios masivos,  de la verdad por encima de los subterfugios, de las causas universales y de la historia oficial.

Las ideas como entes abstractos demostraron a lo largo del siglo XX que tocan dos aspectos esenciales del ser humano y extremos: por un lado la capacidad de trascender lo individual y pensar en el bien el colectivo y por otro la noción de que hay que creer en ello, apelar a la fé lo cuál implica anular al individuo, la razón, la subjetividad. 

Peter asume en su documental que la traición es el lugar al que será relegado, por disidente inconformista, crítico, molesto, solitario, apartado del curso absorbente de la historia ¿Qué más puedo decir? Las revoluciones están llenas de plazas de gente unida. La verdad está llena de callejones solitarios. Orwell lo hubiera firmado. 

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El sacrificio de los inocentes: La invitación y El año más violento

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CONTIENE SPOILERS 

En dos películas recientes que me han gustado mucho: La invitación (Karyn Kusama) y El año más violento (James Gray) tiene lugar la misma escena, los dos protagonistas de sendas películas se encuentran conduciendo y discutiendo algún asunto que tiene que ver con la trama principal de la película cuando en ese justo momento el conductor atropella a un animal salvaje que cruza la carretera . Un coyote en el caso de La Invitación, un ciervo en el caso de El año más violento. En ambos casos el suceso, lo que puede parecer un accidente fortuito, tiene efectos inmediatos en el desarrollo del argumento y en la relación de los protagonistas. La manera en que el suceso se desarrolla nos dice mucho de lo que va a ocurrir en el resto del filme y al mismo tiempo, al resolverse de distinta manera pone de manifiesto como un mismo elemento narrativo puede ser tratado de maneras completamente distintas generando sensaciones antagónicas.Una vez más este es un ejemplo de que  cuando hablamos de  cine del mismo modo que hablamos de literatura o de arte en general, no hablamos tanto de el qué nos sino del cómo.

Lo que ambas películas tienen en común es que el atropello del animal interrumpe bruscamente la conversación de los protagonistas, el juego verbal desaparece ante la urgencia de la acción. En ambos casos el animal ha quedado gravemente herido, pero aún no ha muerto. Lo que plantea la cuestión moral de evitar el sufrimiento del animal indefenso y a la vez la cuestión moral de su ejecución a sangre fía. Hay algo aquí de resonancias bíblicas, de cordero de Dios, de sacrificio de los inocentes que aparece en el Evangelio según Mateo. En ambos casos es el hombre al que se le encarga la cuestión de la matanza del animal y la resolución definitiva de la vida malherida. Sin embargo las perspectivas y el tratamiento son diferentes.

En el caso de La Invitación, el espectador sabe muy poco de los personajes ya que el suceso tiene lugar a penas acaba de empezar la película, lo cuál sirve para introducir la atmósfera enrarecida que se desarrollará a lo largo de todo el filme. La cámara nos muestra claramente y con detalles al animal herido, es decir: el animal, la herida y su indefensión tienen cierta importancia y como luego comprenderemos al acabar el filme es un símbolo anticipatorio de uno de los personajes del mismo, de la ex mujer del protagonista, Edén. La cámara nos muestra la perplejidad, temor y angustia de la acompañante de Will dentro del coche, y observamos como Will acaba con la vida del animal con una llave inglesa desde la perspectiva de su compañera, es decir la cámara se sitúa   dentro del coche. Esta ubicación no es casual, ya que desde esta perspectiva no podemos observar la cara de Will ni adivinar sus sentimientos en la matanza del animal lo que no deja de ser una imagen perturbadora. Sin duda la imagen desde la posición de copiloto de la novia es algo terrorífica, Will repite el gesto y una otra vez  alzando el brazo contra el coyote con la llave inglesa. Desde esta perspectiva el espectador consigue que observemos a este personaje con una prudencia emocional, con cierta suspicacia, una sombre se proyecta ente nosotros y el protagonista y esta sombra es fundamental para mantener la ambivalencia : paranoia/persecución  sobre la que se mantiene en un precario equilibrio toda la composición temática de la película

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En el caso de El año más violento, el suceso ocurre prácticamente a mitad del filme, por lo que ya conocemos buena parte de la trama y características de los protagonistas. Ambos, un matrimonio rico del Nueva York de los años ochenta tienen un negocio de transporte de gasolina que se ve acosado por problemas con el fisco y por una serie de asaltadores que agreden a sus conductores y les roban la mercancía. La forma de entender el negocio y la defensa es diferente en ambos casos, para él no cabe más defensa que la rectitud y la negociación, en cambio ella, hija de un famoso mafioso está a favor de incorporar las leyes del hampa en la defensa de su territorio. En mitad de la discusión nocturna se produce el atropello, el coche patina entre la nieve y logra evitar salirse de la carretera. 

Aquí, a diferencia de La Invitación, la cámara se centra en el camino que el protagonista hace hasta el lugar donde está herido el animal pero el animal, su herida, o su sufrimiento tienen una importancia secundaria, a penas aparece en pantalla en un sólo plano y tamizado por la oscuridad de la noche. Al regresar al coche, su mujer, a diferencia de La Invitación ha salido también del vehículo y le recuerda que debe acabar con la vida del animal para evitar su sufrimiento, es decir, aquí la protagonista toma un rol activo. El marido toma una llave inglesa se dirige hasta donde yace tumbado el ciervo y la cámara se detiene en esos segundos de indecisión. La mirada de él clavada en el animal moribundo y sujetando la llave inglesa, el director quiere mostrarnos su reticencia a la hora de terminar con la vida del animal de una manera tan violenta, es decir, su rechazo a la violencia como medio de resolución

 Justo en ese momento dos disparos sobresaltan los pensamientos del protagonista, la cámara se mueve unos metros a la derecha y encontramos a la joven esposa empuñando una pistola pequeña, de esas pistolas de cine noir que caben en el bolso. Aquí el disparo es toda una declaración de intenciones ¿respecto al ciervo? Si, pero no sólo, respecto a los distintos modos que ambos tienen de enfrentar los problemas empresariales. La violencia frente a la duda, la frialdad frente a la indecisión. El atropello del ciervo no tiene un sentido admonitorio o simbólico, como en el caso anterior sino que sirve para hacer visible la diferencia de posturas entre los personajes, el incidente nos ayuda a penetrar psicológicamente en sus diferencias. Así cuando ambos entran dentro del coche de nuevo no hay lugar para la palabra, no por el impacto de la matanza del ciervo, sino porque como en una jugada de cartas el juego del contrario ha quedado al descubierto. Un muro de desconfianza más helado que la noche y más grande que el ciervo sacrificado se ha impuesto entre ambos protagonistas. 

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Todos los desiertos

Emma se despertó pensando “Tu tampoco vas a saber huir. La frase la perseguía desde que había vuelto de Oriente Medio, pero era incapaz de recordar la primera vez que la había pensado o que alguien se la había dicho. Imágenes sincronizadas con los sonidos de la casa, olas que parecían cascadas diminutas, una radio lejana que emitía el último hit caribeño del verano, humedad, niños gritando, camionetas, sirenas al fondo. No, sirenas al fondo, no. Era el teléfono de Elías. Tuvo que recordarse a sí misma que estaba en España. Había aprendido en el desierto que el calor no era una cuestión de temperatura sino la silueta que deja el cuerpo en una sábana empapada. Ausencia de viento. Elías continuaba durmiendo a su lado ¿Por qué se había quedado con Elías aquella noche? Miró a aquel ser, desarmado durmiendo como duermen, pensó, los que están seguros de su propia inocencia. Abajo estaba el mar, un espacio abierto, todo el aire del mundo. Quizás no todo el aire del mundo. Pero si el necesario.

