La Novia, Lorca y Podemos.

Todo amor que no sea una pasión furiosa y trágica debe ser erradicado del teatro;ha llegado la hora de reformar la tragedia y de purgarla de amoríos insípidos . (Voltaire) 

Decía Paula Ortiz, directora de La Novia, que las tragedias nos sitúan ante las grandes fracturas individuales y colectivas: “Estamos en un momento de derrumbe y reconstrucción en el que es necesario retomar esos relatos. Lorca nos cuenta esas tragedias y nos obliga a hacernos preguntas de nuestra identidad cultural de manera muy esencial.”

La Novia, no sólo es un elogio de la belleza, no sólo es una encarnación física, táctil, telúrica de cada verso  de Bodas de Sangre, es una  obra que permite reconstruir los puentes entre Lorca y las nuevas generaciones a través del  lenguaje  atemporal de todas las tragedias: las grandes pasiones. 

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En su crítica de la película La Script dijo que La Novia, estrenada poco antes de las elecciones, nos mostraba la fractura de una España (la novia) dividida entre dos jóvenes pretendientes: el novio, el yerno que toda madre querría para sus hijas (para garantizar la perpetuidad del status quo, Albert Rivera) y Leonardo, el amor-pasión, el amante temido por las madres pero deseado por las hijas, imprevisible, romántico y soñador (que vendría a representar a Pablo Iglesias)

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En aquel entonces la cosa parecía que se dilucidaba entre los dos jóvenes partidos emergentes, pero la situación actual requiere de una reinterpretación del argumento de la película. Además de los dos jóvenes pretendientes, uno inocuo y aburrido, y otro pasional e imprevisible, tenemos al novio de toda la vida que no ceja en su empeño de dejar a la novia soltera aunque sea a través de intentos de matrimonio fallidos y escenas teatrales de toda índole. Es el novio-celoso, el PSOE; la novia ya no es suya y escenifica en la tragedia toda serie de nerviosismos y alianzas torpes propias de quien ha perdido el control de la situación y la atención de la amada. 

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Frente a el, tenemos al padre de La Novia: el PP, su única baza en la tragedia es la experiencia política pero ambas las hace valer para anular  la elección de La Novia a la que atormenta con miedos infundados y teorías conspiranoicas con tal de  mantenerla secuestrada en su casa. Y ya de paso que planche y friegue los platos. La Novia así, confundida entre tanta información interna y externa, cegada por tantas contradicciones no sabe qué hacer. Ella querría dejarse llevar por la pasión, pero la fama que precede a Leonardo la atemoriza. No sabe si llegado el momento cuando Leonardo tenga que adquirir un compromiso matrimonial  serio y formal, estará a la altura de las circunstancias. 

¿Qué debería hacer Leonardo para evitar un desenlace trágico en nuestra historia?

-Apostar por su mejor baza: la pasión “Callar y quemarse es el castigo más grande que nos podemos echar encima” … no intentarlo, no ponerle a esto toda la pasión, culpar al destino, no parir con todas nuestras fuerzas un nuevo proyecto de país es definitivamente el castigo más grande que nos podemos echar encima. 

-Minimizar sus debilidades ante el resto de opositores: la juventud, la inmadurez, la falta de compromiso… “Y te sigo por el aire como una brizna de hierba”. Dejarle claro a la novia que Leonardo está dispuesto a casarse con ella, a hacer concesiones por ese matrimonio y a que por su parte no va a haber ninguna reticencia a que haya boda, por la iglesia, si es necesario. Pero que en ningún caso va a secuestrarla ni a “abrazarla cuarenta años seguidos”.

Leonardo tiene que emocionarnos. Tiene que conmovernos. Tiene que moverse como un funambulista en un equilibrio precario:  despertar los sueños eróticos  de las hijas sin dejar de ser un galán para las madres, tiene que conseguir suficientes avales para parecer un pretendiente plausible y además tiene que convencernos de que habrá boda. De que será una boda a la que valdrá la pena ir incluso para las detractoras del amor romántico. Y es el único que puede hacerlo. Algunos dirán de él mentiras, otros dirán que estadísticamente  el amor no existe, que la pasión está pasada de moda, incluso que la pasión es populista. No importa. Al final, la balanza tiene que inclinarse del lado de la pasión, porque La Novia y yo sabemos que pasiones tan intensas sólo pueden ser recíprocas. 

