tout va bien

 

Reflexiones sobre el 28 de Abril

 

 

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  • Las elecciones del 28 de Abril  se van a jugar como un plebiscito  todo a la izquierda o todo a la derecha.Ni en sus mejores años el bipartidismo soñó con un escenario tan polarizado. Los dos bloques constituyen dos opciones claramente diferenciadas, izquierda y derecha. Los nuevos actores políticos, y esta es una de las derrotas que Podemos debería empezar asumir, no han traído un aumento de la pluralidad, sino de cierta radicalidad.

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  • Pese al movimiento de Errejón, la transversalidad está más muerta que nunca en el discurso político. El eje izquierda/ derecha ha resucitado con una fuerza inusitada en parte porque todos los actores implicados han corrido a reivindicarla con la misma rapidez con la que se han agitado los tiempos. Si el nuevo PP de Casado se define como “una derecha desacomplejada” pese a que VOX les tilda de “derechita cobarde, Podemos se presenta a esta campaña como una “izquierda a la que no le van a temblar las piernas” mientras el PSOE llama a la movilización a “los sectores progresistas”.  Está por ver cómo afectará este relato para las generales, a la estrategia nacional-popular de Errejón en la Comunidad de Madrid. También es algo incierto si Rivera se mantendrá inmóvil en su frente con Casado y Abascal o planeará un movimiento hacia el centro que parece más bien difícil después de la foto de Colón.

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  • En este escenario cabe preguntarse cuánto voto del PP puede ir Cs y cuanto a la abstención. También será igualmente determinante cuánto voto consiga movilizar Podemos. De momento, es evidente que sus líderes han considerado que Pablo Iglesias hace más mal que bien a la organización, y que  tenerlo en segundo plano favorece a su estrategia electoral . Y eso nos lleva a otra de las claves en las que se van a jugar las próximas elecciones: machismos vs feminismos. “La derecha trifálica” será puesta en evidencia frente al “gobierno bonito de Pedro Sánchez” y frente a un Podemos liderado por Irene Montero . Y un tercer eje que se va a mezclar en toda la estrategia electoral : el juicio del procés.
  • La unidad de España contra el golpismo/separatismo/independentismo será la gota malaya del bloque de derechas, este es su principal caladero de votos y lo saben. El bloque de izquierdas tiene que repartirse los papeles para hacer frente a esta ofensiva: Unidos Podemos debe conseguir mantener el voto de la izquierda clásica sin perder la confianza del primer votante de Podemos, y al mismo recuperarse del “abrazo del oso socialista” algo que parece prácticamente imposible y que exige de unas sutilezas y equilibrios dialécticos que ahora mismo en la formación morada, brillan por su ausencia. El PSOE tiene que aglutinar a todos sus votantes, más los votantes desafectos de Podemos e incluso algunos más. La estrategia de movilización tiene que ser más ambiciosa de lo que hemos visto hasta ahora, no vale votar por miedo a, hay que ir a votar por. Recordemos que la centralidad del tablero (que no el centro) está libre en estos momentos. En otras palabras Sánchez necesita ser más Errejón: hablarle a la ciudadanía, hablarle a las gentes, sobrevolar lo identitario de puntillas . Si Sánchez le deja a Podemos la batalla por el relato de la izquierda, le quedan aspectos muy importantes con los que construir un discurso que no sólo se base en el miedo a los extremismos:  un proyecto de país, una idea de España. Ningún otro candidato puede hacerlo.

Que Iván Redondo nos pille confesaos.

Unidos Podemos: sin vuelta atrás.

En este año de andadura electoral he tenido la oportunidad de compartir mis comentarios y análisis sobre discurso y comunicación electoral con compañeros que tiene una larga trayectoria política en otras organizaciones y que han añadido a mi visión más discursiva, un análisis político que se ha ido haciendo  hábito y  costumbre, cuando no una tertulia salvavidas en tiempos de espacios angostos para los sueños y el idealismo. Con su permiso, comparto la última reflexión de uno de ellos. 

