La Celestina y Librerías y Libreros

De todas las definiciones de clásico que da Italo Calvino en ¿Por qué leer los clásicos? me quedo en esta ocasión con con la característica sexta que da Calvino para reconocer un clásico. “Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que que tiene que decir”.  Este juego de ausencia-presencia, ambigüedad- sugerencia tan difícil de manejar para poder llevar al lector a una interpretación y su contraria resulta especialmente interesante en la obra de la que nos hemos ocupado en este programa: La Celestina . Obra extraña descarnada, huraña, a medio camino entre un medievo descompuesto y un renacimiento que nunca se desmarcaría en España por el florecimiento de la armonía, la simetría y la belleza, sino por la irrupción de nuevas artes, la defensa a ultranza de la religión católica ante el avance del protestantismo y la expulsión de los judíos. 

La Celestina parece que nunca pierde su vigencia y de ahí también su clasicismo y a mi juicio su mayor autenticidad respecto al Quijote, sin querer entrar en una comparación que seguramente me quitaría toda autoridad para con el lector de este blog. Si que es cierto que mientras en El Quijote percibimos la construcción psicológica y narrativa de Cervantes para elevar y encumbrar algunos valores de sus personajes, en La Celestina tenemos la sensación de que hablamos con personajes que hemos conocido o de los que nos han hablado en historias remotas acerca de mujeres solitarias, de hechos desgraciados que ocurren siempre velados por el misterio, la superstición y la soledad que azota el interior de los pueblos de España. De hecho y por eso mismo quizás, La Celestina y los criados Sempronio y Pármeno del pobre y mediocre Melibeo, así como las prostitutas Areusa y Elicea hayan sido precedentes de toda la literatura realista y picaresca de los siglos posteriores. No figuras a idealizar sino viejas y niños con piojos del realismo de Zurbarán, Murillo y uno de los primeros cuadros de la etapa sevillana de Velázquez, la vieja friendo huevos, lugares donde lo ajado merece ser visto. 

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Esa España y el uso de la magia como interrogante que Fernando de Rojas tampoco aclara en su obra deja constancia de un Renacimiento donde triunfa la sugestión sobre el racionalismo, el oscurantismo sobre la ciencia y la religión sobre el conocimiento.

Recomendamos para ello el artículo de Ana Vián.

http://parnaseo3.ci.uv.es/Celestinesca/Numeros/1990/VOL%2014/NUM%202/2_articulo2.pdf

http://parnaseo.uv.es/Celestinesca/CincoSiglosCelestina/12AnaVian.pdf

Otros imprescindibles para nuestro programa de hoy es el especial que le ha dedicado a la obra de Rojas la profesora y especialista en la literatura del Siglo de Oro, Esther Borrego de la Universidad Complutense de Madrid, en los clásicos a la carta de la Biblioteca Nacional. 

Por último como ya debéis saber hemos querido recuperar la dignidad e importancia de las librerías pequeñas, las que siguen en pie con un firme compromiso cultural y combativo si es que acaso este compromiso no es el mismo. Una de ellas va a cumplir 30 años, es la librería Primado, en la ciudad de Valencia. Miguel Morata, su legendario librero ha convertido el espacio en un lugar de encuentro, presentaciones, publicaciones y casi en un centro social donde emerge la contracultura política y poética valenciana. 

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La otra librería, tiene una trayectoria más corta aunque Luis Piñeiro, viene de experiencias anteriores. Se trata de la librería Metáfora en la Rúa Charino número 9 de Pontevedra. Luis había trabajado para la también legendaria librería Michelena que tuvo que cerrar con la crisis y desde entonces lleva el timón de este espacio en los que guarda como un tesoro la sección de “libros atravesados” naturalmente, los que atraviesan el curso oficial de las cosas. Aunque los dos se muestran un poco negativos respecto al futuro de las librerías en relación con las nuevas tecnologías, al final reconocen que si hay algo bueno que puedes ofrecer, la gente más insospechada termina apareciendo. 

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Las Odiseas

Hablas demasiado , piensas demasiado

y además tu no mataste a Liberty Valance

(John  Ford)

Existe al final de la Odisea la idea de que comparada con la Ilíada, la Odisea representa el triunfo de los ideales burgueses: el retorno a  la estabilidad, la casa, el patriarcado y la familia. Es cierto que se puede leer así, sin embargo, creo que Homero deja abierta otra lectura, el rechazo  a todos estos valores y el abrazo de la aventura, del viaje y el espíritu del individuo errático. De ahí se extrae la lectura que se hizo de La Odisea durante el romanticismo y que queda perfectamente condensada en el poema de Kavafis. El final de la Odisea no es un happy end, el reencuentro entre Ulises y Penélope es uno de los más anticlimánticos de la literatura, precisamente porque no es un reencuentro sino un encuentro entre dos personas que ya no se reconocen.