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Cal Viva; películas para desenterrar el Terrorismo de Estado.

Se empieza por el olvido y se termina en la indiferencia 

Jose Saramago

La memoria es un gesto que obliga a iluminar habitaciones. El pasado mal enterrado, como un cadáver, volverá a reaparecer en forma de destino si se convierte en un tabú. Una de las consecuencias más liberadoras que tuvo el 15M es que permitió abrir esa habitación y dejar que penetrara la luz, el caos, el ruido necesario para interrogar  las telarañas de la historia. Casas Viejas, la guerra civil, el debate sobre la lucha armada y desde luego el terrorismo de estado y los Gal circularon por las conversaciones de las plazas, asambleas y colectivos. Se abrió un diálogo interminable con el pasado en el que no había prórroga o hipótesis que fuera censurable de antemano.

No soy tan ingenua como para creer que aquellas plazas y esta sociedad son un espejo, pero me sorprende mucho la opinión tan generalizada, incluso entre gente ideológicamente cercana, acerca de que Pablo Iglesias “perdió las formas” o “tuvo una salida de tono” “nada conveniente” en el  pasado debate de investidura,  pese a que la frase en cuestión pudiera ser cierta. El otro argumento muy escuchado es que ese caso está cerrado porque los ministros implicados ya cumplieron condena. Una condena irrisoria donde la opacidad y las medias verdades reinaron en una investigación llena de presiones a la Audiencia Nacional y donde nunca se llegó a dilucidar la responsabilidad directa de Felipe González ni la identidad del misterioso señor X. Tampoco se revisó tal implicación cuando el mismo ex presidente dijo en un medio masivo de tirada nacional, con total  impunidad, que tuvo en sus manos la posibilidad de volar a toda la cúpula de ETA. Dice Noam Chomsky que si la doctrina jurídica que se aplicó en los juicios de Nuremberg tuviera que aplicarse a las democracias contemporáneas casi todos nuestros presidentes serían ejecutados.

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La entrada de los movimientos sociales en las instituciones tiene que servir para reabrir cuestiones que no siempre van a ser toleradas por los actores políticos ni por los poderes fácticos que los encubrieron.  Ladran, luego Cabalgamos, pues  sólo así habrá valido la pena este viaje, que no consiste en una quema de puentes sino en una quema de diques, los que separan a la sociedad de sus instituciones, también estas deben dejar de ser templos oscuros con un código de etiqueta, un lenguaje de etiqueta y un pasado etiquetado. Que el status quo se resienta y mueva toda su maquinaria contra quienes pretenden desmontar las viejas consignas no sorprende, el peligro es que la sociedad civil , incluso esa parte de la sociedad civil que acaba de llegar a la instituciones, acabe comprando el discurso de “lo que se puede y no se puede decir” “de lo pragmático y lo conveniente” “de la política como arte de lo retórico” en lugar de la “política como arte de lo posible”. Toda época de transformaciones es una época convulsa. Pretender que todos los actores políticos salgan indemnes de esa convulsión es una pretensión naïf. Algunas de nuestras vidas ya no volverán a ser las mismas. Los protocolos  del ayer señores tertulianos ya no sirven.

Aquí un buen puñado de razones para temblar y esperanzarnos:

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-Lasa y Zabala, Pablo Malo. “Hay que poner el dolor a la misma altura” con esta frase se inicia una cinta que tiene más valor por su carácter testimonial que por su valor cinematográfico. La película se centra enteramente en el secuestro de los jóvenes Joxean Lasa y Joxi Zabala y sobre todo en la posterior investigación judicial llevada a cabo por el abogado abertzale, Inigo Iruin (Unax Ugalde). En su estreno en San Sebastián fue criticada por no mostrar la violencia de los atentados de ETA durante los años en que fueron secuestrados Lasa y Zabala, así como por presentar al abogado defensor de presos etarras como un héroe. Todas estas acusaciones están fuera de lugar ya que en la misma frase inicial lleva el propósito la película, entender el dolor de Euskadi es entender el dolor de un conflicto político con dos bandos. Vale la pena verla en versión original en euskera. El relato de Malo completa “la otra cara del dolor de Euskadi” el que sufrió el terrorismo perpetrado por el “batallón vasco español” y “los Gal”.