Se cierra un ciclo en el que hemos fracasado políticamente porque no hemos sabido desempatar y liderar el cambio político progresista que se inició en las plazas de nuestro país el 15 de mayo de 2011. La multicausalidad -contradictoria en muchos casos- tiene como raíz una hipótesis principal: no estábamos preparadas para gobernar. O esa era la imgen que inconscientemente se proyectaba. A la estrategia política retórica le ha faltado la autoridad que nos daba poder: nuestro programa propio.

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Si en Ciudadanos se sabía su “medida estrella” (el despido libre o su eufemismo en la neolengua: el contrato único), ¿cuál ha sido el nuestro? La demostrada incapacidad material de abarcar un “todo” en abstracto debería gestionarse con la alianza de personas -con diferentes ideologías- pero bajo un programa político conjunto para el país. Ese es el reto de la confluencia y esa es su contradicción a superar. Ha faltado concreción política en una campaña sucia donde Podemos era el enemigo común a destrozar. Con la confluencia hemos ganado y hemos perdido. Ganado al asumir una demanda histórica de nuestro electorado potencial a medio plazo y perdido porque no ha existido como tal y se ha convertido en la temida “sopa de siglas”.

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Sin embargo, la vuelta atrás no debería contemplarse. La confluencia ha venido para quedarse y sobretodo mejorarse. Resulta paradójico que el discurso transversalista y el hiperidentitarismo de la caspa de IU (Gaspar Llamazares) se NECESITEN: forma disputa por un relato que no transforma ni supera conflictos. Partiendo de la hipótesis de que son necesarias categorías que existan para poder ser capaces de explicar nuestro proyecto sin ser esclavas de las mismas. Es necesario seguir asumiendo contradicciones. Es necesario mirar al presente. Es necesario construir partido

Anatomía de un 26 de Junio

Nadie gana, 

un bando pierde más lentamente.

(The Wire)

Una vez hallado el muerto. Sólo queda disecionar el cadáver . Arañar la corteza: las causas de la muerte . En el caso del resultado electoral de esta noche los análisis son variopintos y casi todos contradictorios. Y aún a riesgo de jugármela por impulsiva y precipitada he decidido exponerlos un poco  porque necesito ordenar y compartir estas ideas:

¿Qué ha pasado?

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Las encuestas daban a Unidos Podemos un sorpaso en votos y en escaños que superaba en cuatro puntos al PSOE y se situaba en las últimas encuestas sólo a 3 puntos del PP. Las encuestas a pie de urna aún acrecentaban más el avance de la candidatura, confirmando una debacle histórica del PSOE. Pero a la hora de llegar el escrutinio real, las encuestas nos situan con 69 escaños y al PSOE con 83. La realidad es que con 72 escaños Podemos ha perdido más de un millón de votos respecto al 20D y ha frenado la tendencia ascendente que venía afianzando desde las elecciones europeas, manteniendo un claro hilo de continuidad con el proceso transformador que abrió el 15M.

  • Una de las hipótesis  va a ser sin duda, que la unión con Izquierda Unida no ha jugado a favor de la formación morada. No estoy de acuerdo. La unión de los dos partidos ha posibilitado que Podemos con la candidatura mantuviera al menos el mismo resultado electoral en escaños que el 20D, el efecto ha sido ilusionante para la gente menor de 30 años y para muchos votantes de IU de toda la vida. Más que plantearse qué habría ganado Podemos sin IU, habría que preguntarse  qué habría perdido, a los resultados de Ciudadanos basta remitirse.
  • Política de pactos: El desgaste de la legislatura fallida ha pasado factura a todos los partidos que se vieron inmersos en la negociación y ha beneficiado al PP. Podemos creyó salir indemne de esa lucha con la polarización estratégica de la campaña y por no haber entrado en el pacto Sánchez-Rivera pero salió mal. Las bases le dieron su apoyo, pero el relato mediático del oponente se encargó de situarlo en el epicentro de  la culpa de la repetición de elecciones. El voto ha sido de castigo para todos los partidos que no supieron manejar los pactos tras el 20D.  Las nuevas formaciones, como Ciudadanos y Podemos son más endebles que los grandes partidos con una estructura fuerte, pues la sensación de falta de solidez aleja al electorado volátil que ante el mínimo titubeo rectifica volviendo a “lo malo conocido”. La cuestión es saber si además del voto volátil, parte del electorado de Izquierda Unida ha penalizado la Unidad Popular o la política de pactos, absteniéndose o votando al PSOE. Por las redes circulan esas hipótesis. Podemos debería considerarlas, yo no creo que ese porcentaje de voto sea tan relevante, sinceramente.
  • Campaña del miedo: Los poderes fácticos han jugado una guerra sucia contra Podemos en todos los terrenos, utilizando aparatos estatales e incentivando la búsqueda de información que vinculara a la formación de Pablo Iglesias con Grecia, Venezuela, regímenes totalitarios, comunistas etc. Pero también es cierto que esto no es nuevo. Es la misma campaña de desgaste a la que se vio sometido el partido en anteriores ocasiones y no sirve para desarticular un voto masivo. Cuánto dpermeable es la población a este discurso es algo que hay que medir, investigar y analizar con los medios sociológicos necesarios. Mi impresión intuitiva es que esta campaña del terror no moviliza tanto voto.