Emma avanzó con grandes zancadas entre dunas escasas y niños que cavaban grutas secretas en la arena. Repasó la imprudencia que había supuesto aquella noche y recordó el momento en que Elías le había dicho: “Tu problema es que aún no sabes diferenciar los pensamientos que te destruyen y los recuerdos que te hacen daño de los que no” ¿Qué había sido aquello? ¿Pragmatismo, un consejo, una amenaza disfrazada de buenas intenciones?

Elías alargó un brazo para buscar a Emma, pero sólo notó la humedad de las sábanas. Abrió los ojos con dificultad. Un sol radioactivo le hizo daño en las pupilas y recordó enseguida que no se había quitado las lentillas. Emma no estaba en la casa. Fue hasta el cuarto de baño y se preguntó cuánto tiempo había pasado desde que Emma se había ido. Miró por la ventana de la cocina mientras se tomaba un ibuprofeno con agua del grifo. Encendió un cigarrillo y salió al balcón. Un ejército de turistas bien provistos de intenciones de quedarse desfilaban por el paseo marítimo, a Elías le parecieron un ejército de zoombies sedientos de crema solar y calamares fritos. Se escuchaba el televisor en el apartamento de arriba, el telediario daba una noticia sobre el naufragio de una barcaza de refugiados sirios a escasos metros de la costa siciliana. Unos se pelean por entrar en el mar, otros por salir de él, pensó. No dejaba de ser paradójico que el mar fuera el mismo. Quién puede morir en un mar tan tranquilo. Las volutas de humo se condensaban en el aire lleno de salitre y arenilla.

A las nueve de la noche recibió la primera llamada. Era el guardia de protección civil. Se preguntaba si Elías podía pasar por la caseta que estaba al otro extremo del paseo marítimo. Una vez allí, un señor afable con el rostro anguloso le dio el bolso y la toalla de Emma y le preguntó a Elías si los reconocía. Emma había salido de su casa por la mañana. ¿Había comprobado Elías al salir si seguía allí su coche? No, no, claro que no lo había comprobado. Torpemente les explicó a los hombres afables y angulosos que cuando una mujer desaparecía de su cama, antes de que él se hubiera despertado, intentaba no ser exhaustivo buscando explicaciones.

Acto seguido apareció un subinspector de policía.

-Un pescador de la playa de al lado   encontró el cuerpo de Emma Arriero hace un rato, el viento lo ha debido ir escorando hacia el este. Viento de levante. Bandera Amarilla. Sin socorrista. Nuestra primera hipótesis evidentemente es que se trata de un ahogamiento fortuito, pero naturalmente tendremos que hacerle unas preguntas.

Elías no salió a fumarse un cigarrillo. Pero tampoco lloró, ni se derrumbó ni mostró consternación ante lo sucedido. Pensó que de algún modo que Emma estuviera muerta entraba dentro del orden natural de los acontecimientos. Y este pensamiento le produjo un escalofrío.

-¿Se le ocurre alguna razón por la que su amiga hubiera decidido voluntariamente quitarse la vida?

Los tubos de neón empezaron a emitir un zumbido electrónico. Elías se puso de pie con el convencimiento de que un movimiento fuerte acabaría con la sensación de irrealidad.

-Es otra hipótesis que manejamos, entiéndame, nos resulta algo extraño que una mujer se ahogue en una playa abarrotada de gente y nadie se de cuenta, nadie la vea ¿entiende?

-Entiendo…-pero Elías no lo entendía-yo no la conocía tan en profundidad como para saber…

-Pero antes le ha dicho a mis compañeros de protección civil que pasó las últimas horas con ella ¿notó algo extraño? ¿algo distinto? ¿cualquier cosa que pueda ser un indicio, que le llamara la atención?

Elías sí lo había notado. Nudillos delgados, tendones, uñas carcomidas y unas pausas meditativas en mitad de la conversación como si Emma fuera incapaz de unir las sensaciones con las palabras.

-No sé. Puede que sí, puede que estuviera ausente-dijo finalmente

-¿A qué se refiere?

– Creo que sólo se sintió cómoda al final de la noche, cuando hablamos de Siria. Hace un par de meses que volvió de allí, aunque en realidad es como si no hubiera vuelto. Algo le pasó allí. Una situación en la que pudo haber muerto.

Uñas carcomidas. Mechones de pelo en las sábanas. Elías necesitaba salir de la caseta. Fumar y vomitar. Fumar y vomitar al mismo tiempo. El subinspector tuvo la sensación de que la muerte de Emma no le sorprendía o de que de alguna manera, quizás por salvaguardar la intimidad de su amiga, estaba omitiendo elementos esenciales del suceso. Cuando dejó marchar a Elías como un perro tambaleante por el paseo marítimo, había dejado apuntado sobre el informe: probable suicidio.

Cuatro horas más tarde, una familia se presentó en comisaria. Un niño de siete años, Lucas, que estaba coleccionando conchas en la orilla recordaba haber visto a Emma antes de las once de la mañana. Lo recordaba porque ella misma le había dado una y le había preguntado si el agua estaba fría.

No, a Emma no le pareció que el agua estuviera fría. Sólo un poco revuelta. Pero qué bien la sal. Tanto cansancio. Las olas le cubrían el pecho y la melena, un sol de principios de verano hacía destellos en el mar. Emma se dispuso a hacer el muerto. Sintió que las olas la mecían y que por primera vez en algunos meses, no tenía que hacerse cargo de su cuerpo. Levitaba sobre el tiempo. Se sintió pronto presa de un trance. El niño de las conchas, ancianos que hablaban un idioma incomprensible, disparos, escopetas, pies ensangrentados en el suelo, no, pies ensangrentados en el suelo no, todo el viento del mundo ¿Cuánto tiempo había pasado? El viento y el oleaje la empujaban hacia la izquierda, las olas no parecían ir en una única dirección y estaba muy alejada de la orilla. Sintió la profundidad geológica bajo sus pies, una corriente fría subiéndole por sus piernas, el abismo marino debajo de su cuerpo mientras se movía nerviosamente para mantenerse a flote.

Evaluó sus posibilidades: si intentaba nadar contra el oleaje se agotaría enseguida. Alzó sus brazos y gritó en señal de socorro, pero desde su posición era imposible que ninguno de los turistas de la playa la viera.

Sintió por primera vez cerca la posibilidad de morir. Se impulsó con fuerza y salió de nuevo a la superficie. Su última posibilidad era que alguien la viese desde alguna casa, desde algún balcón. Fue entonces cuando se dio cuenta. Era Elías el que estaba apoyado en el balcón de enfrente. Al principio gritó pero después ya no tuvo ninguna duda. El ya la había visto.

Tenía la certeza de que la miraba cada vez que sacaba la cabeza del agua. Por qué querría dejarla morir allí. Carreteras sin asfaltar. Jamás debimos salir vivos de allí. Pies ensangrentados, camionetas, Elías sujetando el cadáver de una niña de cuatro años. Lo último que retuvo en la mente antes de perder la conciencia fue aquella frase: “Tu tampoco vas a saber huir”  Por fin lo había recordado.

Las mejores películas del 2016

-¿Yo soy una ficción?

-Si

-¿Y vos?