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El ejercicio del poder, Pierre Schöler. El ejercicio del poder es una película que gustará a todos los  amantes Maquiavelo y House of Cards, sólo que el personaje principal, el ministro de transportes francés, parece más bien traído a colación de La banalidad del mal de Hannah Arendt. Una mujer desnuda que se introduce dentro de la boca de un caimán, la imagen onírica con la que se abre este viaje trepidante al mundo de la política francesa, simboliza la venta del Estado a poderes oscuros que ya nada tienen que ver con la “función pública”. “400 contactos y ni un amigo”: el aislamiento, el delirio, la corrupción moral, el desarraigo ideológico y la venta del Estado a los poderes financieros y a los gabinetes de comunicación atraviesan esta disección de la película contemporánea. Muy recomendable.

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-Presidente Mitterrand (el paseante del Campo de Marte)  Robert Guediguian.- “La única forma de contrarrestar el sentimentalismo (y por ende el sufrimiento) es despreciar el acontecimiento, ser apasionadamente indiferente.” Grandes diálogos acompañan esta entrevista dramatizada entre el presidente Mitterrand, diagnosticado de un cáncer terminal  y el joven historiador a quien ha encargado sus memorias. La investigación del joven, sin embargo, no quiere avanzar hacia la elucubración crepuscular del presidente sino hacia su pasado, precisamente hacia su incierta participación en la resistencia francesa contra la invasión alemana. ¿Fue Mitterand un colaboracionista? ¿Era Mitterand antisemita, un patriota o simplemente tuvo miedo? ¿Importa? Una película magníficamente escrita e interpretada que adolece de cierta condescendencia histórica y psicológica con el personaje.

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-Il Divo, Paolo Sorrentino: El cine de Sorrentino ha insuflado al cine italiano una vida que había perdido desde la muerte de los mejores directores del neorrealismo. Aunque no se puede negar la influencia excesiva y barroca del cine de Fellini con su afán carnavalesco, también se deja entrever el influjo de Tarantino y Coppola. Sorrentino ha construido un estilo propio, delirante y realista, penetrante, sociopolítico, onírico y psicológico para hacer una reconstrucción casi vampírica del hombre que ha controlado la política italiana desde el final de la II Guerra Mundial; Giulio Andreotti. Y digo vampírica porque a pocos se les escaparan las similitudes entre el personaje y la figura de Nosferatu, Sorrentino acierta en apostar por la deformación esperpéntica para hablar de  los monstruoso: la política italiana en manos de la mafia, el asesinato político convertido en política de Estado, la complicidad de los altos cargos eclesiásticos, las redes de nepotismo y clientelismo. Y las muertes de Aldo Moro, el juez Giovanni Falcone, el fiscal Paolo Borsalino. Sorrentino dibuja a una sociedad que se ha acostumbrado a vivir bajo las órdenes de un tirano: Mussolini- Andreotti-Berlusconi donde el estado es el caos, la denuncia es castigada con la muerte y el ciudadano de a pie camina a bandazos entre la pequeña corruptela y la resignación escéptica. Para ver dos veces.

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No , Pablo Larraín. Esta es una de mis películas favoritas de los últimos años. Aunque reconozco que puede leerse simultáneamente en clave amarga y esperanzadora. Me resulta fascinante la manera en que el director chileno utiliza un elemento del pasado,el referéndum del No a Pinochet de 1988 para dialogar con el presente histórico; los nuevos movimientos sociales, esa “internacional de la democracia” que se contagió a lo largo del mundo en 2011, con n  las posibilidades y peligros de romper con un pasado instalado y aferrado al poder a través de los medios que el mismo sistema utiliza; la publicidad. Rene Saavedra encarna al publicista que diseña la campaña del “No” en el plebiscito que los sectores afines al régimen creen ganado de antemano. Saavedra diseña una campaña seductora que pondrá de manifiesto todas las contradicciones políticas inherentes a los movimientos que buscan la transformación del sistema. Es imposible no encontrar un paralelismo entre el espíritu que Rene Saavedra encarna y el asalto a las instituciones que “la nueva política” ha desempeñado en nuestro país queriéndose distanciar de la izquierda identitaria buscando un nuevo espacio político transformador pero mayoritario que ocupe la famosa “centralidad del tablero”, tremenda la escena en que las madres de la plaza de Mayo son vetadas del spot . La escena final dará pie a muchas interpretaciones sobre el resultado del proceso. 