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  • Brexit:  El Brexit ha jugado un papel trascendental. Ha sido nuestro 11M. Ha acelerado el mecanismo ancestral y intrínseco al ser humano que tiende a conservar lo que tiene cuando lo siente en una abstracta y difusa sensación de peligro. O como diría alguna amiga mía “ en tiempos de tormenta, no hagas mudanzas“. ¿Pero qué es el Brexit en realidad ? ¿Y por qué nos ha jugado en contra? Primero por la sensación de desorden general y por la  incertidumbre económica y política,  segundo por la idea  de que la ciudadanía puede tomar con su voto decisiones irrevocables que van en su propia contra, lo cual genera un sentimiento ambivalente incluso peligroso hacia la propia concepción de democracia y en consecuencia hacia el cambio. En tercer lugar por el tratamiento mediático que se ha hecho del mismo por  prensa, radio, y televisión, identificando el discurso populista xenófobo que ha llevado a Inglaterra a salir de la Unión Europea con el populismo de Podemos, y por ende, con el miedo a las mismas consecuencias
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  • Encuestas: Que se nos ha ido la olla con las encuestas un hecho que hay que analizar en profundidad. Vivíamos hace una semana en el país del CIS y hemos amanecido en el país  de Cospedal. ¿Cómo es posible que el margen de error fuera tan amplio? Aquí caben dos lecturas, que la cocina de las encuestas estuviera hecha con premeditada intención, es decir, condicionar las expectativas de voto de Unidos Podemos y movilizar el voto de los oponentes o como decía Ivan Redondo “activar el código rojo” o bien porque haya un voto oculto, pero un voto oculto de dimensiones considerables.  Nolle Neuman ya explicó en los años cincuenta cómo se consolidan las corrientes de opinión   a través de la teoría de la espiral de silencio. Tras  varios experimentos la politóloga observó que los sujetos que mantenían  posiciones menos dominantes tendían a silenciarlas . Por lo tanto su grado de distribución de opiniones favorables a una idea política o de adscripción a un partido será proporcionar al grado de aceptación social que esa idea tenga en la sociedad.  La polarización PP-UP de la campaña, en términos de UP-PSOE, ha podido crear espirales de silencio respecto al voto socialista, un voto que se ha presentado durante toda la campaña como perdedor mientras que las expresiones de UP han sido más visibles precisamente por su percepción mediática de ganadores. Mirad cómo pintaba el CIS. 1465458002_412746_1465469091_miniatura_normal
  • Campaña: UP ha hecho una de las mejores campañas electorales de la historia de la democracia y desde luego, su mejor campaña. Ahora, cabría preguntarse si era el mejor relato dadas las circunstancias. Porque hasta aquí habríamos analizado factores externos del 26 J que dependían de la coyuntura. Pero también hay que reflexionar sobre los factores internos. Por ejemplo: un error considerable ha sido poner la campaña en función de las encuestas. Las encuestas daban sorpaso y la campaña se centró en el sorpaso.