-No, yo soy real, y soy eterna

(Neruda, Pablo Larrain)

La tarea ha sido árdua. Pues este año se ha hecho realmente, realmente buen cine. Y eso no sucede todos los años. Películas que normalmente merecerían algún puesto en esta lista como la socialdemócrata Spotlight se han quedado en el banquillo arrinconadas por rarezas y indiadas que me han robado el corazón, la vista y la cabeza.  Muy a mi pesar, se quedan fuera de la lista Historia de una pasión (Terence Davies) sobre la escritora Emily Dickinson en el puesto 11, El regalo (Joel Edgerton) en el puesto 12 y La Habitación (Lenny Abrahamson) puesto 13. Ha habido espacio para obras de rimbombante sabor a clásico y a superproducción, y luego filigranas, piezas de orfebrería, delicatessen para paladares angustiados que son las que ocupan mis puestos de honor. Sin más dilaciones allá vamos:

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10. Calle Coverfield 10.Dirigida por Dan Trachtenberg, uno de los creadores de Black Mirror, es una película asfixiante e imperfecta que pese a un guión que se sostiene con pinzas controla con manos maestras los tiempos, el ritmo narrativo y la tensión límite de las situaciones creadas. Claustrofóbica y paradójica, esta distopia sobre un apocalipsis nuclear en el que una muchacha debe convivir en un búnker  con un psicópata y otro joven rescatado por éste, aparentando ser una familia feliz, tiene algo de bello, de artificio y de siniestro. El final no está a la altura del resto del metraje, la película gana en las preguntas  y pierde en sus respuestas. Prometen segunda parte. Habrá que confiar.

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9. La juventud. Paolo Sorrentino construye una película hermosa, triste, decadente, patética, que podría ser una especie de segunda parte de La Gran Belleza, pero a la que le han quitado el exceso de Berlusconi y le han inyectado cierta tristeza nórdica; la que habita en la mirada de Michael Caine y Harvey Keitel, mucho más sobria, más profunda y onírica que la del burlón Toni Servillo. En La Juventud hay mucho Fellini pero también mucho Tarkovsky, sobre todo el Tarkovsky de Nostalgia  (1983), hay mucho Marienbad (Resnais) y mucho tributo al arte como ese lugar en el que la vida permanece estática y la belleza se mantiene viva mientras el mundo real envejece, se pudre y muere.

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8. La Invitación. Karyn Kusama, una señora de la que no sé nada, ha dirigido una película terrible y verdadera. O quizás terrible por verdadera donde queda revelada  la incapacidad del individuo contemporáneo para hacer frente al dolor de la existencia sin construir una anestesia moral, un andamiaje filosófico y religioso  que lleva al enfrentamiento inevitable de todas las religiones:  la masa contra el individuo. La maravillosa narración en la que se desarrollan los hechos; una aparentemente inocua cena de reencuentro entre amigos, le permiten a la directora desplegar toda una serie de estrategias narrativas en las que como espectadores nos sentiremos plenamente identificados; la paranoia y la adhesión al grupo, la aparente normalidad con la que el resto reacciona a lo que nosotros vivimos como anormal y la duda perpetua  sobre la  cordura propia y la ajena construyen un enjambre postmoderno sobre la alienación en los tiempos de la autodestrucción y la autoayuda.

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7. Los odiosos ocho. Quentin Tarantino ha construido un western con influencias del spagguetti  que es una delicia visual, un juego de identidades y una lección de historia al mismo tiempo. La guerra de secesión es el trasfondo histórico que ha elegido el director en esta ocasión para deconstruir las versiones oficiales sobre el sudista malo y el unionista bueno y construir un relato en el que circulan los bajos fondos, la picaresca, las argucias y las malas artes de los cazarecompensas y bandidos .

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Ambos bandos  coinciden durante una tormenta de nieve en una taberna  debiendo velar por su propia  supervivencia que es  quizás en esencia el mito fundacional de los Estados Unidos sobre todo contado a través de la historia de la carta de Lincoln. Tarantino controla la tensión interna de este ángel exterminador con dobles identidades  y profundiza en unos personajes tan llenos de matices que sobresalen de la propia narración para imponerse sobre la misma. La profundidad de campo y el manejo de los personajes en el espacio, en una coreografía de alianzas y traiciones ambivalentes construyen un puzzle identitario que Tarantino resuelve con solvencia aunque  sin demasiadas sorpresas.

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6. The Witch . Robert Eggers dirige una de las cintas más inquietantes del año, aunque pocos están de acuerdo con situarla en el terreno del terror. La historia y la ambientación, la Nueva Inglaterra puritana de los nuevos colonos, se convierten en protagonistas legítimos de esta historia sobre la religión, el fanatismo, la sugestión, el miedo a Dios y las relaciones familiares condicionadas por la ausencia absoluta de contacto con otros seres humanos.

La película deja suficientes lagunas e interrogantes como para dar cabida a dos posibles interpretaciones; una en clave racional y psicológica, otra en clave sobrenatural. El director juega con las elipsis, el plano contra plano, el fuera de campo y los juegos de mayor economía narrativa  para que lo terrible acontezca pocas veces ante nuestros ojos más como intuición o delirio que como realidad tangible. ¿Hasta qué punto existe la bruja o es una metáfora? Son preguntas que debe responder el espectador a lo largo de un relato que basa su éxito en una gran inteligencia narrativa y en la verosimilitud de la ambientación. Eggers ha hecho un brillante esfuerzo para devolvernos a la atmósfera de 1600 a través de la desaturación del color, la iluminación con velas y todo tipo de objetos que remiten a la época y que construyen plano pictóricos como auténticas obras de  Vermeer y Rembrandt.

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5. The Revenant. Alejandro González Iñáritu. En este blog hay una entrada dedicada enteramente a esta película The Revenant: mitología subterránea de los EE.UU. Sin embargo, pese a todas sus críticas sobre la ausencia de trama y la megalomanía del director, The Revenant es una película en la que el valor de la imagen se impone en toda su grandeza. La relación del hombre con una naturaleza poderosa, salvaje  y de alguna manera divinizada en cada plano como lo podría estar en la cosmovisión indígena,  es el hilo conductor de esta alegoría que ofrece varios niveles de lectura: en el orden natural se confronta  la depredadora visión occidental en la que todo lo que hay alrededor del hombre blanco es un instrumento para abastecer su saciedad, con la violencia de una naturaleza que parece esconder sus propio orden secreto. El vía crucis de un traficante de pieles, Hugh Glass, que nos narra Iñárritu, inspirándose en las derivas existenciales de Tarkovski o Terence Malick es también el camino del mestizaje cultural entre y del sustrato cultural del sincretismo.

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4. Animales Nocturnos. Tom Ford. En este blog hay una entrada dedicada exclusivamente a esta película Animales Nocturnos; la literatura, la culpa y el castigo.  Esta película espeluznante puede resumirse en la mirada de una mujer que lee un libro y cuando levanta la mirada de su lectura se pregunta por qué su vida se ha convertido en  algo tan distinto a lo que siempre quiso ser.

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Ella, una Emma Bovary contemporánea, insomne y triste, como lo son las personas que arrastran una culpa insoportable o el deseo irrefrenable de haber sido otra persona, tras la lente de Tom Ford, ella  es un objeto estático más de su galería de  arte, simulación y atropello, tormento y angustia. El texto literario aquí es herida, una hendidura de realidad en  un presente escuálido. Un duo de vilezas que sostienen a la perfección Amy Adams y Jake Gyllenhaal. Mucha influencia de Lynch, espejismo hiperrealista,  western onírico, película crepuscular que difumina las fronteras entre realidad y ficción penetrando en la atmósfera asfixiante de la sugestión, que es ese espacio mínimo e irrespirable donde conviven el lector, el autor y el libro.

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3. Neruda. Pablo Larraín. Tras dos grandes películas “No” (imprescindible) y “El Club”, Larraín, el nombre propio del nuevo cine chileno, dirige una película cuyo título puede confundir o desconcertar al espectador. “Neruda” no es de ninguna manera un biopic sobre Pablo Neruda, ni siquiera una historia más sobre el poeta, Neruda es una película sobre los personajes que necesitan a los poetas y las sociedades que viven bajo su anonimato. Nominada a los globos de Oro en la categoría de mejor película extranjera e interpretada por Gael García Bernal y Luis Gneco la película cuenta  la persecución del poeta, al que la sociedad demoniza y a la vez admira.