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Díaz; No limipieis esta sangre de Daniele Vicari. Aunque no se trata de una película especialmente convincente  por el maniqueísmo de ciertos arquetipos o la falta de profundidad de los personajes, si lo es por  relatar uno de los hechos  más escalofriantes de la historia política europea de los últimos años: la represión contra el movimiento antiglobalización cuya cumbre en Génova sembró un precedente trágico en la historia de los movimientos sociales que tardarían una década (hasta 2011) en recuperarse, según me han confesado alguna de las personas que asistieron. Génova supuso un antes y un después en el propio movimiento que no llegó a recuperarse de la represión sufrida. La película no se centra en las demandas y las dinámicas intrínsecas al movimiento, sino en la violencia que empleó la policía italiana contra los activistas atrincherados  en el Colegio Mayor Díaz  tras el asesinato de Carlo Giuliani. La policía asaltó Díaz donde se hallaban activistas de todas las edades y periodistas de diversos medios internacionales, Vicari convence en la acción narrativa y en la recreación de la brutalidad policial contra la ingenuidad de los pacifistas que reciben a los caribinieri con las manos en alto. Años después la resistencia pacífica dejaría imágenes similares en el desalojo de Plaza Cataluña durante las acampada del 15M. Al valor de tratar un hecho histórico del que prácticamente ningún país europeo se hizo eco, Vicari añade material documental e imágenes reales y se enfrenta al dudoso sistema jurídico italiano que no ha condenado a ninguno de los policías que participaron en el asalto, pese a que organizaciones como Amnistía Internacional hayan calificado los hechos de la terrible noche del asalto como una de las vulneraciones de derechos humanos más graves ocurridas en Europa desde la II Guerra Mundial. Entrenar el estómago antes de proceder al visionado. 

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-Alemania en Otoño Alf Brustellin, Rainer Werner Fassbinder, Alexander Kluge, Maximiliane Mainka, Edgar Reitz, Katja Rupé / Hans Peter Cloos, Volker Schlöndorff y Bernhard Sinkel. ¿Qué será de nuestros sueños en este país desgarrado? Alemania en Otoño responde quizás al ejercicio cinematográfico colectivo de denuncia más formidable de la Historia del Cine. Al volverla a ver recientemente todavía me estremece su resonancia poética, su sustrato político humanista que va más allá de una adscripción ideológica o de una simpatía con la causa de la Baader-Meinhoff. En esta obra cumbre del Nuevo Cine Alemán, tras la muerte de los principales cabecillas de la banda en la prisión de alta seguridad de Strammheim, surge un clima de inquietud. Una parte de la sociedad sospecha que la esencia represiva de la democracia alemana se ha revelado en el “falso suicidio” de Andreas Baader y los demás,  y que la sociedad que se construya sobre los cadáveres de los terroristas sólo demuestra que no se han superado las raíces culturales del fascismo. Fassbinder hablaba de un “nazismo inextripable” en la caza del terrorista, una película que refleja una atmósfera  profundamente  melancólica  y desesperanzada, en la que es especialmente reseñable el hundimiento de proyecto de la izquierda, el grado de afectación del propio Fassbinder, quien nunca se llegó a recuperar del asesinato de la cúpula terrorista y el nivel de compromiso de los intelectuales con la sociedad de su tiempo. Hoy sería imposible pensarla, grabarla, proyectarla, pues los reptiles nos vigilan y la ley ha confundido la reflexión con el enaltecimiento. 

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