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  • Pero eran encuestas burbuja y por lo tanto a mi entender, la campaña se centró en un objetivo burbuja: movilizar a un electorado “indeciso” “transversal” que quizás ya tenía silenciosamente decidido su voto. ¿En qué se aprecia esto? En el perfil bajo y conservador de las intervenciones o en el tono moderado de Pablo: su intervención en el debate a cuatro fue poco memorable, como si se quisiera transformar a Pablo en una suerte de Pablo Iglesias  light que no acaba de contentar a unos ni a otros. Daba impresión de que la polarización con el PP situaba a la formación en un punto de comodidad y sobriedad, de constante contención,  como si no tuviéramos “hambre de terreno de juego”, o peor como si no supiéramos reconvertir el pasado de fierecillas o caballos salvajes en un discurso emancipador, contagioso, fuerte
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Se ha apreciado un discurso dubitativo, demasiado focalizado en ganar en lo externo,en ese voto indeciso que podría haber dado el sorpaso. Era una estrategia correcta, pero las cartas con las que jugábamos no eran reales, y al descuidar el discurso interno quizás se hayan perdido votos o el efecto multiplicador necesario e nuestras propias filas. La doble línea discursiva ha generado   confusión en el cambio constante de slogans: sonrisa, patria, gente. Todo en los spots y en el relato derrochaba  creatividad, ingenio, talento, pero ¿se puede hacer patria sin la patria? ¿se puede hacer pueblo sin el pueblo? ¿se puede convertir un proyecto transformador en un anuncio de Ikea?

Y todo esto ¿para qué? Para lo que yo creo debe ser uno de los puntos más importantes de reflexión dentro de Podemos. 

  • ¿Se ha cerrado un proceso que empezó en el 15 M? ¿Se abre otro? ¿Ha llegado Podemos a su techo electoral? ¿Qué organización queremos construir? ¿Se ha agotado la estratégica nacional popular? Son preguntas que lanzo al aire. Por ejemplo, si Podemos quiere resistir con más fuerza el embate mediático, si quiere ser menos débil en la disputa de significantes importantes como: patria, democracia y libertad, quizás debe dejar de concebirse a si mismo como “una máquina de guerra electoral” y empezar a plantearse en serio, no como un mero adorno,  que la vía electoral tendrá que conjugarse con la lucha social, comunitaria y asociativa. Que al pueblo se le conquista siendo pueblo. Y que es imprescindible que las reivindicaciones que nacieron en las plazas de mayo de 2011 arraiguen y se hagan realidad en proyectos, cultura, tejido social, barrios, asociaciones de vecinos, movimientos ecologistas, feministas, pensionistas, desahuciados, sectores laborales aquejados por la crisis, autónomos, precariado, inmigrantes etc. Otro asunto clave es que tiene que descentralizarse y apostar por una organización local fuerte y no dependiente de la cúpula madrileña, porque allí donde lo ha hecho es donde mejor le ha ido. Es una estrategia lenta y desde luego no es una máquina de conseguir votos, pero  es la manera de crear un cuerpo sólido detrás de un slogan bonito, una militancia comprometida con un proyecto de mundo, de vida, de país.

Un proyecto que se preocupe menos por Juego de Tronos y más por The Wire. 

Ahora bien, no es momento de victimismo ni de derrotismo, no es el momento de abrir una brecha interna por la que se cuele el enemigo, no es el momento de aparecer como caballos apaleados ante los medios, ni de conceder una victoria discursiva a los que nos ignoraron en las plazas, nos apalearon en las calles y luego nos ningunearon en las instituciones. Seguimos llamando a las puertas del cielo. Como se dice a sí mismo Homero en un momento de la Odisea “Aguanta corazón, que ya viviste peores sufrimientos” 

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La Novia, Lorca y Podemos.

Todo amor que no sea una pasión furiosa y trágica debe ser erradicado del teatro;ha llegado la hora de reformar la tragedia y de purgarla de amoríos insípidos . (Voltaire) 

Decía Paula Ortiz, directora de La Novia, que las tragedias nos sitúan ante las grandes fracturas individuales y colectivas: “Estamos en un momento de derrumbe y reconstrucción en el que es necesario retomar esos relatos. Lorca nos cuenta esas tragedias y nos obliga a hacernos preguntas de nuestra identidad cultural de manera muy esencial.”