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 A través de la ficción, de pequeñas novelas policiacas, de símbolos, del retrato de un inspector de policía filofascista, un hombre que se avergüenza de tener la tez negra pero se enorgullece de poder morir blanco en las blancas nieves de la Patagonia argentina persiguiendo a la figura más importante del comunismo chileno, al autor de sus poemas favoritos, quizás también  a su propio creador . Neruda como película  es un poema en sí mismo, un canto a la falsedad del poeta, ese que está detrás de todas las causas pero sólo vive para su propio arte, su propia escritura y a todos los que le inspiran y le necesitan, le escuchan y le hacen propio, al Chile del  que nacen las letras que luego se harán inmortales en los labios de media humanidad. Una película que tiene mucho de la literatura de Roberto Bolaño, especialmente de Los detectives salvajes, novela que sirve de subtexto a toda la trama y al que el director hace un guiño en el propio trailer del filme: una cacería salvaje. 

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2. The Arrival (La llegada). Daniel Villeneuve. Basada en la hipótesis del relativismo lingüístico de Sapir Worf y en el relato The history of your life de Ted Chiang, La Llegada es algo más que la Interstellar del lenguaje como muchos la están queriendo ver. Es una película sobre el lenguaje que tiene su propio lenguaje. Una puesta en escena y un uso del montaje y de la interpretación que pone en interrogante si los lenguajes nos acercan o nos alejan, si estamos cada vez más comunicados o sólo más conectados.  A los que hayáis visto la película seguro que habréis  reparado en la similitudes entre la nave con la que se comunican con los aliens y la casa de Louise, el personaje al que da vida Amy Adams.

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Ambos rectángulos están separados por un gran cristal. Toda la película se construye sobre este gran motivo visual alrededor del cual gira el eje comunicación/incomunicación. La analogía entre la nave y la casa de la lingüística es claro, ambas cápsulas aíslan a la doctora del mundo externo. En una de lo extraño (los extraterrestres), en otra de lo conocido (los humanos). Villeneuve se propuso crear una puesta en escena atmosférica que rodeara al personaje de Amy Adams en una nebulosa especial : “como si toda la película fuera un gran lunes lluvioso mirando a través de la ventana”. Si hay algo fascinante en la película es cómo Villeneuve traslada estas palabras a una realidad táctil y casi podemos sentir ese cielo plomizo caer sobre los párpados de Amy Adams a lo largo de todo el metraje. 

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La llegada no es una película sobre el destino, ni sobre el determinismo, la profecía y la fatalidad. La llegada es una película sobre el mito del tiempo y de la felicidad que es aquel en el que sólo merece la pena lo que perdura. La llegada es una película sobre la decisión de apostar por lo que no perdura, como si el único sentido posible de la vida  estuviera en la finitud de las cosas, en su ausencia de tiempo. Todos somos momentos descolgados  del tiempo, de cosas que terminaron o que en cualquier caso, terminarán.

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1.La Novia. Paula Ortiz. Soy consciente de que aquí estoy dejando que entren las vísceras a mansalva, y a ellas les entrego este regalo que nos ha hecho Paula Ortiz al convertir cada palabra de Lorca en imagen. Es una tarea mucho más complicada de lo que parece a simple vista, pues requiere de su directora no sólo entender la obra de Lorca casi diría en su pleno conjunto, saber ponerla en palabras y en imágenes  sino también que entre ellas se relacionen de una manera armoniosa, coherente con el tono original de Bodas de Sangre, y que el final de la proyección deje en el espectador una sensación que sea fiel al espíritu de la obra original pese a las transgresiones introducidas.

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El sobresaliente para Ortiz es mayúsculo, no sólo en la sensibilidad visual, en la dirección de autores, en la captación de metáforas visuales y objetos, rostros, escenarios auténticamente lorquianos sino en la construcción de una historia donde cada imagen rezuma al mismo tiempo belleza y terror, violencia y tierra, raíz y tragedia, un compendio de opuestos ligados a un tradicionalismo clásico y a la vez profundamente hispánico.

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La Novia es  una película que se te mete dentro hasta que te arden los ojos y que escuece en la piel como un buen poema o un recuerdo que duele tanto que sólo podemos recordar que debemos olvidarlo y convertirlo en cicatriz. La Novia abrasa,   y revela lo que tenemos en nuestra cultura de oscurantismo, de magia atávica y  de miedo a la magia, letanía patrimonial de nuestras palabras y marca doliente de nuestra cultura. La Novia es leyenda, profecía, conjuro, hambre de piel y de sangre si es que acaso no es la misma hambre. La Novia es belleza, naturaleza y abismo, mareo incansable de fuego y ceniza por donde se pierde la vida importante y entra por la ventana el ritual, la liturgia, la maldición de una luna infinita.

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Cuando fuimos after pop: The young pope

” Qué es más bello, amada mía, el amor perdido o el encontrado. No te rías de mí, lo sé. Soy raro e ingenuo. Y pregunto cosas que parecen una canción pop”.

(The  Young  Pope)

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Mientras terminaba de ver uno de los episodios,  o una de las las diez horas de película sobre el papa joven de Sorrentino, un Cary Grant postmoderno que lleva al límite del manierismo un enorme  Jude Law, le pregunté a mi madre : ¿Por qué no podemos volver a ser todas after pop? Mi madre, que obviamente no comprendió de que le estaba hablando, respondió con una evasiva cotidiana: ¿Y tu por qué no te pones una chaqueta?

Siempre me ha exasperado que me respondan con cotidianidad  a inquietudes abstractas, pero en esta ocasión no dije nada, porque mi madre nunca ha sido after pop.

¿Qué es ser after pop de todas formas?  Una especie de pastiche de referencias culturales efectivas y contradictorias entre sí como la maleta de viaje de fin de semana de una adolescente.

Yo recuerdo esas maletas.Eran como una película de Sorrentino. Tenían lo mejor y lo peor del ser humano, poemas manchados de semen junto a un libro de Cioran,  lencería barata con un pinta labios carísimo y horas de clásicos de Extremoduro camuflados con temas de Coldplay. En aquel momento ser after pop era quererlo todo. Nosotras también éramos after pop, un ida que salíamos del instituto al mediodía en el centro de la ciudad  Carla Saz dijo: ojalá la vida fuera siempre un musical – y su mirada se perdió en el abismo de los tejados de la ciudad medio bailando una música imaginaria, más adelante esa mirada se convertiría en un cuento que Lola tituló “Azoteas” pero que nunca nos dejó leer.

Si, dijeron las demás, la vida debería ser un musical.  Beyoncé. Coca cola light. Lindy Hop. Ropa nueva. Viajes. Drogas duras. Festivales. Desordenes alimentarios. Inestabilidad emocional. Sangre en la nariz. Vomitar en una carretera secundaria. Viajar siempre más. Siempre más lejos. Tanta prisa, tanta música, tanta droga, pasarnos una década huyendo. Vamos a brillar más que las demás, vamos a brillar hasta que ni siquiera podamos vernos, déjate caer, me encanta tu pelo, vamos a besarnos, vamos a tocarnos, vamos a atardecer. La vida debería manteneros así estáticas, en esta carcajada estridente, en esta inocencia siniestra de agujeros y tatuajes, de sollozos y tangas de leopardo. 

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¿Qué tiene que ver esto, dirás, con The Young Pope, con Sorrentino? Mucho. Porque el joven papa que nos presenta Sorrentino es sobre todo after pop, es decir, fruto de la existencia de una serie de referencias efectivas pero contradictorias entre sí. Y este constituye el gran acierto de la serie, el foco de atracción de un personaje que  engulle su propio entorno con una presencia equivoca, ambigua, delirante, tiránica, fascinante, piadosa, en definitiva, que busca la manera de dirigir nuestros ojos hacia lo inmenso, la belleza, la fe, la creación, como ya lo hizo en La gran belleza.