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La Odisea representa el fracaso del ideal de patria o como luego dirá Milton que el único paraíso posible es el paraíso perdido. Como luego les sucedió a muchos exiliados republicanos la Odisea representa la transformación que el viaje ejerce en el individuo y como la idealización del hogar está tan alejada de la realidad como los mitos y los dioses que aparecen en el poema homérico. El regreso es imposible, el héroe que regresa está condenado a errar, pues no hallará ese hogar deseado en ninguna parte, el desencanto y la decepción unido al sinsentido de la vida perdida, derramada en alguna inútil empresa, encuentran en La Odisea un final profundamente melancólico donde los ideales de estabilidad, tierra, patria, familia aparecen profundamente sacudidos por la fragilidad, la incerteza del destierro y donde el ser humano aparece desnudo ante su propia suerte, como dijo Carles Riba citando  un verso de Novalis “volver al alma como a una patria antigua”.

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La lectura de la Odisea ha sido parte de un exhaustivo análisis que he tenido la oportunidad del compartir con algunos alumnos del curso de Literatura Universal, impartido en el Centre de Cultura Contemporànea Octubre de València, impartido por mi profesor de  Lengua Catalana y Literatura Universal del instituto: Enric Iborra, autor del libro Un son profund y del blog La serp blanca que os recomiendo visitar.

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El retorno ha sido evidentemente uno de los temas sobre los que más hemos insistido, sin embargo, quizás por estar menos manido a mi me interesa una lectura si acaso más contemporánea de la Odisea, que es la búsqueda de la identidad perdida o la fragilidad de la identidad. Este es un tema que aparece esbozado en la obra de Homero pero sobre el que ha profundizado más la lectura posterior. Hacia el final de la Odisea, Ulises que conserva la agudeza para matar a los pretendientes, ya no se parece a Ulises, sabemos que la Diosa Atenea le ha ayudado mediante un disfraz a parecer otra persona pero ¿es que acaso no es otra persona? La mella del tiempo y las inclemencias de los temporales vividos han dejado en él una profunda huella física y una infinita prudencia. Pero ¿qué hubiera pasado si pongamos por caso Ulises no hubiera hecho pasar la flecha por los agujeros? Si su antigua habilidad con el arco hubiese desaparecido, si se hubiera puesto en duda que él es efectivamente Ulises, ¿qué tipo de zozobra se hubiera producido en la conciencia de la propia identidad?

 

Bueno, esto es precisamente lo que le ocurre a uno de los protagonistas de El hombre que mató a Liberty Valance, uno de los westerns de John Ford más deudores de la literatura homérica. Tenemos a un hombre Scottie, que se convirtió en héroe por creer haber cometido un acto, que en realidad cometió otro. Toda su vida, su identidad, su matrimonio, su carrera, sus éxitos futuros se cimientan en una mentira. La vida de la civilización representada por Scottie (Ulises) que retorna al viejo pueblo al que liberó de la tiranía de Valance sufre una convulsión terrible al encontrarse al último vestigio de un mundo que está desapareciendo,el de los pistoleros, representado por John Wayne (los grandes héroes de Troya) que le confiesa que fue él quien mató a Liberty Valance. La ley contra la fuerza, la civilización contra el heroísmo, modernidad y tradición se oponen en un relato nostálgico que recuerda mucho a la estructura de La Odisea:

Dejo aquí la escena del terrible diálogo entre los dos mundos

Y el final de la película que encierra claramente una amargura que no se puede leer tan claramente en la Odisea.

 

Para este programa hemos reflexionado sobre el regreso y el exilio, la nostalgia y el viaje, la amnesia y el retorno. 

Como os prometimos os dejamos las referencias que hemos utilizado en el programa:

  • La desesperación de Penélope de Yannis Ritsos
  • “Itaca” de Constanin Kavafis recitado por Josep María Pou

 

 

  • “Día revolt” de Josep Carter recitado por el propio Josep Carner

 

 

  • “Darrer freu” letra de Carles Riba, música e interpretación de Rafael Subirachs.
  • “La Cicatriz de Ulises” en Mímesis de Auerbach.

 

 

  • Tot esperant Ulisses, letra Vicent Andrés Estellés, música e interpretación, Ovidi Montllor.

 

 

Escucha el programa entero aquí.

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Accede a todos nuestros audios:

http://www.ivoox.com/podcast-redrum-blues_sq_f1147840_1.html