La Novia, no sólo es un elogio de la belleza, no sólo es una encarnación física, táctil, telúrica de cada verso  de Bodas de Sangre, es una  obra que permite reconstruir los puentes entre Lorca y las nuevas generaciones a través del  lenguaje  atemporal de todas las tragedias: las grandes pasiones. 

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En su crítica de la película La Script dijo que La Novia, estrenada poco antes de las elecciones, nos mostraba la fractura de una España (la novia) dividida entre dos jóvenes pretendientes: el novio, el yerno que toda madre querría para sus hijas (para garantizar la perpetuidad del status quo, Albert Rivera) y Leonardo, el amor-pasión, el amante temido por las madres pero deseado por las hijas, imprevisible, romántico y soñador (que vendría a representar a Pablo Iglesias)

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En aquel entonces la cosa parecía que se dilucidaba entre los dos jóvenes partidos emergentes, pero la situación actual requiere de una reinterpretación del argumento de la película. Además de los dos jóvenes pretendientes, uno inocuo y aburrido, y otro pasional e imprevisible, tenemos al novio de toda la vida que no ceja en su empeño de dejar a la novia soltera aunque sea a través de intentos de matrimonio fallidos y escenas teatrales de toda índole. Es el novio-celoso, el PSOE; la novia ya no es suya y escenifica en la tragedia toda serie de nerviosismos y alianzas torpes propias de quien ha perdido el control de la situación y la atención de la amada. 

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Frente a el, tenemos al padre de La Novia: el PP, su única baza en la tragedia es la experiencia política pero ambas las hace valer para anular  la elección de La Novia a la que atormenta con miedos infundados y teorías conspiranoicas con tal de  mantenerla secuestrada en su casa. Y ya de paso que planche y friegue los platos. La Novia así, confundida entre tanta información interna y externa, cegada por tantas contradicciones no sabe qué hacer. Ella querría dejarse llevar por la pasión, pero la fama que precede a Leonardo la atemoriza. No sabe si llegado el momento cuando Leonardo tenga que adquirir un compromiso matrimonial  serio y formal, estará a la altura de las circunstancias. 

¿Qué debería hacer Leonardo para evitar un desenlace trágico en nuestra historia?

-Apostar por su mejor baza: la pasión “Callar y quemarse es el castigo más grande que nos podemos echar encima” … no intentarlo, no ponerle a esto toda la pasión, culpar al destino, no parir con todas nuestras fuerzas un nuevo proyecto de país es definitivamente el castigo más grande que nos podemos echar encima. 

-Minimizar sus debilidades ante el resto de opositores: la juventud, la inmadurez, la falta de compromiso… “Y te sigo por el aire como una brizna de hierba”. Dejarle claro a la novia que Leonardo está dispuesto a casarse con ella, a hacer concesiones por ese matrimonio y a que por su parte no va a haber ninguna reticencia a que haya boda, por la iglesia, si es necesario. Pero que en ningún caso va a secuestrarla ni a “abrazarla cuarenta años seguidos”.

Leonardo tiene que emocionarnos. Tiene que conmovernos. Tiene que moverse como un funambulista en un equilibrio precario:  despertar los sueños eróticos  de las hijas sin dejar de ser un galán para las madres, tiene que conseguir suficientes avales para parecer un pretendiente plausible y además tiene que convencernos de que habrá boda. De que será una boda a la que valdrá la pena ir incluso para las detractoras del amor romántico. Y es el único que puede hacerlo. Algunos dirán de él mentiras, otros dirán que estadísticamente  el amor no existe, que la pasión está pasada de moda, incluso que la pasión es populista. No importa. Al final, la balanza tiene que inclinarse del lado de la pasión, porque La Novia y yo sabemos que pasiones tan intensas sólo pueden ser recíprocas. 

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¿Qué hace una campaña como yo en una coyuntura como esta?

Pero, ¿Qué es el aura? El entretejerse siempre extraño del espacio y el tiempo; la aparición irrepetible de una lejanía, por más cerca que ésta pueda hallarse.