En cada plano Jude Law se trasciende a sí mismo hasta que olvidamos que estamos viendo a Jude Law incluso hasta que olvidamos que estamos viendo una obra de Sorrentino, sólo existe Pío XIII. Este guiño histórico ya nos da muchas pistas sobre lo que vamos a ver, Pío XII fue el papa vinculado con el nazismo y con la fumata blanca se van a desvanecer las esperanzas de renovación de la iglesia católica porque Pío XIII no busca clientes, sino súbditos.  Pretende reformar la iglesia  para hacerla regresar a sus iniciales preceptos; intransigencia, rigidez e intolerancia pero con un toque chic que resulta de lo más perturbador.

 Es un papa joven con las ideas viejas y en esta contradicción inicial radica su atractivo abismal. Es un papa sin fe y al mismo tiempo santo . A ratos Albert Rivera, cherry cocke con homofobia, a ratos revolucionario, Pablo Iglesias incendiario. Pero su sexualidad es mística, más que mística filosófica y eso convierte todo lo humano en mera insignificancia.

Están los entresijos del poder, la curia de los cardenales, los obispos, las mafias vaticanas, por supuesto ¿Pero habla The Young Pope  de poder? ¿Es el papa Pio XIII un Frank Underwood celestial? No, representa más bien la vulnerabilidad extrema de quien es capaz   de sobrellevar todas las dudas  excepto las grandes preguntas sobre  sí mismo: ” Qué es más bello amada mía, el amor perdido o el encontrado. No te rías de mí, lo sé. Soy raro e ingenuo. Y pregunto cosas que parecen una canción pop”. 

Una ciudad en ruinas, un pasado brumoso en el que una mujer desaparece en una góndola veneciana, una ministra groenlandesa bailando una canción pop italiana por las paredes decrépitas de las estancias vaticanas: que se prohiba el aborto, la eutanasia, las parejas de hecho, que se suspendan los tributos de la iglesia. El papa quiere ser misterioso, una rock star, la Inquisición postmoderna, pero Roma es mujer y la Iglesia también.

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En la obra de Sorrentino se abordan las grandes cuestiones que atañen al hombre en su relación con Dios: ¿existe? ¿sirve de algo creer? ¿podemos relacionarnos con lo divino? ¿podemos elegir? Sorrentino transita en esta obra, transgresora a la par que trascedente, por las mismas líneas que unen la cinematografía de Ingmar Bergman y Federico Fellini. Sorrentino se guarda escasos, pero estratégicos, momentos para el diálogo teológico y acierta  en  la disposición de símbolos, los laberintos oníricos, la riqueza de las imágenes donde convergen elementos antitéticos como un canguro que salta libremente  por los jardines vaticanos, un jersey denuncia en el pijama de una monja, el lienzo de La mujer barbuda de Ribera, un cardenal del Lazio que cuida de un discapacitado cerebral o un joven cura que se suicida en la plaza de San Pedro.

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Toda la fotografía adquiere la textura y la corporeidad volumétrica del Vaticano en un manejo absoluto de la imagen y de la profundidad de campo que apuntan a la belleza divina, y a cierta descomposición moral que se da  justo después de que termine el sueño álgido y colorido del musical, cuando se apagan las luces y Beyoncé ha dejado de cantar: la decadencia. 

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Quizás por eso la serie termina en Venecia. La ciudad que se hunde como la iglesia de Pio XIII . Segundos antes alguien le ha preguntado al pontífice: ¿Dónde está Dios? Y el ha contestado “En Venecia, Dios está en Venecia“. El primer baño de masas de su eminencia  tiene motivos muy alejados de los asuntos espirituales. Lenny Belardo, el hombre, el niño, necesita encontrarse con sus padres terrenales, cuya última pista se sitúa en la ciudad de los canales. Lenny espera que por atracción o reacción sus padres acudan a la plaza de San Marcos. Pero la iglesia que puede ser una mujer, desde luego no puede ser una madre. En todo caso, un refugio, un gélido orfanato donde viven los que no pueden soportar el latido del mundo.

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Animales Nocturnos; La literatura, la culpa y el castigo.

#CONTIENE SPOILERS 

#AnimalesNocturnos, la última película dirigida por Tom Ford es muchas cosas. Es un retrato de la vacuidad del materialismo y la burguesía. Es una historia sobre la literatura y la capacidad de la propia ficción para enriquecernos, enajenarnos y perturbarnos. Es una historia sobre la infelicidad, sus agujeros negros y los sueños rotos. Pero por encima de todo, Animales Nocturnos es una película sobre dos personas, un error y una venganza.

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 De lo que nos habla en realidad esta película es de la relación entre el escritor y la obra literaria. Esta relación tortuosa va desde el símil, el paralelismo, la metáfora , la descripción o  la comparación hasta la identificación. Hay quienes creen que un autor que habla de sí mismo o que hace sonar el suave canto de su voz a través de sus textos es irremediablemente un mal escritor y hay quien cree que allá donde se encuentre uno de los grandes nombres de la literatura es probable que hallemos los rasgos de una voz biográfica ¿Es o no es Mr Swann un reflejo del propio Proust en En busca del tiempo perdido? ¿ Se identifica o no se identifica Tolstoi con los principios de  Levin, uno de los protagonistas de Anna Karenina, con su colectivismo cristiano y sus valores rurales? ¿Incluso no escuchamos el suave tormento  de Joyce a través de la voz de Gabriel Conroy en el monólogo final de Los Muertos? 

En estos tres casos la genialidad del autor queda a salvo porque hay suficiente distancia entre los hechos narrados y la voz subjetiva. Si hubiera una identificación total, el lector le echaría en cara la falta absoluta de imaginación, la utilización del talento literario con fines expureos, pero si el autor impone una distancia suficiente para hacer sonar el mismo discurso, si cambia de escenario para decir lo mismo, el lector  no puede identificar al personaje con el autor real , su voz queda difuminada en la narración del paisaje ficcional.

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Esto es exactamente lo que ocurre en Animales Nocturnos. Edward (Jake Gyllenhaal) ha sido  acusado de débil, pusilánime y un escritor sin ambiciones por su novia Susan (Amy Adams) una mujer que sufre una especie de síndrome de Estocolmo de sí misma, donde su madre, (la voz maternal psicopática) y la voz auténtica y liberadora juegan una pelea mortal en el interior de la joven muchacha, mientras el vulnerable Edward de los ojos sensibles pone todo su empeño en escribir. Pero la novela de Edward no termina de convencer de Susan porque habla demasiado de y desde sí mismo. En ese momento catastrófico, la madre pija y psicopática toma el control de la muchacha sensible y Edward es arrollado como los ciervos que cruzan las carreteras secundarias sin sospechar que los faros inquisitivos de un coche le arrancarán la vida.

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La imagen es tan potente como real. Pocos daríamos un euro por el futuro literario de Edward, desamparado bajo una lluvia insistente y unos faros que dejan a la luz una verdad de la que él nunca ha querido ser consciente: si no lograba demostrar que de verdad era alguien brillante, Susan terminaría por dejarle. De acuerdo. El tiempo ha pasado. Nosotros nos hemos ahorrado nuestro euro. Y Edward escribe una novela fascinante. Un éxito.

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La historia trata de  un hombre débil que es incapaz de enfrentarse a unos matones para salvar a su mujer y su hija, ambas pelirrojas como Amy Adams, en una carretera secundaria de Tejas; el lugar de procedencia real de ambos y el lugar donde se produjo la brutal separación. La novela está dedicada a Susan, pero sobre todo contra Susan. Pues ese aparente homenaje es la trampa mortal en la cual Susan caerá como caen las abejas en la miel. Edward ha aprendido a no hablar de sí mismo, pero a dejar su voz en suficientes marcas como para que alguien que conozca, como nosotros y Susan conocemos, su historia podamos adivinar que la brutal violencia que se cierne a lo largo de las páginas sobre la mujer pelirroja es la violencia simbólica de una venganza encubierta

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A lo lejos, en la aparente salvedad de su habitación y en la intimidad de su insomnio, Susan asiste a su propio asesinato narrativo con el deleite y la perturbación de una expiación necesaria. Y aquí  nos acercamos a otro de los aspectos clave que nos propone el director,  Tom Ford: ¿puede ser la literatura un artefacto maligno para el propio lector? ¿el placer que encuentra Susan en las páginas de la novela dedicada a ella es un placer masoquista? 