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Cuando todos los discursos circulan en una misma dirección puede resultar tentador seguir su curso. Especialmente si esa dirección se corresponde con la de una gran parte de la ciudadanía. Sin embargo, la audacia de los tiempos exige algo más: cambiar el rumbo de la dirección para convencer a la ciudadanía.

Ya sé  que estarás pensando: hay que ilusionar, hay que conectar, hay que convencer, ahora explícame cómo se hace eso en un espacio comunicativo en el que se ha extendido la idea de que ir a nuevas elecciones es una especie de trauma colectivo, una tragedia lorquiana de la que no hemos sido capaces de escapar, un drama del que hay que hacer culpable a alguien. El resto de partidos arrastrarán su cara de luto, de corderos dellogados insidiosos, pedirán perdón y  lanzarán el fracaso de  las próximas urnas sobre los oponente . Se impone el barroco, la culpa y la alerta roja más que nunca: Teléfono rojo, volamos hacia Caracas.

¿Cómo deshacernos de ese San Benito? En primer lugar, creemos que  Podemos no debería decir “volver a votar” o “segundas elecciones”, palabras todas ellas que arrastran la connotación de “inexpugnable fracaso”, sino como muy bien están haciendo debería referirse a las elecciones del mes de Junio como una “segunda vuelta”. Este concepto introduce otro matiz: es la segunda parte del partido, es la segunda parte del relato, no implica deshacer lo andado ni poner el contador a cero.

No es un fracaso que la ciudadanía vote. Fracaso es la LOMCE, la ley mordaza, la precariedad laboral, el paro, la desafección institucional, la corrupción . El voto no es un fracaso. Cada voto es una conquista, una afirmación, una oportunidad. Cada voto es una respuesta, una posibilidad, una decisión. Las elecciones sólo son un fracaso para quien no cree en democracia, para quien no cree en la gente y en su capacidad de inclinar la balanza, de pensar, reflexionar y decidir sobre su futuro.

Podemos es el único partido que puede mirar al horizonte sin contagiarse de esa melancolía institucional, es la formación política que ha patrimonializado la ilusión frente al derrotismo, la acción frente al inmovilismo y tras el pacto Rivera-Sánchez es el único que tiene algo nuevo que proponer, que ofrecer y que decir. Además, hablar de segunda vuelta, o de segunda parte implica decir: “nos faltó tiempo” “nos faltó muy poco”. Esta vez, sí. Y mientras otros se entreguen al catastrofismo vital, el reproche, el culebrón, la culpa, el rencor o el miedo. Podemos debe entregarse a la conquista del futuro: “ Ahora sí . El futuro es nuestro”. 

Y aquí va una propuesta musical.

Todo va a cambiar.

Podemos; campaña electoral y cine Dogma.

En los 90 se llevaba ser grunge, escuchar Nirvana, romperse los pantalones, la ambivalencia, Trainspotting, la delgadez extrema, la anomalía como norma, Kate Moss y el cine Dogma. Me consta que Pablo Iglesias es un gran admirador de Lars Von Trier, el mítico cineasta danés que alrededor de 1995 inició este movimiento de renovación cinematográfica que consistía en devolver el cine a sus orígenes: ficción sin artificios: cámara al hombro, ausencia de decorados y banda sonora: el imperio de la austeridad fotográfica mucho más allá de los límites del cinema verité de Ken Loach.

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Pues bien, estamos jodidos. Porque ya no estamos en los 90. Iniciar una campaña con la austeridad como propósito en un mundo eminentemente visual y esteticista es deslizarse por un terreno resbaladizo. En los 90 muchos críticos cinematográficos acusaron al cine Dogma de desprestigiar la imagen cinematográfica. Recuerdo un titular concretamente que se despachaba así: “Dogma95 o la cutrez en el cine”. Por supuesto quien lo escribía ignoraba que el cine de Trier y sus hermanos (Vinterbeg, Bier etc) era un ejercicio de estilo autoconsciente. Del mismo modo que los videos-selfie que hemos visto en los dirigentes de Podemos lo son. Son una manera de acercarse a la gente, de decirle: nosotros no utilizamos operadores de cámara, utilizamos las mismas herramientas que tu, nosotros no tenemos grandes grupos de comunicación a nuestras espaldas, sólo con la ayuda de un teléfono móvil somos capaces de comunicar mucho mejor que los viejos partidos con sus grandes estrategias mediáticas.

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Pero siendo honestos, la mayoría de la gente no quiere ver en la tele, o en su ordenador, cosas grabadas con un teléfono móvil, mal encuadradas, con una perspectiva contrapicada, que denotan su estética amateur, además todos estos rasgos suelen asociarse a la falta de seriedad y a la iconografía quincemayista. En ese momento lo que se ve pasa a un primer plano y lo que se escucha a un segundo y una frase tan ingeniosa como “sorpassar alPP” queda solapada por el propio medio utilizado ( si, la maldición de McLuhan)

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La austeridad no tiene por qué ser incompatible con la estética. Las campañas de Podemos ya son austeras comparadas con las del resto de formaciones, a las cifras gastadas basta remitirse, y no por ello han dejado de ser atractivas, magnéticas, pegadizas,poderosas, fascinantes:#SonrieQueSiSePuede, #MalditaCastaBenditaGente, #SuOdioNuestraSonrisa, #DarthVeider,la fuerza del cambio.

En el vídeo de la campaña de las pasadas elecciones Podemos hacía un ejercicio estético y narrativo épico en el que mezclaba la historia de los movimientos sociales con la historia de la formación política: cortes extraídos de medios de comunicación se oponían a la lucha fuera de las calles con una canción de fondo que animaba a la gente a pasar a la acción, al movimiento, a sentirse “parte de” y que concluía con una potentísima frase en pantalla: “Ha llegado el momento para el que nacimos”.

Todas las formaciones están de acuerdo en que la campaña tiene que ser más austera. Entre otras cosas esto significa que tendrá también que parecerlo. De acuerdo.

  1. ¿Cómo conseguir hacer una campaña más austera sin hipotecar la creatividad, la sugerencia, la capacidad de sorprender, la magia y el empoderamiento?
  2. A esto hay que añadirle que en  las últimas campañas electorales se distinguen dos discursos entre las fuerzas del cambio : 1, el que invita a la gente que sufre las políticas de este país a formar parte de un cambio político que le engrandece y 2, el que agradece a determinados sectores que han sufrido las políticas de este país que se sientan dignos de lo que han hecho o de lo que les ha ocurrido.

El primero es un discurso transversal y vencedor. El segundo es un discurso lastimero y derrotista.

Las concesiones sentimentales sólo sirven para contentar a la izquierda identitaria. La gente no quiere ver en su tele o en su ordenador un reflejo de sí misma, con sus desgracias y tragedias, sino una imagen de lo que le gustaría ser y una posibilidad real de serlo. Recomendaría a los encargados de comunicación y campaña de Podemos para entender esta disyuntiva ver la película “No” de Pablo Larraín, aunque estoy segura que muchos de ellos ya la habrán visto. Para cambiar Chile el publicista Renee Saavedra diseña una campaña electoral basada en un país que no se parecía en nada al que votaba el plebiscito a favor o en contra de la continuidad de Pinochet en 1988. No se  parecía, pero quería  parecerse.

Before the Rain: Podemos, estrategia electoral.

¿Cómo va a rentabilizar Podemos la nueva oportunidad que tiene delante? Por un lado, el último milagro de Compromís ha terminado de desenmascarar el bloqueo del PSOE al gobierno de coalición.  Parece poco probable que Pedro Sánchez pueda insistir en echarle la culpa de la falta de gobierno a la formación morada. Puede insistir, claro, pero sin efecto alguno. Por otro lado, las conversaciones abiertas con IU abren un horizonte de esperanza que,como bien señala Iván Redondo, puede ejercer un efecto multiplicador en el voto de izquierdas que termine de dar el sorpresón el 26 de Junio. 