La cuestión la dejo abierta. Pero en un mundo donde el arte y la cultura se valoran por encima de todo, basten las primeras imágenes  del filme de aperitivo, está fuera de toda cuestión si sus consecuencias pueden orbitar en el terreno de lo patológico o de lo dañino. Está fuera de toda cuestión  si los  reflejos narrativos entre realidad y ficción  pueden fabricar retorcidos laberintos de paralelismos en los que  tanto el  autor como su lectora se puedan quedar perpetuamente atrapados, sin posibilidad de escapatoria ni salida. Está fuera de toda cuestión siempre que la obra sea buena. 

Entramos y salimos del libro con la cadencia sobresaltada con la que lo hace Susan, es decir, sin poner la distancia prudencial que cualquier lector erudito debe poner entre sí mismo y la ficción. Susan va descodificando el mensaje encriptado que ha dejado para ella Edward a medida que se zambulle en la narración de un hombre sólo que busca venganza en mitad del desierto por el asesinato y violación de su mujer y su hija. En el momento más álgido de la tensión narrativa de la novela, Tom Ford nos devuelve a la pupila nerviosa de su lectora, al silencio espectral de la habitación y a las preguntas que la mirada nerviosa de Amy parece susurrarnos en toda su desazón: “so much to say”. Susan comprende y quiere salvarse, salvarle. Aquí ya ha mezclado la narración con su historia y no entendemos muy bien de qué exactamente quiere hablar nuestra errabunda protagonista “so much to say”, dice y parece pedirle a su interlocutor un derecho a réplica que no se producirá jamás. 

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Por último están los animales nocturnos. Ese término difuso con el que Tom Ford titula la película y Edward, la novela en alusión a un apelativo con el que solía referirse al insomnio de Susan. Pero los animales nocturnos también son las aves rapaces, los asesinos que se ocultan en las carreteras secundarias al acecho de las mujeres culpables, los pasos inseguros en mitad de la oscuridad, los policías que no tienen horario ni familia, solo ojos de arena y metal, los objetos inmóviles, inútiles y estáticos que llenan las galerías de arte contemporáneo como si fueran testigos silentes o estatuas fúnebres pero sin muertos.

Y luego está Susan (Amy Adams)  porque esta criatura que abre inocentemente las páginas de un libro, esta criatura que exhala una culpa insoportable, que pasa su dedo índice recién  ensangrentado por  la tipografía mientras se detiene a leer “for susan”. Esta criatura que ha decidido, quizás ya desde hace mucho tiempo, que ese libro es todo lo que necesita para seguir viva,  ignora por completo que está abriendo el arma con el que será ejecutada.

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Unidos Podemos: sin vuelta atrás.

En este año de andadura electoral he tenido la oportunidad de compartir mis comentarios y análisis sobre discurso y comunicación electoral con compañeros que tiene una larga trayectoria política en otras organizaciones y que han añadido a mi visión más discursiva, un análisis político que se ha ido haciendo  hábito y  costumbre, cuando no una tertulia salvavidas en tiempos de espacios angostos para los sueños y el idealismo. Con su permiso, comparto la última reflexión de uno de ellos. 

Se cierra un ciclo en el que hemos fracasado políticamente porque no hemos sabido desempatar y liderar el cambio político progresista que se inició en las plazas de nuestro país el 15 de mayo de 2011. La multicausalidad -contradictoria en muchos casos- tiene como raíz una hipótesis principal: no estábamos preparadas para gobernar. O esa era la imgen que inconscientemente se proyectaba. A la estrategia política retórica le ha faltado la autoridad que nos daba poder: nuestro programa propio.

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Si en Ciudadanos se sabía su “medida estrella” (el despido libre o su eufemismo en la neolengua: el contrato único), ¿cuál ha sido el nuestro? La demostrada incapacidad material de abarcar un “todo” en abstracto debería gestionarse con la alianza de personas -con diferentes ideologías- pero bajo un programa político conjunto para el país. Ese es el reto de la confluencia y esa es su contradicción a superar. Ha faltado concreción política en una campaña sucia donde Podemos era el enemigo común a destrozar. Con la confluencia hemos ganado y hemos perdido. Ganado al asumir una demanda histórica de nuestro electorado potencial a medio plazo y perdido porque no ha existido como tal y se ha convertido en la temida “sopa de siglas”.

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Sin embargo, la vuelta atrás no debería contemplarse. La confluencia ha venido para quedarse y sobretodo mejorarse. Resulta paradójico que el discurso transversalista y el hiperidentitarismo de la caspa de IU (Gaspar Llamazares) se NECESITEN: forma disputa por un relato que no transforma ni supera conflictos. Partiendo de la hipótesis de que son necesarias categorías que existan para poder ser capaces de explicar nuestro proyecto sin ser esclavas de las mismas. Es necesario seguir asumiendo contradicciones. Es necesario mirar al presente. Es necesario construir partido

UNIDOS PODEMOS: EL SÍNDROME DE ANÁLISIS-PARÁLISIS

 

A veces hay que apostarlo todo al rojo,

aunque luego salga el negro

La Tregua, Mario Benedetti. 

No soy politóloga. No soy periodista. No soy socióloga. Aprendí en el instituto que  la licenciatura más útil de la vida es la mundología y por eso estudié Comunicación Audiovisual. La mundología es el arte sutil de intuir mediante el olfato lo que ocurre en el aire, es el saber que relaciona las causas aparentemente alejadas entre sí. Creo que hay que reivindicar la mundología  ante la proliferación aguda de analistas que con mucha erudición y grandes disertaciones intelectuales han venido diciendo que la causa del “no sorpasso” de Unidos Podemos se debían a  una cosa y la contraria  en distintos medios digitales, radiofónicos y televisivos desde el pasado domingo.

Me pregunto si esta proliferación no será  no tanto un síntoma del aumento del espíritu crítico de nuestra sociedad,  como un reflejo de la necesidad obsesiva por controlar la realidad. Pero la producción masiva de corrientes de opinión y la verdad no tienen porque ir de la mano. Ya advertía de esto Niestzche en Consideraciones Intempestivas. Para hallar la materia de la que está hecha el presente hay que distanciarse de él. El hombre intempestivo requiere de una observación extemporánea, de una lucha contra el fervor de lo actual, de un apartarse de la corriente del río y ver pasar los troncos. El diagnóstico de hoy tiene marcada a fuego su fecha de caducidad, mañana será pasto de lo inservible cuando otro acontecimiento que no esperábamos desborde nuestras expectativas y nos deje sin explicaciones.

 Los análisis que estamos leyendo se están haciendo en clave retrospectiva, al estilo del cenizo del pueblo que siempre tiene un “ya lo venía diciendo yo…” en la punta de la lengua y que no buscan profundizar en las causas del resultado electoral del 26 de Junio, sino confirmar posiciones de poder dentro de las organizaciones. Y esto ocurre justo en un momento de cristal, en el que está en juego la credibilidad del proyecto que nos hizo saltar de los sofás a las plazas, de las plazas a las calles y de ahí a las instituciones. Los que ayer transigían con la Unidad Popular, hoy dicen que la Unidad Popular es el problema y  los que ayer compartían emocionados los vídeos de la ingeniosa campaña electoral de Unidos Podemos, dicen que el mensaje de la campaña era “hueco” y “superficial”.

Demasiada argumentación interna, demasiado repliegue narcisista disfrazado de acrobacia intelectual, demasiado artificio ideológico ponen en evidencia a una izquierda que sigue sufriendo  la peor de sus enfermedades: el infantilismo. Si de verdad nos hemos hecho mayores tendremos que asumir que nadie puede asegurar cuál ha sido el factor determinante que ha desencadenado los resultados del 26J. Habrá que asumir que hicimos una apuesta electoral .Una apuesta política. Y que la hicimos todos los que apoyamos  el proyecto de Unidos Podemos.

Los que no veían clara la Unidad Popular y los que insistieron en ella. Los que preferían la polarización ideológica pero apostaron por la campaña transversal.  Los que no se identificaban con el tono moderado de las intervenciones de Pablo Iglesias  y aun así le votaron, los que veían en Pablo Iglesias a un líder poco sensato, descamisado y melenudo, y aun así, también le votaron. Los que asumieron desde una gran altura histórica  que la abstención activa era una práctica que podían guardarse para otra ocasión porque el momento merecía esa concesión de su parte. Todos.

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Según el principio de incertidumbre de Heisenberg el observador modifica lo observado: la intoxicación de análisis, tribunas, artículos y declaraciones contradictorias entre sí condicionan la propia situación de Unidos Podemos. Escriben un relato que se ha ido desmadejando desde el domingo como un rosario de derrotismo, martirio y autoflagelación. En este sentido, la convulsión urgente del presente puede hacernos confundir lo conquistado con lo perdido.

 La izquierda arrastra toda una tradición de culpa judeocristiana fruto de haber sustituido algunos de los atributos de la religión que exige de pugnas y vetos, de justificaciones y acusaciones, de tesis y antítesis. Ya sé que el paraíso de la liquidez y las postmodernidad no es un territorio más halagüeño. Pero habrá que buscar respuestas sin caer en el cainismo, habrá que ser generosos sin caer en la complacencia y  sobre todo habrá que hacer callo ahí donde todavía escuece con demasiada inocencia la herida del ego y el moratón del orgullo herido. Porcentajes objetivos y análisis demográficos y demoscópicos, que no supieron prever el resultado, buscan a la desesperada esquivar una de las cuestiones más dolorosas de la existencia: en todo fragmento de realidad hay una variable de indeterminación que puede afectar a la totalidad del conjunto.  

Quizás esa variable estaba en nuestra mirada. Quizás nunca existió  ese afuera con el que dialogábamos alegremente. Quizás el miedo nunca llegó a cambiar  de bando. O lo hizo  a medias, con un pie en cada orilla como corresponde a todos los períodos críticos. 

Decía Mario Benedetti : De dos cosas debe cuidarse el hombre, de la derecha cuando es diestra, de la izquierda cuando es siniestra. Y es que una diferencia fundamental entre un mundólogo y un analista es que un analista no es capaz de detener su producción descomunal  de  análisis, ni siquiera cuando se da cuenta de que  le esta perjudicando.

Este mal es muy conocido entre el mundo de los intelectuales, pensadores y  doctorandos;  se llama “síndrome del análisis-parálisis”  y se produce cuando una situación o proyecto  requiere el doble de tiempo de análisis que de acción,  se activa un cortocircuito en el sistema por exceso actividad analítica que exige de un sobresfuerzo mental. Es como si el cerebro hubiera decidido quedarse a vivir en el mundo de las ideas de Platón y se resistiera con todas sus fuerzas a poner un pie en la cotidianidad.

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El análisis-parálisis puede ser fatídico para un organismo político, no digamos para un organismo viviente, porque imagínate a esa persona teniendo que analizar cómo se ducha o qué estrategia es las más transversal para ir a la cocina. En esa coyuntura no hay manera de diferenciar la verdad del ruido. El individuo se tambalea. Tiene que reaccionar, pero como depende de  las conclusiones de su análisis es incapaz de hacerlo, y cuanto más incapaz se siente de reaccionar más inseguro es y más análisis genera su inseguridad en  un proceso infinito de retroalimentación que puede durar toda una vida.  O acabar con ella. 

No queremos que esto le pase a Unidos Podemos. Queremos salir de esta. No sabemos en qué nos equivocamos. Y tampoco podemos colocar el cartelito  de “to be continued“. La cuestión está en saber si desde Unidos Podemos pueden empezar a reconstituirse hacia adelante o si aceptan ser una versión postmoderna de la izquierda tradicional narrándose a si misma a través de flashbacks. Si hay ideas, empuje y análisis para lo que queda por luchar con 71 escaños. Ni uno más. Ni uno menos. Y si recuperamos el hilo de Ariadna que nos recuerda quiénes somos o si le permitimos que el enemigo nos haga luz de gas con sus propios miedos y se cuele hasta en lo más profundo de nuestras entrañas para confundir nuestra voz con la suya como ocurre en todas las relaciones de maltrato psicológico.

En esos casos uno de los miembros de la pareja confundida por la dialéctica del compañero  llega a dudar de si misma ¿Será mío el problema? ¿Me faltará un proyecto de país? ¿No habré sabido seducir al electorado adecuado? Pero siempre llega el día en que el enemigo se equivoca de estrategia. Alza el tono de voz más de la cuenta, utiliza un lenguaje menos sutil que de costumbre y se delata a si mismo. ¿Sabes cuál tu problema? Que crees que puedes llegar aquí y hacer lo que te de la gana. Quizás entonces miles de ojos se abran y quede al descubierto la mascarada, y quizás por primera vez en mucho tiempo todos los mundólogos del mundo respondan al unísono: 

-Exactamente, exactamente

Anatomía de un 26 de Junio

Nadie gana, 

un bando pierde más lentamente.

(The Wire)

Una vez hallado el muerto. Sólo queda disecionar el cadáver . Arañar la corteza: las causas de la muerte . En el caso del resultado electoral de esta noche los análisis son variopintos y casi todos contradictorios. Y aún a riesgo de jugármela por impulsiva y precipitada he decidido exponerlos un poco  porque necesito ordenar y compartir estas ideas:

¿Qué ha pasado?

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Las encuestas daban a Unidos Podemos un sorpaso en votos y en escaños que superaba en cuatro puntos al PSOE y se situaba en las últimas encuestas sólo a 3 puntos del PP. Las encuestas a pie de urna aún acrecentaban más el avance de la candidatura, confirmando una debacle histórica del PSOE. Pero a la hora de llegar el escrutinio real, las encuestas nos situan con 69 escaños y al PSOE con 83. La realidad es que con 72 escaños Podemos ha perdido más de un millón de votos respecto al 20D y ha frenado la tendencia ascendente que venía afianzando desde las elecciones europeas, manteniendo un claro hilo de continuidad con el proceso transformador que abrió el 15M.