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Pero también puede que este efecto provoque todo lo contrario. La cuestión es más random que nunca porque el voto es volátil, y tan peligroso es apostar por la transversalidad como por el cambio de relato. Hasta ahora Podemos ha construido su relato y su estrategia sobre la base de la “no connotación ideológica”, esto le ha permitido ampliar su base electoral a sectores de procedencia ideológica muy diversa. Cambiar el relato por el de izquierda-derecha a estas alturas puede tener muchos riesgos de cara a ese electorado transversal, incluso podría poner en entredicho la propia la coherencia del proyecto que podría tambalearse sobre la excesiva volubilidad. En un sentido o en el otro, la estrategia electoral de Podemos tendrá que decidir entre transversalidad o polarización ideológica y asumir la decisión. La simultaneidad de ambas estrategias puede ser letal, generar confusión e incluso proyectar la imagen de que existen distintos proyectos políticos dentro de la formación desplegándose a la vez. Tras cuatro meses de inestabilidad política marcados por los gestos balbucientes,  el electorado valorará las apuestas en firme y claras, no tolerará respuestas elusivas ni la liquidez programática.

Sin duda, Podemos ha sufrido, menos que las formaciones del pacto de investidura, parte del desgaste de las negociaciones y el desencanto de su  electorado, especialmente de sus votantes más polarizados.  El electorado socialista que apostó por la formación morada en las pasadas elecciones se sentirá defraudado por la dureza con la que Pablo Iglesias se ha dirigido al PSOE, por ejemplo en la sesión de investidura. Al mismo tiempo, el electorado ultraizquierdista: movimientos sociales, sectores ácratas etc se sentirá defraudado de que Podemos haya entrado al trapo de las cesiones y las negociaciones con el PSOE. Ninguna de estas dos opciones son evitables. ¿Pero cómo va a recuperar Podemos la ilusión de este electorado?  

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Una de las primeras cuestiones que debe resolver la formación es dirimir la disyuntiva entre lo urgente y lo importante, lo institucional y lo social. Podemos tiene que escenificar que sus horizontes van más allá de haber llegado a las instituciones y que sus raíces se extienden en los movimientos ciudadanos que le vieron nacer. No puede ser únicamente una cuestión de denunciar, explicar y apoyar verbalmente. Debe estar allí. Debemos ver a caras visibles de Podemos allí donde estalla el conflicto social. En las protestas antidesahucios, en la Nuit Debout, en las protestas que se han dado en Sol, por supuesto en las celebraciones del quinto aniversario del 15 M y  en los campos de Idomeni. Si la formación pasa de puntillas por lo que sucede fuera de la guerra electoral, la campaña  será retórica, no será real. No hay que menospreciar la capacidad de la gente para detectar la diferencia entre el discurso auténtico y la mascarada.

Es un equilibrio precario. Pues al mismo tiempo debe presentarse como una apuesta estable, sólida, presidenciable que cuente con el apoyo de sectores desencantados del PSOE y estar preparado para la guerra de trincheras que puede desencadenarse desde el momento en que  exista un peligro real de que su resultado electoral sea positivo. En este sentido, la formación debe aprender de la larga trayectoria de campaña difamatoria que lleva a sus espaldas y evitar algunos errores comunes: 

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  1. Si la campaña electoral gira entorno a la culpa de los pactos de investidura provocará el cansancio y el hastío de parte de ese electorado volátil. Hablar sobre el PSOE no beneficia a PODEMOS porque el PSOE ya se ha desenmascarado con sus propias alianzas. Si insiste en esa brecha, la impresión generalizada será de división, sadismo o sectarismo. 
  2. Podemos no puede tardar tanto tiempo en dar una respuesta eficaz y contundente a los ataques mediáticos que giren entorno a su propia formación. El silencio Monedero y el silencio Errejón han hecho más daño a la formación por la sospecha generada por la ausencia de ambos, que por las acusaciones en sí mismas. 
  3. Podemos debe evitar a toda costa la estrategia del repliegue. Los medios y los poderes económicos van a intentar que las entrevistas y el foco estén puestos en las fallas de la formación lo que provoca una tendencia de los miembros de Podemos a la autojustificación constante, a la exhibición repetitiva de buenas prácticas etc. En lugar de eso, Podemos debe evitar que se alarguen esos relatos sobre sí mismo. Zanjarlos cuando sea posible y poner en evidencia las contradicciones de quien los enuncia. Pasar al ataque social, en lugar de enquistarse en la defensa de la dignidad herida. 

 

 Frente filopodemita popular. (Facultad de Filosofía, Valencia).