  • Una de las hipótesis  va a ser sin duda, que la unión con Izquierda Unida no ha jugado a favor de la formación morada. No estoy de acuerdo. La unión de los dos partidos ha posibilitado que Podemos con la candidatura mantuviera al menos el mismo resultado electoral en escaños que el 20D, el efecto ha sido ilusionante para la gente menor de 30 años y para muchos votantes de IU de toda la vida. Más que plantearse qué habría ganado Podemos sin IU, habría que preguntarse  qué habría perdido, a los resultados de Ciudadanos basta remitirse.
  • Política de pactos: El desgaste de la legislatura fallida ha pasado factura a todos los partidos que se vieron inmersos en la negociación y ha beneficiado al PP. Podemos creyó salir indemne de esa lucha con la polarización estratégica de la campaña y por no haber entrado en el pacto Sánchez-Rivera pero salió mal. Las bases le dieron su apoyo, pero el relato mediático del oponente se encargó de situarlo en el epicentro de  la culpa de la repetición de elecciones. El voto ha sido de castigo para todos los partidos que no supieron manejar los pactos tras el 20D.  Las nuevas formaciones, como Ciudadanos y Podemos son más endebles que los grandes partidos con una estructura fuerte, pues la sensación de falta de solidez aleja al electorado volátil que ante el mínimo titubeo rectifica volviendo a “lo malo conocido”. La cuestión es saber si además del voto volátil, parte del electorado de Izquierda Unida ha penalizado la Unidad Popular o la política de pactos, absteniéndose o votando al PSOE. Por las redes circulan esas hipótesis. Podemos debería considerarlas, yo no creo que ese porcentaje de voto sea tan relevante, sinceramente.
  • Campaña del miedo: Los poderes fácticos han jugado una guerra sucia contra Podemos en todos los terrenos, utilizando aparatos estatales e incentivando la búsqueda de información que vinculara a la formación de Pablo Iglesias con Grecia, Venezuela, regímenes totalitarios, comunistas etc. Pero también es cierto que esto no es nuevo. Es la misma campaña de desgaste a la que se vio sometido el partido en anteriores ocasiones y no sirve para desarticular un voto masivo. Cuánto dpermeable es la población a este discurso es algo que hay que medir, investigar y analizar con los medios sociológicos necesarios. Mi impresión intuitiva es que esta campaña del terror no moviliza tanto voto.

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  • Brexit:  El Brexit ha jugado un papel trascendental. Ha sido nuestro 11M. Ha acelerado el mecanismo ancestral y intrínseco al ser humano que tiende a conservar lo que tiene cuando lo siente en una abstracta y difusa sensación de peligro. O como diría alguna amiga mía “ en tiempos de tormenta, no hagas mudanzas“. ¿Pero qué es el Brexit en realidad ? ¿Y por qué nos ha jugado en contra? Primero por la sensación de desorden general y por la  incertidumbre económica y política,  segundo por la idea  de que la ciudadanía puede tomar con su voto decisiones irrevocables que van en su propia contra, lo cual genera un sentimiento ambivalente incluso peligroso hacia la propia concepción de democracia y en consecuencia hacia el cambio. En tercer lugar por el tratamiento mediático que se ha hecho del mismo por  prensa, radio, y televisión, identificando el discurso populista xenófobo que ha llevado a Inglaterra a salir de la Unión Europea con el populismo de Podemos, y por ende, con el miedo a las mismas consecuencias
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  • Encuestas: Que se nos ha ido la olla con las encuestas un hecho que hay que analizar en profundidad. Vivíamos hace una semana en el país del CIS y hemos amanecido en el país  de Cospedal. ¿Cómo es posible que el margen de error fuera tan amplio? Aquí caben dos lecturas, que la cocina de las encuestas estuviera hecha con premeditada intención, es decir, condicionar las expectativas de voto de Unidos Podemos y movilizar el voto de los oponentes o como decía Ivan Redondo “activar el código rojo” o bien porque haya un voto oculto, pero un voto oculto de dimensiones considerables.  Nolle Neuman ya explicó en los años cincuenta cómo se consolidan las corrientes de opinión   a través de la teoría de la espiral de silencio. Tras  varios experimentos la politóloga observó que los sujetos que mantenían  posiciones menos dominantes tendían a silenciarlas . Por lo tanto su grado de distribución de opiniones favorables a una idea política o de adscripción a un partido será proporcionar al grado de aceptación social que esa idea tenga en la sociedad.  La polarización PP-UP de la campaña, en términos de UP-PSOE, ha podido crear espirales de silencio respecto al voto socialista, un voto que se ha presentado durante toda la campaña como perdedor mientras que las expresiones de UP han sido más visibles precisamente por su percepción mediática de ganadores. Mirad cómo pintaba el CIS. 1465458002_412746_1465469091_miniatura_normal
  • Campaña: UP ha hecho una de las mejores campañas electorales de la historia de la democracia y desde luego, su mejor campaña. Ahora, cabría preguntarse si era el mejor relato dadas las circunstancias. Porque hasta aquí habríamos analizado factores externos del 26 J que dependían de la coyuntura. Pero también hay que reflexionar sobre los factores internos. Por ejemplo: un error considerable ha sido poner la campaña en función de las encuestas. Las encuestas daban sorpaso y la campaña se centró en el sorpaso.

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  • Pero eran encuestas burbuja y por lo tanto a mi entender, la campaña se centró en un objetivo burbuja: movilizar a un electorado “indeciso” “transversal” que quizás ya tenía silenciosamente decidido su voto. ¿En qué se aprecia esto? En el perfil bajo y conservador de las intervenciones o en el tono moderado de Pablo: su intervención en el debate a cuatro fue poco memorable, como si se quisiera transformar a Pablo en una suerte de Pablo Iglesias  light que no acaba de contentar a unos ni a otros. Daba impresión de que la polarización con el PP situaba a la formación en un punto de comodidad y sobriedad, de constante contención,  como si no tuviéramos “hambre de terreno de juego”, o peor como si no supiéramos reconvertir el pasado de fierecillas o caballos salvajes en un discurso emancipador, contagioso, fuerte
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Se ha apreciado un discurso dubitativo, demasiado focalizado en ganar en lo externo,en ese voto indeciso que podría haber dado el sorpaso. Era una estrategia correcta, pero las cartas con las que jugábamos no eran reales, y al descuidar el discurso interno quizás se hayan perdido votos o el efecto multiplicador necesario e nuestras propias filas. La doble línea discursiva ha generado   confusión en el cambio constante de slogans: sonrisa, patria, gente. Todo en los spots y en el relato derrochaba  creatividad, ingenio, talento, pero ¿se puede hacer patria sin la patria? ¿se puede hacer pueblo sin el pueblo? ¿se puede convertir un proyecto transformador en un anuncio de Ikea?

Y todo esto ¿para qué? Para lo que yo creo debe ser uno de los puntos más importantes de reflexión dentro de Podemos. 

  • ¿Se ha cerrado un proceso que empezó en el 15 M? ¿Se abre otro? ¿Ha llegado Podemos a su techo electoral? ¿Qué organización queremos construir? ¿Se ha agotado la estratégica nacional popular? Son preguntas que lanzo al aire. Por ejemplo, si Podemos quiere resistir con más fuerza el embate mediático, si quiere ser menos débil en la disputa de significantes importantes como: patria, democracia y libertad, quizás debe dejar de concebirse a si mismo como “una máquina de guerra electoral” y empezar a plantearse en serio, no como un mero adorno,  que la vía electoral tendrá que conjugarse con la lucha social, comunitaria y asociativa. Que al pueblo se le conquista siendo pueblo. Y que es imprescindible que las reivindicaciones que nacieron en las plazas de mayo de 2011 arraiguen y se hagan realidad en proyectos, cultura, tejido social, barrios, asociaciones de vecinos, movimientos ecologistas, feministas, pensionistas, desahuciados, sectores laborales aquejados por la crisis, autónomos, precariado, inmigrantes etc. Otro asunto clave es que tiene que descentralizarse y apostar por una organización local fuerte y no dependiente de la cúpula madrileña, porque allí donde lo ha hecho es donde mejor le ha ido. Es una estrategia lenta y desde luego no es una máquina de conseguir votos, pero  es la manera de crear un cuerpo sólido detrás de un slogan bonito, una militancia comprometida con un proyecto de mundo, de vida, de país.

Un proyecto que se preocupe menos por Juego de Tronos y más por The Wire. 

Ahora bien, no es momento de victimismo ni de derrotismo, no es el momento de abrir una brecha interna por la que se cuele el enemigo, no es el momento de aparecer como caballos apaleados ante los medios, ni de conceder una victoria discursiva a los que nos ignoraron en las plazas, nos apalearon en las calles y luego nos ningunearon en las instituciones. Seguimos llamando a las puertas del cielo. Como se dice a sí mismo Homero en un momento de la Odisea “Aguanta corazón, que ya viviste peores sufrimientos” 

B2C